Por más de una década José Luis Rodríguez Zapatero, el expresidente español, se ha dedicado a “blanquear” a la izquierda continental en general, y a la repulsiva dictadura de los chavistas en Venezuela en particular. Zapatero entró en Venezuela proclamándose “hombre de paz”, pero la historia, con manifiesta ironía, lo va a terminar recordando como algo menos noble: el notario complaciente que certificaba diálogos mientras el chavismo certificaba victorias. El diario El País de España, publicación tradicionalmente escorada a la izquierda, no le quedó alternativa diferente que señalar el oscuro papel de Rodríguez Zapatero, calificándolo de “distinguido correveidile del tirano que gobierna el país” en lo que era su “inútil intento de blanquear a la dictadura”. El diario El Independiente señalaba que “un análisis sobre su trayectoria sostenía que Zapatero se había “aferrado al chavismo” para proyectarse como mediador internacional”. El más que censurable papel de Zapatero ha sido el de “blanqueador” de una vulgar y tosca tiranía tropical, a la que le proveía, después de una jugosa “mordida”, el barniz que estos bandidos necesitaban.
Aparte de “blanqueador” siempre sospeché que Zapatero era “coimero”, habiendo una enorme diferencia entre un “comisionista” y un “coimero”. El “comisionista” es aquel que percibe un emolumento por una gestión que lleva a cabo dentro del marco ético y legal vigente. Por ejemplo, una persona que le ayuda a una empresa a identificar un comprador legítimo para sus productos, está en todo su derecho de recibir una comisión por la gestión adelantada. Otra cosa es recibir una participación o un dinero por una actividad que manifiestamente viola la ley como fue el rescate de la aerolínea Plus Ultra, o los negociados con el Gobierno de Venezuela para evadir las sanciones impuestas por los Estados Unidos o la Unión Europea como lo hacía Zapatero. En ese caso no se habla de “comisiones”, sino de “coimas”. Los simpatizantes de la izquierda con asombrosa ingenuidad asumieron que Zapatero podría llegar a ser un “blanqueador” por afinidades ideológicas, hasta que han tenido que reconocer que realmente lo hacía era por las “coimas” que le entregaba el régimen chavista.
Finalmente, Zapatero aparece ahora rodeado de joyas, relojes y efectivo cuya procedencia debe ser aclarada ante la justicia. El botín hallado en el despacho, valorado preliminarmente en más de un millón de euros, no tiene claridad sobre su origen, titularidad, importación y tratamiento tributario. Al estar el juez investigando si pudo existir fraude fiscal o contrabando, hay una pregunta de fondo: ¿Cómo termina una colección de semejante valor en el despacho de un antiguo presidente sin una documentación inmediatamente disponible y cristalina?
Hace unos años Zapatero había afirmado que ser socialista era “tener poco y dar mucho”. ¿Será que ha debido afirmar que ser socialista era “robar mucho y dar poco”? Debo confesar que lo que este columnista no sospechaba era el que Zapatero fuera además un sinvergüenza que no solo defraudaba a la nación que le dio todo, sino que usaba a sus propias hijas para “blanquear” las “coimas” que percibía por sus actividades de muy dudosa ortografía.
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Apostilla: De los 12 millones de votos por el candidato comunista Iván Cepeda, alrededor de 2,5 millones son de burócratas y contratistas comprados o presionados por el gobierno; y otros 1,5 millones de personas que votaron bajo las criminales amenazas de grupos armados ilegales. En realidad, los votos de Cepeda y el petrismo fueron alrededor de 8 millones.
