“Si nuestro equipo comercial va a estar en la calle, arriesgando su vida, pues el equipo ejecutivo hará lo mismo. Aquí se predica con el ejemplo”, dice al recordar su llegada como presidente de Coltefinanciera en 2020, cuando la pandemia exigía tomar decisiones difíciles.
Venezolana de nacimiento, estadounidense tras recibir asilo, tiene como filosofía nunca rendirse: “Mientras más duro toque, no te dejes abatir: resiste y persiste”. Es abogada y desde muy joven se vinculó al sector financiero. Llegó al grupo empresarial Mezerhane, al que sigue vinculada, a los 25 años, a los 27 ya era vicepresidente, y a los 30 ya era miembro de la junta directiva. Luego, por la situación política de Venezuela tuvo que emigrar junto con sus tres hijas y su esposo a Estados Unidos. Diez años después llegó a Medellín para liderar Coltefinanciera, una entidad de financiamiento que promueve el ahorro y la inversión. “Llegué con dos impulsos: la pasión y el propósito. Quería una compañía más presente en la vida de los antioqueños y de todos los colombianos, que generara riqueza para todos”.
Hoy, Coltefinanciera ha multiplicado por cinco su tamaño respecto a 2020 y lidera proyectos sociales que han impactado cientos de vidas. En sus ratos libres, disfruta de “ser la mejor abuela posible”, pero también de combinar su liderazgo exigente y humano con un sentido social: “Somos conscientes de que cada cliente viene a nosotros con un sueño y hacerlo realidad es el mejor motor para la compañía”.
