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| 3/21/2004 12:00:00 AM

Una historia de amor y dolor

Muchas batallas contra los hombres más poderosos del país libró Julio Mario Santo Domingo para controlar Avianca.

Una historia de amor y dolor Mario Santo Domingo, padre de Julio Mario, fue el protagonista junto con el piloto Willliam Knox Martin de una de las primeras hazañas aéreas del país
La decisión de Julio Mario Santo Domingo de salirse de Avianca puso fin a una historia que comenzó hace 85 años. Durante este tiempo, el destino de los Santo Domingo estuvo siempre ligado al de la aerolínea insignia de Colombia.

La historia comenzó el 18 de junio de 1919. Ese día, el piloto estadounidense William K. Martin realizó un vuelo entre Barranquilla y Puerto Colombia, acompañado por "don Mario Santo Domingo, quien con entusiasmo juvenil y generoso quiso tomar parte en las primeras entradas a nuestro país del progreso moderno que es la navegación aérea", según registró la prensa de esa época. Cuando el avión sobrevoló Puerto Colombia, el piloto dio la orden a Santo Domingo de lanzar una bolsa de correo. Ese acto, aunque simbólico, quedó consignado como el nacimiento del servicio aéreo postal en el país.

La vinculación accionaria de Mario Santo Domingo al negocio de la aviación ocurrió unos años después. A los seis meses del vuelo histórico, tres alemanes y cinco colombianos -entre ellos, el primer presidente de la aerolínea, Ernesto Cortizzos-, constituyeron la Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos, Scadta. A la empresa entró posteriormente otro alemán, Peter von Bauer, que se convirtió con un aporte de 100.000 pesos en el principal accionista. Los pilotos alemanes de Scadta no sólo fueron los pioneros de la aviación comercial en Colombia, sino que algunos de ellos vistieron el uniforme de la Fuerza Aérea Colombiana en la guerra contra el Perú.

En los años 20, cuando Scadta intentaba expandirse en Suramérica y el Caribe, le apareció un competidor muy fuerte, la Pan American Airways. Bajo la proteccion del gobierno estadounidense, esta aerolínea comenzó a afectar la operacion de Scadta.

El primer paso consistió en la negativa del gobierno de Estados Unidos a dejar operar a Scadta en aguas del Caribe pues consideraban muy peligroso que una aerolínea extranjera con capitales alemanes y austríacos operara en cercanías del Canal de Panamá.

Scadta decidió entonces enfocar sus esfuerzos en Suramérica. Sin embargo, Pan American quería apoderarse de las rutas en todo el continente y logró la exclusividad de los vuelos a Perú. A Scadta sólo le quedó la posibilidad de volar a Ecuador y Panamá.

Con la crisis económica mundial de 1929 la situacion empeoró. Para Peter Paul von Bauer, entonces presidente de Scadta, era preferible unirse a Juan

Trippe, el presidente de Pan American, que intentar una competencia imposible. Por eso vendió sus acciones a la compañía estadounidense, en un convenio que se conoció años después.

En julio de 1940, cuando Scadta se fusionó con el Servicio Aeronáutico Colombiano (Saco), Pan American era dueña del 64 por ciento de las acciones, mientras que el gobierno colombiano controlaba el 15 por ciento. Se constituyó entonces la empresa Aerovías Nacionales de Colombia, Avianca. Con el tiempo Pan American fue reduciendo su participación en la empresa y en cambio se fueron vinculando paulatinamente inversionistas colombianos, entre los que estaba precisamente Mario Santo Domingo.



Pelea de grandes

Hacia fines de los 60, un nuevo peso pesado de la economía colombiana, el Grupo Gran Colombiano, liderado por Jaime Michelsen Uribe, comenzó a hacerse a acciones de Avianca. Llegó a convertirse en uno de lo mayores accionistas de la aerolínea, hasta que en 1975 vendió su participación al constructor Fernando Mazuera Villegas por una suma que, según encontró el periodista Gerardo Reyes, fue de 1.600.000 dólares de la época. "Pero la tajada accionaria de Mazuera no se reflejó en el manejo de la compañía, pues en los últimos 20 años la administración de Avianca fue quedando poco a poco en manos de la familia Santo Domingo", escribió Reyes en su biografía no autorizada de Julio Mario Santo Domingo. A pesar de no tener en esos momentos la mayoría, Santo Domingo controlaba la empresa a través de los poderes de ventanilla.

Empezó entonces a darse una puja por el control de la compañía entre Mazuera y Julio Mario Santo Domingo. La tensión entre los dos magnates llegó a su punto máximo cuando en una asamblea en 1977, Mazuera contrató al hoy ex ministro Fernando Londoño Hoyos para que lo representara. A través de su abogado, el constructor denunció que el Grupo Santo Domingo estaba inflando las utilidades con el propósito de distribuir una mayor cantidad de dividendos, a cambio de que los accionistas sostuvieran su respaldo para que continuara administrando a Avianca. Ese día Londoño estuvo brillante, pero Pedro, el Negro Bonnet se batió, en favor de Santo Domingo, como un gladiador y salvó la jornada. Lo que pasaba en realidad era que había una utilidad ocasional por venta de aviones y no operacional.

Ese mismo año, finalmente Mazuera resolvió vender su parte al propio Santo Domingo, y este último quedó como el mayor accionista de Avianca. El segundo socio era otro gran industrial: Carlos Ardila Lülle, que se había aliado con Santo Domingo para evitar que Mazuera obtuviera el control de la compañía. Pero la luna de miel no duró mucho, y pronto la junta directiva se dividió entre los partidarios de Ardila y los del accionista mayoritario.

Esta pelea se reflejó también en la administración de la aerolínea, en la que los dueños se disputaban cada puesto. La rivalidad llegó a su punto máximo cuando en junio de 1985, Andrés Cornelissen, el presidente de Avianca, que era apadrinado por Ardila, tuvo que renunciar en medio de las acusaciones del Grupo Santo Domingo de un supuesto manejo irregular.

Los dos representantes del gobierno que desde la creación de la aerolínea habían mantenido puestos en la junta directiva actuaron entonces como mediadores del conflicto, que a la postre terminó en la decisión de Ardila de salirse de la compañía. Este último le vendió su 31 por ciento de acciones a Santo Domingo por 150 millones de pesos del momento, que correspondían al valor en bolsa. Con esta movida Santo Domingo consiguió el control absoluto de la empresa. Aunque entonces se creyó que había hecho un gran trato, el tiempo demostró que el verdadero ganador fue Ardila por haberse salido del negocio.



Las crisis

Ya para entonces hacia tiempo que la Sociedad Aeronáutica de Medellín, SAM, era parte del Grupo Santo Domingo. Luego de la salida de Cornelissen lo sucedieron nueve presidentes en el lapso de una década. El último de ellos, Álvaro Jaramillo, salió luego de una tormenta que se armó porque había vendido unos terrenos que tenía la empresa desde la época originaria de Scadta a la aerolínea Intercontinental, que por entonces le había planteado a Avianca una dura guerra de tarifas.

En esa época, Avianca pasó por varias crisis financieras. Desde los 80 comenzó a acumular pérdidas que en 1991 superaron los 32.000 millones de pesos. Luego de una reestructuración de su deuda, logró tener buenos años durante la primera mitad de los 90, pero en 1998 comenzó otro ciclo crítico que la llevó a perder 414.000 millones de pesos en 2000.

Fue entonces cuando en enero de 2001 suscribió un memorando de entendimiento con su principal competidor, Aces, como una fórmula de salvación de ambas compañías. El primer obstáculo del experimento fue el rechazo a la solicitud de fusión por el entonces superintendente de Industria y Comercio Emilio José Archila. Con la salida de Archila del cargo, finalmente culminó el proceso y nació en febrero de 2002 la Alianza Summa.

Valores Bavaria, el holding del Grupo Santo Domingo, y la Federación de Cafeteros se convirtieron de esta forma en socios por partes iguales de las dos empresas. Aunque en un principio la Alianza les dio aire a las aerolíneas al reducir costos, no les alcanzó para enfrentar la crisis de la aviación en todo el mundo, luego de los ataques a las Torres Gemelas y al corazón del Pentágono en Estados Unidos.

Esto, sumado a la recesión colombiana y la devaluación que experimentó el país a finales de 2002, llevó a las aerolíneas de la Alianza a su peor momento. A pesar de que Julio Mario Santo Domingo había hecho cuantiosas inversiones de capital fresco en Avianca antes y después de la fusión, Summa no despegó. La última salida fue llevar en marzo de 2003 a Avianca a acogerse al Capítulo 11 en Estados Unidos para buscar una reestructuración de sus deudas y, cinco meses después, a la liquidación de Aces.

Así se llegó a la semana pasada, cuando se presentó el Grupo Sinergy de Brasil, liderado por el empresario Germán Efromovich como el nuevo inversionista principal de Avianca.

Si como se espera el juez acepta el nuevo arreglo, se iniciaría un nuevo capítulo de la historia de Avianca, en el que por primera vez no tendrá como protagonista a la familia Santo Domingo.

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