Gustavo Petro le dejó una herencia funesta a Colombia: el otro, el que no piensa como yo, es mi enemigo. Toda su carrera política fue dividir, polarizar, romper y destruir. Nunca construyó nada, o quizás sí, esperanza, que luego en su gobierno se encargó de acabar. Quizás la única herencia del señor Petro, no tan funesta como la anterior, es que deja un espacio para empezar a construir una izquierda democrática que puede hablar con el contrario y que nada quiere tener que ver con esa que solo odia y que este señor y muchos de sus secuaces, que deberían estar en la cárcel, le quieren imponer a Colombia.
Colombia les contestó con un mensaje claro: somos un solo país. El terremoto mostró lo mejor de nosotros y ver esa cantidad de ayuda que rápidamente se entregó y la movilización de millones de colombianos que, sin chistar, ayudaron y entregaron desde cientos de miles de millones de pesos hasta una libra de arroz, deja una sensación de alivio, de alegría y de esperanza que no debemos permitir que estos vándalos de la política fulminen.
Eso es lo que quieren. Así se han comportado desde que empezó el nuevo Gobierno y, sobre todo, con el terremoto. Que es el fracking, que rugió la tierra o que el billón de pesos que entregaron las familias más ricas de Colombia es “una miseria”, es lo único que esta izquierda ramplona puede decir sobre esta crisis que enfrenta no solo el nuevo Gobierno, sino todo el país.
¿Empatía con los pobres chocoanos que lo perdieron todo? No fue el fracking que hizo rugir la tierra, les dicen a los que votaron masivamente por ese personajillo que hoy les da la espalda. ¿Una colecta para ayudar a las víctimas de Cali, otra ciudad que masivamente lo apoyó? No, el problema fue el empalme que hizo el Gobierno entrante.
¿Dónde están las Margarita Rosa de Francisco o las Irene Vélez o las Juliana Guerrero en esta crisis? ¿Alguien las ha visto llevando o recogiendo ayudas o haciendo algo para atender a las regiones en crisis por este terremoto? ¿A las víctimas que lo perdieron todo? Qué triste que esta izquierda por la que Carlos Pizarro dio la vida, o por la que tanto hizo el magistrado Carlos Gaviria, hoy muestre este rostro desalmado que Petro, como su líder, representa. ¿En algún lugar hemos visto al candidato presidencial y exgobernador del Chocó, además embajador en Estados Unidos del pasado Gobierno, el señor
Luis Gilberto Murillo, haciendo algo por su gente, a la que dijo representar en esta campaña presidencial, donde fue candidato y en la que apoyó luego a Iván Cepeda?
“Obras son amores y no buenas razones”, decía mi mamá al referirse a lo que uno debería hacer en momentos difíciles. En este caso, ni buenas razones deja la izquierda en esta crisis, pues su crítica y su aporte han sido tan vacíos y tan mezquinos que la verdad da asco, por un lado, y da tristeza por todos aquellos que creen que estos señores son la solución a los problemas de Colombia. La izquierda de Colombia merece algo mejor y muchos de sus representantes históricos vivos, como Enrique Santos, como Antonio Navarro o como Lucho Garzón, hoy deben estar avergonzados de ver en lo que se ha convertido. Ni hablar de otros como Gabo, como Fals Borda, como Eduardo Umaña Mendoza o como Alfredo Molano, que se deben estar revolcando en la tumba.
Lo que sí es claro es que el país respondió de una manera increíble y mostró su verdadero rostro de compasión y de amor por el prójimo. Esa es la Colombia resiliente que ha sobrevivido al narcotráfico, a la criminalidad organizada y al Gobierno de Petro, tan cercano a ellos. Por eso le duele tanto a Gustavito, como le dicen en tono de burla, el billón de pesos que entregaron unos pocos colombianos para ayudar en la reconstrucción de las regiones devastadas por el terremoto. Él no entiende lo que es la generosidad, él no sabe lo que es la empatía y, claro, no le cabe en la cabeza que un hombre rico ayude a un hombre pobre o a un país en crisis.
Mientras tanto, el Gobierno de Abelardo De la Espriella mostró el otro rostro, el de la empatía, con una excepción: la del ministro de Vivienda, que se fue de rumba en plena crisis. Ha debido renunciar para no hacerle daño al Gobierno y al presidente, quien mostró su lealtad con aquellos que han estado con él, incluso pagando un costo político innecesario. No obstante este traspié, que no es menor, la verdad, el Gobierno lo ha hecho muy bien. Ha llegado a las regiones y el mismo presidente se encargó de ver cara a cara a las víctimas de esta tragedia.
Tan solo llevamos dos semanas de gobierno y ya tenemos claro cómo va a actuar la oposición. Sin embargo, el ciudadano colombiano hoy le ha dado un respaldo a su presidente y a su Gobierno, que sin duda tiene un capital político inmenso para gastar al comenzar a hacer las reformas que el país necesita. Dios los guíe porque lo vamos a necesitar, pues los enemigos legales e ilegales van a hacer hasta lo imposible para que fracase este presidente, que arrancó con pie derecho.
