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“Esta es una labor sacrificada": la odisea de arrancar una mata de coca

En la edición de este miércoles de 'Al Ataque', Salud Hernández-Mora viajó a la zona rural del municipio de San Pablo, en el sur del departamento de Bolívar, para mostrar paso a paso cómo el Ejército erradica cultivos ilícitos.

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24 de junio de 2020 a las 1:39 p. m.
Foto: SEMANA

En días pasados, el Gobierno del presidente Iván Duque anunció que se redujo el 9 % de los cultivos ilícitos en Colombia en 2019. Se destruyeron 101.273 hectáreas de cultivos, de las cuales 94.670 se encargaron las Fuerzas Militares y la Policía.  

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En la edición de este miércoles de ‘Al Ataque‘, Salud Hernández-Mora viajó a la zona rural del municipio de San Pablo, en el sur del departamento de Bolívar, para mostrar paso a paso cómo el Ejército erradica superficies de coca.

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Esta es una labor desconocida, peligrosa y desagradecida. Cada mata supone una amenaza y riesgo para miles de soldados profesionales que, con machete y azadón, por terrenos pedregosos, se juegan la vida para erradicar el primer eslabón de una larga cadena.

En esta zona del país, la serranía de San Lucas, hay 700 hectáreas cocaleras sembrados. Las labores de erradicación las realizan 150 militares, veinteañeros en su mayoría, que llevan entre dos y tres meses en el lugar. Unos arrancando matas, otros brindando seguridad a sus compañeros desde los cerros.   

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La primera tarea para los soldados es establecer las coordenadas. El Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) envía desde Bogotá las ubicaciones donde están los cultivos. Seguidamente, un capitán traza la ruta a través de un mapa.  

“Esto no es útil para con la brújula poder orientarnos en el terreno”, afirmó el capitán Johan Sebastián Almario.

Con las coordenadas se establece el desplazamiento. Nunca pueden bajar la guardia porque el ELN puede atacar con francotiradores desde el cerro. Deben estar listos para reaccionar en caso de un ataque. Evitan caminar por los potreros y se camuflan sobre la espesa vegetación para no convertirse en presa fácil.

Antes de iniciar, alistan un implemento, denominado pericuerda, que tiene punta metálica, el cual lanzan para rastrear las cuerdas conectadas a un dispositivo. Esto lo hacen con el objetivo de evitar las minas antipersonales. La pericuerda la lanzan en todas las direcciones para abarcar el cultivo.

“Lo primero es la seguridad de nosotros, él se busca un punto de seguridad. O se esconde detrás de un palo. Si se llega a activar el artefacto explosivo, inmediatamente él queda protegido detrás del palo”, explicó otro de los soldados.

Luego, un perro antiexplosivos rastrea la totalidad del terreno. Solo cuando termina su tarea entran los soldados sin miedo al cultivo.

Posteriormente, inician la erradicación manual. “Al arrancar la mata de raíz, la mata muere. De igual forma, cuando son cultivos muy grandes se realiza el corte de la mata de tal manera que esta queda inservible”, afirmó otro soldado.  

Un cultivo de hectárea y media, sembrado en seis meses, se puede erradicar en 30 minutos.“De 60 a 70 arrobas de mata de coca que se saca al hacerle el procedimiento sale un kilo de pasta de coca. De acuerdo con lo que nos informan, está avaluado en tres millones de pesos”, señaló el cabo primero Eduardo Ruiz Ramírez.