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El número de estudiantes por salón tendría que disminuir hasta en 50%. - Foto: iStock

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¿Cómo van a funcionar las universidades?

Este será recordado como el año de los grandes cambios en las universidades. No solo porque el coronavirus obligó a replantear el modelo con el que venían trabajando. También porque profesores, alumnos y empleados se tendrán que acoplar a una nueva realidad: la alternancia.

La pandemia ha afectado la manera de educar. Sin previo aviso, afectó el diario vivir en las universidades y convirtió a la virtualidad en la única opción.

La incertidumbre domina, y como ha sucedido en otros sectores, los ingresos han recibido un golpe significativo.

Muchas universidades para el segundo semestre de 2020 aún no tienen claro el panorama y prevén que las matrículas podrían caer ostensiblemente. Esto obedece a la difícil situación económica de las familias del país y a que muchos hogares no contarán con recursos para pagar el semestre.

Sin embargo, desde hace varios años se venía presentando una disminución importante en las matrículas. En 2017, por ejemplo, se dejaron de matricular cerca de 38.000 estudiantes respecto a la vigencia anterior, según cifras del Sistema Nacional de Educación Superior.

La tendencia podría acentuarse el próximo semestre. En la Asociación Colombiana de Universidades encendieron las alarmas al respecto y aseguraron que el cálculo de deserción del segundo semestre de 2020 podría rondar 25%. Además, consideran que este fenómeno afectará también los periodos de 2021 y 2022, cuando la deserción podría llegar a 20% y 18% respectivamente.

Ante este panorama, muchas universidades han optado por bajar el precio de las matrículas y brindar facilidades de financiación a los estudiantes, entre otras medidas.

Para Jorge Humberto Peláez, rector de la Universidad Javeriana, la situación es preocupante, y aún no es muy claro lo que sucederá el próximo semestre.

Debido a la pandemia, muchos estudiantes se graduaron de manera virtual.

La Javeriana le apunta a las facilidades de financiación y no a reducir los precios. Si bajamos los precios 20% o 30%, necesariamente tendríamos que salir de profesores y empleados, bajar presupuesto de las bibliotecas y castigar el bienestar de la comunidad universitaria”, indicó.

Este fenómeno no solo se explica por la caída en los ingresos de las familias. Muchos estudiantes consideran que la calidad de la educación virtual no se equipara a la presencial. Sobre todo por la ausencia de factores como el relacionamiento con los docentes y la socialización entre pares, dos aspectos esenciales de la vida universitaria.

“El comportamiento del segundo semestre va a depender del tipo de presencialidad que vamos a ofrecer en las universidades. Es claro que los estudiantes no quieren un semestre 100% virtual y se entiende que para la educación es esencial la relación profesor-estudiante, la vida social, el deporte y lo cultural. Si las circunstancias llevan a un semestre totalmente virtual sería dramático”, explicó Peláez.

Sin duda esta nueva realidad pone sobre la mesa la necesidad de transformar los procesos educativos y de adaptarlos a una nueva normalidad, en la que la alternancia sería el común denominador.

El gradual regreso a las aulas dependerá del comportamiento de la pandemia. El Gobierno ha dado algunas luces, y espera que en agosto los estudiantes puedan regresar a los campus universitarios con estrictas medidas de bioseguridad y aforos más reducidos.

Alejandro Cheyne, rector de la Universidad del Rosario, explicó que la universidad postcovid debe ofrecer un espacio para la excelencia académica e investigativa, donde converjan la presencialidad y la virtualidad.

Para lograr este equilibrio deberá hacer una gran inversión en herramientas tecnológicas. Pero para Cheyne el mayor reto estará en materia pedagógica y en cómo hacer para que la tecnología enriquezca el proceso educativo.

“Algunas personas consideran que el acceso remoto es un desafío y no lo es. La tecnología se puede adquirir y apropiar, el desafío es pedagógico”, explicó Cheyne.

El rector del Rosario asegura que ciertamente la pandemia obligó a pasar a la virtualidad abruptamente, y sin la oportunidad de realizar un plan piloto. Pero que tanto los alumnos como los profesores se han adaptado bien. “Su respuesta ha sido extraordinaria; tenemos 13.600 estudiantes en Bogotá y en otras 10 ciudades. La primera semana de la emergencia ofrecimos 15.000 clases con 160.0000 participantes”, explicó.

El modelo de alternancia obligará a las universidades a darles un nuevo foco a sus planes de inversión, teniendo en cuenta que en los últimos años muchas instituciones han robustecido de manera importante su infraestructura física.

Como señala el rector de la Universidad del Rosario, la prioridad ahora debe ser la infraestructura y todo lo relacionado con tecnologías de la información.

El coronavirus obligó a las universidades a innovar, y ahora tienen el reto de adaptarse a la semipresencialidad sin sacrificar la calidad educativa.

Esto no será nada fácil para algunas universidades que no cuentan con el músculo financiero para hacer las inversiones y adaptaciones necesarias. El desafío apenas comienza.