OPINIÓN

Juan Felipe Useche Chacón

Unas reflexiones para María Corina

María Corina Machado representa una clase política distinta, pero el entorno no lo es, y ella sola no puede cambiar ese país.
26 de septiembre de 2026 a las 7:35 a. m.

A donde voy, venezolanos, colombianos, estadounidenses y amigos de todas partes del mundo me preguntan: ¿qué va a pasar con Venezuela? La respuesta no es fácil, pero sigue siendo mejor que lo que estaba antes del 2 de enero y dependiendo de la madurez política de los venezolanos, incluyendo María Corina, veremos una democracia sólida en un futuro en el vecino país.

No nos engañemos. Una gran parte el problema venezolano tiene que ver con la oposición política tradicional que ha dilapidado momentos increíbles para resolver la situación de su país y hoy es en gran parte responsable de lo que están viviendo. Recuerdo el gobierno de Juan Guaidó, cuando Estados Unidos logró el reconocimiento de un gobierno alterno por parte de más de 60 países, que nunca logró asentarse en gran parte por las peleas entre las distintas facciones políticas, que solo querían ver cómo sacaban jugo de la situación. Estados Unidos había abierto esa puerta –incluso Donald Trump lo llevó a su discurso del Estado de La Unión–, pero esa oposición que primero pensaba en su futuro personal o de partido antes que en el futuro de Venezuela, desaprovechó esa oportunidad.

Trump, tras décadas de presidentes norteamericanos que solo empeoraron la situación en Venezuela y que no hicieron nada para resolverla, decidió hacer algo y en su primer periodo ayudó en la creación del gobierno interino que, como se mencionó, fracasó. Ahora tomó la decisión de sacar al dictador y diseñar un mecanismo de transición que perdure, que no falle y que, a pesar de la historia terrible de esa clase política, se mantenga en el tiempo. No quiero de ninguna manera minimizar el sufrimiento de muchos de esos líderes políticos, pero si se miran al espejo, tienen que reconocer la responsabilidad que les cabe en el desarrollo de la crisis de Venezuela. Trump, obviamente, ya sintió en carne propia ese modelo político y aprendió la lección que en Colombia llamamos “a este perro no lo capan dos veces”.

Entiendo perfectamente el desespero de muchos sectores venezolanos por tener unas elecciones democráticas prontas. María Corina Machado representa una clase política distinta, pero el entorno no lo es, y ella sola no puede cambiar ese país. Ese es el análisis que hace Estados Unidos, luego de las experiencias que ha tenido en ese país, y por eso tiene pies de plomo en el momento de volver esta transición una realidad democrática.

María Corina debe estar en contacto permanente con Marco Rubio y el Departamento de Estado y decirles: “Regreso a Venezuela, pero para ayudarles y trabajar con ustedes en esta transición”. Desafortunadamente, hoy tengo información de que eso no es así, pero igualmente tengo información de que Estados Unidos está abierto a reparar esa relación si de verdad hay un compromiso de trabajo conjunto. Hoy, tristemente, no lo hay y en el círculo cercano de María Corina hay muchos, y muchas, que le hacen tremendo daño, pues la aconsejan de manera incorrecta e increíblemente hacen exactamente lo mismo que hicieron los políticos tradicionales que tanto daño le causaron a Venezuela, así sea por otras razones.

María Corina tiene que entender que es con Trump con quien se arregla el camino hacia una democracia fuerte y sostenible en el tiempo en su país. Sorprendentemente, Delsy Rodríguez ha mostrado mucha más astucia política y, al agradecerle a Trump en su discurso en Naciones Unidas, muestra un mejor entendimiento de la actual situación de poder en Venezuela que el que hoy mueve a María Corina, a quien entre otras he defendido a capa y espada y seguiré defendiendo, eso sí, sin ocultarle sus errores y sus fallas cuando las cometa.

¿Ahora qué? Sin duda, María Corina tiene que regresar a Venezuela, si lo hace de la mano de Estados Unidos, esa transición va a ser mucho más fuerte y mucho más consolidada. No le debe quedar duda alguna a esta gran líder venezolana, a quienes la siguen y al resto de la oposición, que el chavismo está vivo y que su sector más radical va a ser difícil de derrotar en las urnas, no ahora, sino más adelante. Le van a hacer la vida imposible y con ayuda de Cuba, de Rusia, de Irán y de China van a tener una gran fuerza con la que pueden regresar al poder. Miren lo que pasó en Nicaragua y aprendan de esos errores.

Los radicales de este lado le hacen un gran daño a María Corina y al futuro de Venezuela. Muchos de ellos desde cómodos sillones en el exterior exigen y demandan elecciones ya, cuando la realidad necesita un análisis más profundo. Claro, lo de los negocios raros enturbia el análisis y genera indignación. En eso estoy de acuerdo con ellos. Sin embargo, el otro elemento de estos negocios es una imbricación económica tan grande de Estados Unidos con Venezuela, que regresar al pasado de los Chávez y los Maduros va a ser imposible. Eso es lo que queremos todos.

María Corina ha dado lecciones de grandeza en su gestión política. Es hora de rectificar ese camino al vacío hacia el que la quieren llevar. Ojalá reaccione, rectifique el rumbo y, de la mano de Rubio, entre a Venezuela.