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Varias industrias sufrieron un impacto evidente por la guerra comercial. En la pandemia, muchos consideran necesario subir los aranceles. - Foto: iStock

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¿Realmente es la hora del proteccionismo para Colombia?

Proteger la industria local adquirió más sentido en el marco de la guerra comercial y la pandemia, pero trae problemas.

Nosotros no iniciamos el fuego, decía una famosa canción de los años noventa de Billy Joel. Pero esta vez, los norteamericanos sí encendieron la candela de la guerra arancelaria que, con un impacto monumental en el comercio mundial, lanzó el presidente Donald Trump en marzo de 2018.

Primero decidió incrementar en un 25% los aranceles para el acero como medida retaliatoria contra China. De ahí en adelante hubo ataques de lado y lado. La pandemia le quitó proporción a cualquier análisis, pero era claro que el comercio mundial había empezado a desacelerarse por cuenta de esas disputas.

Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), el año pasado el intercambio de mercancías ya había caído un 1%. Obviamente, la pandemia llegó y eso va a tumbar el comercio internacional en 2020 entre el 13%, en el escenario optimista, y el 32% en el pesimista. Vale la pena preguntarse qué pierde el mundo si los países deciden cerrarse.

La guerra arancelaria y la pandemia han llevado a muchos a considerar medidas para proteger la producción local para que la estantería no se venga abajo. Uno de ellos, el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), Bruce Mac Master, desde antes de la pandemia señalaba que el país no podía ser un convidado de piedra en el nuevo escenario de guerra comercial. Por eso pedía medidas efectivas de protección, por ejemplo, en el caso del acero.

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Las medidas arancelarias han sido una tradición en Colombia y han jugado un rol clave en la negociación de tratados de libre comercio. Solo en el caso de Estados Unidos, el próximo año se cumple una década de firmado el acuerdo, lo que significa que prácticamente todo el universo arancelario quedará en el 0%.

Quienes están a favor de estas medidas sostienen que el comercio mundial está tan desordenado que no se puede salir a competir en igualdad de condiciones, porque muchos han roto las reglas o la pandemia cambió la baraja. Así, la salida estaría en encarecer los productos importados.

Por su parte, quienes critican la propuesta dicen que proteger las economías con aranceles es pegarse un tiro en el pie, por cuenta de la enorme interdependencia entre todos los países.

De hecho, haber aumentado los aranceles en Estados Unidos condujo a que los consumidores de ese país pagaran más de US$46.000 millones adicionales por los mayores costos de importar. A esto se le debe agregar el costo para cada núcleo familiar, estimado en cerca de US$831, según un estudio de la Reserva Federal de Nueva York y las universidades de Yale y Columbia. Así que las cuentas no salen en blanco y negro, sino con variedad de grises.

Hay muchas posibilidades para los productos agrícolas colombianos en el mundo. ¿Qué pasa si otros países también protegen al agro con aranceles?.

Caso Colombia

El debate se ha criollizado por la propuesta de Mac Master, que además le ha puesto un toque nacionalista al invitar a los colombianos a comprar colombiano.

Gustavo Petro, el senador del partido Colombia Humana, también ha planteado un proceso de reindustrialización del país por la vía de desestimular las importaciones que generen contaminación.

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Todavía no cuadra en estas propuestas de qué manera puede el país castigar con aranceles a unos sectores y esperar que otras economías sigan recibiendo sus productos. La fuerza del comercio internacional implica en sí un impulso al desarrollo, pues una empresa que gana espacio en un mercado ajeno es ya un caso de éxito y de estudio. Además, las empresas que logran participar en los mercados lo alcanzan porque algo están haciendo bien desde el punto de vista de sus costos y eficiencias.

Lo que viene pasando con las exportaciones no tradicionales o no mineroenergéticas es palpable. Cabe destacar la manera como los productos agrícolas han venido creciendo en exportaciones, a pesar de la pandemia. Cualquier medida de protección podría hacer fracasar ese incipiente proceso por reconvertir la economía criolla.

Tienen razón quienes dicen que el proceso de revaluación que sufrió el país a principios del siglo hasta 2007 y desde 2009 hasta 2014 se llevó por delante muchas industrias. Se trató de la llamada enfermedad holandesa, fenómeno originado por un boom de exportaciones (en Colombia el petróleo) que revalúan el tipo de cambio y generan como contrapartida un auge de importaciones que afecta la producción local.

Pero cualquier salida debe incorporar una variable: la interdependencia de las economías no tiene reversa. Por ejemplo, Colombia depende mucho de bienes de capital de otros países para modernizar sus empresas. No produce innovaciones en maquinarias o tecnologías, así que necesita de Alemania, Corea y el propio Estados Unidos para seguir modernizando el aparato productivo local. Colombia es fuerte en producir alimentos y prestar servicios. Ese balance es lo natural en el mundo económico hoy. Cualquier cosa que lo afecte puede dejar al país por fuera de ese concierto.

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Es necesario marcar bien el terreno y definir con claridad las peleas posibles. Lo contrario podría equivaler a apagar un fuego con gasolina.