OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

Ni Calarcá ni Comunes

No olvidemos que el líder de la Segunda Marquetalia, con 30 órdenes de captura por crímenes atroces, es un sicópata que no tuvo reparos en mandar matar a quien fuera su pareja sentimental desde la juventud. Se llamaba Lucía.
24 de octubre de 2026 a las 7:02 a. m.

No tiene sustento afirmar que el partido Comunes tuvo que ver en el magnicidio de Miguel Uribe. Que lo odiaban, seguro. Que temían pudiese ganar las elecciones, de pronto, aunque de manera remota. Estaban convencidos de que Iván Cepeda sería el presidente, lo encontraban invencible como ficha de Gustavo Petro.

Además de que las pruebas delatan a Iván Márquez y Nicolás Maduro, que protegía al matón en Venezuela con la anuencia del Gobierno petrista.

El mensaje dirigido a Claudia Tarazona que apunta hacia Marcos Calarcá parece escrito para desviar la atención. El excongresista fariano siempre llevó una existencia cómoda, alejada de los campos de batalla. Dedicado en su momento a las relaciones internacionales de las Farc, residió en México, con oficina abierta, hasta que Vicente Fox, a petición de Álvaro Uribe, lo expulsó. Antes había paseado su orondo cuerpo por el Caguán, con un camuflado hecho a medida, que jamás conoció el barro.

Fracasado el proceso de Pastrana, huyó al santuario venezolano mientras escampaba la tormenta. Luego se incorporó a los diálogos de Cuba y consiguió que lo premiaran con una de las curules regaladas. Si alguien cumplió a cabalidad la promesa de la vice Francia fue Marcos Calarcá. Pasó ocho años viviendo sabroso, con ingresos millonarios y escuálido trabajo.

Además, pertenece al grupo de Timochenko, al que Iván Márquez declaró enemigo a muerte. Tan a muerte que su mano derecha, el fallecido Óscar Montero, alias el Paisa, intentó asesinarlo con sus sicarios de cabecera.

Fueron muchos los encontronazos entre los dos gerifaltes guerrilleros durante la fundación del partido político y hubo episodios, como el del espiritismo, que Márquez y Santrich consideraron ofensivo y jamás perdonaron.

Ocurrió en una nutrida reunión de altos mandos farianos en 2011: un comandante reveló que los dos citados creían en brujas y acudían a sesiones de espiritismo. Que un profesor, experto en Bolívar, aseguró ser médium y los pondría en contacto con el Libertador. Acudieron a una de sus sesiones, en el Perijá venezolano, y el farsante, en supuesto trance y con voz tronadora, los convenció de que les hablaba Bolívar desde el más allá.

Para los estupefactos comandantes, tener entre los altos mandos a dos ignorantes fetichistas suponía un descrédito y un alto riesgo para las Farc. Exigieron informar al entonces máximo jefe, Alfonso Cano, pero no hubo tiempo porque el Ejército lo mató. El profesor correría la misma suerte, aunque asesinado por las Farc. Márquez terminó acusándolo de ser un infiltrado.

No olvidemos que el líder de la Segunda Marquetalia, con 30 órdenes de captura por crímenes atroces, es un sicópata que no tuvo reparos en mandar matar a quien fuera su pareja sentimental desde la juventud. Se llamaba Lucía, la conoció cuando estudiaba en la Universidad Nacional y juntos ingresaron a las Farc. Permanecieron unidos hasta que viajaron a La Habana para la paz de Santos. Revestido de un impostado halo pacifista y con aires de reyezuelo, Márquez desató su furor perruno. Tuvo mozas, pero fue una de alto perfil en la guerrilla (ahora miembro de Comunes) la que enfureció a Lucía.

Hastiado de sus airados reclamos y reproches, Márquez la devolvió a Colombia, bajo el ala de John 40. Pasado un tiempo, Lucía se fugó con un guerrillero a Barinas y un buen día, saliendo de una droguería, la asesinaron.

Márquez volvió a desnudar su espíritu sanguinario al permitir que el Paisa asesinara a cuanta persona acusaba de haber colaborado con el Ejército en la muerte de su amada, la Pilosa. Márquez sabía que las víctimas eran inocentes, pero no quería arrebatar a su lugarteniente el placer de segar vidas para aplacar la rabia.

Y son varios los indicios que refuerzan la hipótesis de la autoría intelectual de Márquez en el crimen de Miguel. Uno es el atentado fallido, en julio de 2024, contra Gabriel Ángel –destacado desmovilizado de la máxima confianza de Timochenko– al que odiaba y ansiaba eliminar. La famosa Katerine Andrea Martínez, alias Gabriela, confesó que por esas fechas llevó en moto, en Bogotá, un explosivo que cargaba en una mochila y se lo entregó a un sicario para que matara a un exguerrillero. Pese a coincidir el modus operandi, la Fiscalía no investigó esa línea.

Otras pruebas son la participación del Zarco Aldinever, el fiel escudero de Márquez que nunca actuaría por su cuenta, y de John 40, el eterno y gran financista de las viejas Farc. Aportaba miles de millones con el narcotráfico al Mono Jojoy y al secretariado y luego se unió a la Nueva Marquetalia. Desde que fundaron dicha disidencia, se instaló en Venezuela y siguió haciendo negocios con diferentes cárteles, incluido el de los Soles. Es muy probable que John 40 financiara el crimen de Miguel por orden de Márquez y Maduro, no por el hijo de Tirofijo.

En cuanto a Gustavo Petro, imposible ocultar su responsabilidad al atacar a Miguel decenas de veces y no garantizarle una robusta seguridad.