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Columna de opinión Marc Eichmann
Columna de opinión Marc Eichmann - Foto: Cortesía

Resumen del mandato Duque

Es difícil identificar los aciertos y descalabros del gobierno y sus consecuencias en un período atípico.


Por: Marc Eichmann

De la posesión de Petro, su discurso y el de Roy Barreras habrá tiempo de hacer una reseña. Por ahora se impone dejar el testimonio de lo que fue el gobierno Duque, tal vez el de circunstancias más atípicas de las últimas décadas.

El mandato de Duque empezó con el error que terminó marcando sus cuatro años. Inicialmente, con la inocencia que trae el idealismo, el hoy expresidente decidió negar la mermelada a los congresistas mediante cupos indicativos durante más de la mitad de su mandato, actitud que resultó en que no tuvo control de la legislatura y no le fue posible sacar adelante su agenda. Los congresistas se lo cobraron.

Paralelamente, y ante la indignación que sintió el presidente por el episodio Santrich y la fuga de Iván Márquez para crear las disidencias de las Farc, Duque se enfrentó al proceso de paz, impugnando seis artículos. De nuevo, su falta de control en el congreso hizo que su propuesta fuera fallida y generó, ante unos partidos de oposición muy bien organizados y faltos de lubricante, el inicio de la protesta social que tuvo su punto más alto a finales de 2019. Si bien las marchas tuvieron origen popular, la sensación generalizada por los partidos de oposición en los jóvenes de las ciudades que votaron mayoritariamente por ellos es que el gobierno era débil y se le podía atacar.

Los motivos pretextos de las manifestaciones fueron varios y cambiantes. Primero, la indignación por el asesinato de líderes sociales, que se apoyó en el triste recuerdo de los falsos positivos.

En un país de más de 50 millones de habitantes, proteger a los líderes sociales, que por definición ejercen poder en sus comunidades y, por lo tanto, son callo para aquellos que tienen intereses encontrados con ellos, es una tarea casi imposible. Es como impedir que haya peleas en una familia de diez hijos que han estado peleando desde hace años. Independientemente, el gobierno no se mostró debidamente preocupado por ellos, y además de no hacer, no pareció y se percibió cierto desdeño ante la situación.

Apenas empezaba la pandemia, Duque decidió, ante lo que se presagiaba como un fracaso de su gobierno por no haber logrado un pacto político, abrir la llave de la mermelada para suavizar la oposición, que desgraciadamente para él ya había disparado los disturbios en la calle. Y como al que no quiere caldo le dan dos tazas, los alcaldes de oposición elegidos en Bogotá, Cali y Medellín, aprovecharon su débil posición política para mostrarse no solo fuertes, sino desafiantes ante el presidente.

Finalmente, la pandemia le cayó a Duque como anillo al dedo para ganar tiempo con el fin de alinear a la clase política y para justificar un aumento en los subsidios a los más necesitados. El miedo a los contagios aplacó temporalmente las manifestaciones y el mandato Duque puso en marcha, finalmente, su plan de gobierno.

La segunda parte del mandato de Duque estuvo marcada por la nueva realidad política. A pesar de que ya pudo hacer aprobar gran parte de sus proyectos legislativos, los jóvenes se dieron cuenta de que por medio de las marchas tenían un poder significativo. Dice el dicho que cuando se juega con fuego se termina uno quemando, y los escándalos de corrupción asociados con la nueva realidad política empezaron a surgir con Aida Merlano, Centros Poblados y otros construidos por el periodismo en busca de chiva como el de los recursos de la paz.

Ya en la recta final, el gobierno Duque acudió a las arcas del Estado para dejar su obra de gobierno, una combinación de subsidios que se prolongaron después de la pandemia e inversión en infraestructura que recuperaron el gasto y dispararon el crecimiento del Producto Interno Bruto sin, por lo tanto, bajar la tasa de desempleo a la de antes de la pandemia.

En resumen, el presidente Duque tuvo aciertos y desaciertos. Fue acertado en el manejo de la pandemia, en crear el marco para la recuperación de la economía, en crear competencia en el sector de telecomunicaciones y en lo más importante: no hacer locuras que le salieran caras al país. Pudo ser mejor su desempeño en el manejo de las relaciones internacionales, pero sobre todo falló en el manejo interno. Pretendió gobernar solo con su círculo y los partidos políticos, incluido el Centro Democrático, le pasaron factura.

El déficit fiscal que quedó después del gobierno Duque es hoy la principal preocupación en el país. En cuanto a quién tiene la responsabilidad, es difícil concluir. Definitivamente, la pandemia, que encerró al país por un año con trabajo limitado, lo generó en parte, así como las manifestaciones, los bloqueos y la destrucción de infraestructura. Hoy estos factores son en parte responsables de la inflación desbordada.

No hay almuerzo gratis, la factura, si no se asumió expandiendo la masa monetaria para repartir bienestar, se reflejó más tarde en el costo de vida. Vale la pena reflexionar en este aspecto en la estructura de nuestro sistema político, donde si a los congresistas no se les reparte su debida porción, son capaces de polarizar el país, con las consecuencias mencionadas.