El destino ya estaba trazado, hijo de Francisco Santos Calderón, actual embajador de Colombia en Estados Unidos, y de María Victoria García, coparticipe de la creación de la fundación País Libre, hereda su vocación al servicio por el país. “Yo soy el reflejo de ese sentido de pertenencia”, señala Gabriel.
Tenía dos legados: el periodístico, heredado por Hernando Santos y el político de los ex presidentes Eduardo Santos Montejo y Juan Manuel Santos, que lo llevaban a tomar dos caminos: el periodismo o la política, Gabriel se inclinó por la última opción.
Y es que acompañar a su padre en la etapa política, con duros momentos como el secuestro y el exilio, lo marcaron desde pequeño. Estudió derecho y estando trabajando como abogado con la firma Gómez Pinzón Zuleta, lo picó el bichito de la política, pide un permiso para trabajar en la campaña de su padre y luego incursiona con Samuel Hoyos a una UTL (Unidad de Trabajo Legislativo) en el Congreso.
En la corta experiencia en el Congreso con Hoyos, “Vi oportunidades y vi un vacío para gente joven, que tuviera aspiraciones distintas”. Ahí, el ex presidente Álvaro Uribe Vélez conoce su trabajo y lo invita a postularse con el respaldo del Centro Democrático como representante a la Cámara, por Bogotá.
Su campaña la hizo rodeado de ‘chinos’ universitarios voluntarios, que lo acompañaban en una van grandota recorriendo la ciudad. Gabriel, hace parte del grupo de los millennials del Congreso, y sigue rodeado por jóvenes profesionales, en su oficina del tercer piso del Capitolio Nacional, desde donde se prepara diariamente para destacarse como presidente de la comisión primera, de Cámara de Representantes.
Lidera una comisión nada fácil, en donde además de tramitar las reformas constitucionales, temas de paz y normas de contratación administrativa, debe sembrar equilibrio entre los 38 representantes de los diferentes partidos y regiones, en donde sobresalen congresistas como Juanita Goebertus, Ángela María Robledo, Germán Navas , Juan Carlos Losada e Inti Asprilla, entre otros que normalmente arman polémicos debates.
En el Congreso
Llegó con ganas de dejar huella, su lema: ‘transparencia sin populismo’. “Nosotros estamos haciendo unas apuestas muy importantes para que haya una corresponsabilidad política con la toma de decisiones, que este país vuelva a ver que los políticos tengan que dar la cara a la ciudadanía”, dice con firmeza el ‘joven Santos’, como lo llaman en los pasillos del Congreso.
Reconoce que fue un poco cándido con el tema de la trasformación, está aprendiendo a “convencer y entrar a ser concesiones sin perder los principios que uno tiene”. Y es que convencer en la Cámara a más de 170 personas y en senado más de 100 no es un tema fácil.
“No es un tema cosmético, pero es muy bonito: la oportunidad de sentir que con un proyecto de ley, bien estudiado y bien explicado, puede no solo convencer a las personas acá sino lograr mejorarle la vida de los colombianos, no es un tema romántico, sino de apasionamiento”.
A petición de Conexión Congreso hace las tres clásicas miradas: lo bueno, lo malo y lo feo del Congreso:
Lo bueno: “La posibilidad de cambiarle la vida a la gente, eso para mí es lo que me impulsa sabiendo que haciendo un buen trabajado, así no se materialice…en éxitos legislativas, que la gente vea que hay jóvenes dispuestos a trabajar por el país, le da a uno un sentido de esperanza de que la imagen del Congreso puede cambiar, que se va a demorar varios ciclos políticos, pero hay gente más consiente”.
Lo malo: “Es que aquí no siempre están representados los intereses de todos los colombianos, siempre habrá intereses oscuros, intereses personales que no logran representar fielmente lo que es realmente la ciudadanía colombiana”.
Y lo feo: “La corrupción, todavía hay congresistas perdiendo la curul por actuar en contra de la ley, hay congresistas actuando en nombre de intereses personales y el dinero”.
De su iniciativa, estudian un proyecto de ley para que no vuelva a ocurrir en Bogotá, lo que aconteció con Gustavo Petro, en donde por un vaivén político modificó la tarifa del Transmilenio, sin ningún calculo técnico, y los bogotanos terminaron pagando $700 mil millones.
Considera que es un “falso dilema prestar buen servicio versus rentabilidad económica. Las inversiones públicas tienen que ser un negocio para quienes inviertan, protegiendo la prestación de los servicios públicos”. A eso se refiere Santos cuando dice que su gran apuesta es “Transparencia sin populismos”.
Su pensamiento
Su filosofía de vida es “Trabajar más que los demás, estudiar más que los demás y darle siempre la cara a la ciudadanía, con trasparencia”.
Sus posturas son ecuánimes, pero también cuando tiene que hablar fuerte lo hace con firmeza y respeto. Considera que la polarización se ha desvirtuado, le apuesta a que existan más posiciones, por una sana democracia. Coincide con el exmagistrado, Carlos Gaviria en considerar que Colombia no está acostumbrada al ‘disenso’, que no se debe caer en el radicalismo, “Colombia tiene posiciones distintas para alcanzar la paz, pero es legítimo que la tramitemos por la vías institucionales” insiste.
Sobre la economía del país cree que “va mejorando”, basado en que el gobierno ha dado buenos pasos para incentivar el aumento o la mejora en la productividad del país”. Cree que el país venía de una seguidilla de desaciertos como la inestabilidad jurídica, la falta de certeza para la inversión del país, “nos estaban llevando al abismo, cuando se decían unas cosas y se presentaban tres reformas tributarias para cambiarle las normas (zonas francas, en inversión hotelera) eso ahuyenta la inversión del país”.
Aplaude los pasos dados por el nuevo gobierno con temas sensibles como la ley de Financiamiento y el Plan Nacional de Desarrollo, que le apuntan a lograr una inversión sostenida y estable.
Uno de sus temas fuertes es el sector minero energético, para el que fue asesor, desde una firma de abogados. Considera que está “muy complicado”, porque se politizó. “Se reclama gratuidad en todos los servicios públicos, pero no permiten la consecución de recursos que se compadezcan con ese tipo de solicitudes”.
Para Gabriel Santos la estigmatización de la explotación en Yacimientos No Convencionales –YNV- ha llevado a que el país tenga solo entre 5 y 6 años, máximo de reservas de petróleo, lo que desencadenará en problemas enormes, en un país que depende de los hidrocarburos.
Está de acuerdo con que se debe dar una transición hacia el uso y consumo de energías renovables, pero anota que “todavía no estamos ahí y esas transiciones son muy costosas”. Destaca la legislación en materia ambiental súper estricta que existe en Colombia y que permitirá lograr la explotación de estos yacimientos de una manera responsable.
El “joven Santos”

“Si no hubiera sido político, hubiera sido chef” y aunque se anticipa a los comentarios que pudieran salir entre sus no seguidores “que bien hubiera cocinado” esa es su segunda gran pasión, y no es precisamente la comida colombiana la que le gusta tanto, sino la asiática.
Después de cocinar, su tercera gran pasión es ver fútbol americano, y lo practicaba también, hasta que en campaña le destruyeron la rodilla, lesión de la cual no ha podido salir bien librado. “para mí el fútbol se acabó” reconoce Gabriel quien ahora hace parte del grupo de los ‘honorables retirados”.
Y otra pasión es la lectura, destaca de su biblioteca la biografía de Winston Churchill, de Michael Winicott, que narra la historia del político británico desde que era niño hasta que falleció. Es un libro que Gabriel relee cada dos años.
Y de su recorrido literario destaca una frase, que incluso, tiene marcada en su espalda y en inglés: “I am the owner of my destiny, I am the captain of my soul” (soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma) extraída del poema ‘Invictus’ (*) de William Ernest Henley, que Nelson Mandela conservó en una hoja de papel durante su prisión, ayudándole a sobrellevar su encarcelamiento.
A Gabriel lo trasnocha del país su futuro, en general, pero especialmente los ‘populismos irresponsables’: “Estamos en temas muy difíciles, donde el populismo ha copado la política por encima de todas la cosas. En donde hay un sector muy relevante del país que le apuesta a que le vaya mal al presidente Duque para ganar unas elecciones, cuando ya ellos han probado ser pésimos ejecutores”.
Y ante la última pregunta ¿Y qué viene después del Congreso? Gabriel nos responde “Por ahora ser el mejor congresista, y crecer mucho”.
(*) Invictus: “En la noche que me envuelve, negra, como un pozo insondable, doy gracias al Dios que fuere por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias no he gemido, ni llorado. Bajo los golpes del destino mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos acecha la oscuridad con su horror. Y sin embargo la amenaza de los años me halla, y me hallará sin temor.
Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino ni cuantos castigos lleve a mi espalda: soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.
