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Opinión

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La historia de cómo Álex Saab pudo operar durante casi siete años sus empresas fachada en Colombia, a pesar de que formaban parte de una densa telaraña de corrupción a través de la cual el barranquillero habría lavado más de 350 millones de dólares para el régimen de Maduro, es otro de los grandes misterios que rodean a este oscuro personaje.

Desde 2011 hasta 2018, Álex Saab fue un intocable en Colombia pese a que tenía un pasado turbio. No tenía visa americana –según lo cuenta Gerardo Reyes en una de sus historias– y no era constructor. Sin embargo, fue escogido en 2011 para firmar un convenio de inversión social para la construcción de viviendas prefabricadas en Venezuela. Saab logró que le entregaran cerca de 159 millones de dólares al Fondo Global de Construcción, una empresa que él y su oscuro socio Álvaro Pulido habían creado tres días antes de suscribir el convenio y que ni siquiera se había registrado en Venezuela.  

¿Por qué fue escogido Álex Saab, si no era tan buen muchacho, para este negocio?… Otro misterio.

El expresidente Juan Manuel Santos ha aclarado que Saab no firmó el convenio en representación del Gobierno colombiano, sino de su empresa fantasma –lo cual es cierto– y que solo lo conoció el día de la firma en el Palacio de Miraflores –lo cual es menos creíble–. Pero si el nombre fue impuesto por el presidente Chávez, como parece haber sucedido, ¿quién convenció a Chávez y a Maduro, en ese entonces canciller, de meter a Álex Saab en ese negocio?… Tampoco lo sabemos.

La primera investigación en Colombia contra Saab es de 2011 y la hace la Dijín junto con la Fiscalía por un tema de contrabando desde una de sus empresas. Es decir que, cuando Saab firma el convenio, ya tenía a la Dijín siguiéndole el rastro. Sin embargo, eso tampoco le hizo mella, porque siguió su ascenso sin dejar de tener un pie en la ilegalidad. Al igual que el Ñeñe Hernández, que el Memo Fantasma y tantos otros que nos rondan sin saberlo.

La investigación de 2011, según he podido constatar con mis fuentes, duró dormida en la Fiscalía durante varios años hasta finales de 2017. Ese año, el Gobierno de Santos decidió montar un cuerpo élite para investigar a Álex Saab, liderado por el general Juan Carlos Buitrago, quien en ese momento era el director de la Polfa. Él la desempolvó.

En diciembre de 2018, un día antes de que se hiciera un operativo liderado por el general Buitrago, Álex Saab se les escapó. Sin embargo, su abogado en ese momento, Abelardo de la Espriella, dice que su excliente no se voló porque no estaba en Colombia. Las autoridades dijeron que la fuga la había permitido un patrullero que había sido cooptado por Saab, pero su abogado dijo que el patrullero lo que estaba haciendo era extorsionando a Saab y lo denunció.

Lo cierto es que este proceso, el del contrabando, es el único que tiene en firme Álex Saab en Colombia hasta hoy. En mayo de 2018, se hizo un operativo en un puerto de la costa y se incautaron 15 contenedores que venían con las cajas de alimentos de los Claps –otro negocio que Maduro le dio a Saab–. A pesar de que los alimentos estaban vencidos y de que venían con veneno para ratas, no se pudo vincular a Álex Saab con los contenedores.

Tal será el poder de Saab que el general Juan Carlos Buitrago, que llevó a cabo esta investigación, fue relevado de su cargo desde diciembre de 2019. Varios periodistas, como Darcy Quinn, insinuaron que su salida había sido por presión del propio abogado de Saab, pero, en una conversación telefónica que tuvo conmigo, De la Espriella me dijo que eso no es cierto y que él no tuvo que ver con su salida. “No tengo ese poder de sacar generales”, me advirtió.

En todo caso, la verdad es que al general lo sacaron de su cargo cuando estaba tras la pista de Saab, y que lo mismo pasó con sus coequiperas en la Fiscalía, quienes también salieron de esa institución: Claudia Carrasquilla, directora de crimen organizado, y Luz Ángela Bahamón, jefe de lavado de activos, ambas con más de 20 años de experiencia en el ente investigador.

Pero tal vez lo que más aterra de esta historia es que el presidente Duque y el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, hubieran súbitamente decidido salir del general Buitrago cuando estaba tan cerca de dar con la telaraña de empresas fachada de Álex Saab. ¿Por qué y para qué lo hicieron? Tampoco se sabe.  

Saab fue un poder oscuro e intimidador. A los periodistas de Armando Info, que fueron los primeros en descubrir la historia de Saab en Venezuela, se les persiguió jurídicamente hasta que todos tuvieron que salir del país. Cuando la exfiscal venezolana Luisa Ortega denunció que Saab era testaferro de Maduro y que estaba vinculado a una firma de la que presuntamente era también socio con el presidente venezolano y que se dedicaba a comercializar productos, el abogado de Saab en Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció una demanda por difamación. El mismo tratamiento tuvieron los periodistas de Univisión, liderados por Gerardo Reyes, que hicieron un perfil de Saab.

“Si fuera socio de Nicolás Maduro, yo no estaría defendiéndolo –dijo Abelardo de la Espriella en ese momento–. El país conoce mi posición frente al régimen de Venezuela”. Hoy, la realidad es otra desde que Saab fue acusado por una corte de Estados Unidos y luego capturado por lavar millones de dólares para Maduro, que fue lo que negó hasta la saciedad su abogado De la Espriella. Ahora el que tiene que dar explicaciones es Saab y toda su batería de abogados, que amedrentaron a los periodistas que expusieron las prácticas mafiosas de su excliente. Lo que ellos investigaron coincide con lo que dicen los fiscales americanos.

Y en el caso de Abelardo de la Espriella, quien asegura que dejó de ser abogado de Saab desde que este fue incluido en la lista OFAC, nos debe muchas más explicaciones. Ahora se invirtieron los papeles.

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