CINE

Siete almas

Will Smith se reúne con su director de ‘En busca de la felicidad’ en el empeño de probar su talento para el drama. **

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Ricardo Silva Romero
18 de enero de 2009, 7:00 p. m.
Lo mejor de la película es la historia de amor que sucede entre el personaje interpretado por Smith y la mujer enferma encarnada por Rosario Dawson
Lo mejor de la película es la historia de amor que sucede entre el personaje interpretado por Smith y la mujer enferma encarnada por Rosario Dawson

Titulo original: Seven Pounds.
Año de estreno: 2008.
Dirección: Gabriele Muccino. Guión: Grant Nieporte.
Actores: Will Smith, Rosario Dawson, Woody Harrelson, Michael Ealy, Barry Pepper, Elpidia Carrillo.

Una película tiene que ganarse el derecho de manipular las emociones de los espectadores. Revisemos clásicos como ¡Qué bello es vivir!, E.T. el extraterrestre o Running on Empty: lloramos como si algo grave nos pasara, en las conmovedoras escenas finales de estos tres relatos, porque algo grave les sucede a sus entrañables personajes, porque realmente nos duele que esas personas, a las que hemos alcanzado a querer en la distancia, tengan que pasar por semejantes pruebas. Siete almas nos conmueve, en cambio, como nos asustan las malas películas de terror: a punta de musiquitas tramposas, sobresaltos de la cámara e informaciones de última hora que más bien parecen ases en la manga. Sin construir personajes, sin construir un verdadero drama, consigue las lágrimas más fáciles que puedan imaginarse.

El protagonista, que dice llamarse Ben Thomas, es un hombre misterioso empeñado en solucionarles las vidas a siete desconocidos que sólo parecen tener en común el hecho de ser buenas personas. ¿Por qué lo está haciendo? ¿Quiénes son? ¿Qué quiere darles? Esas preguntas acompañarán al espectador desde el principio hasta el final del largometraje.

Será agradable verlo. Será un alivio, como lo fue en la notable En busca de la felicidad, enfrentarse a Will Smith cuando no está tratando de explotar su supuesto carisma. Y será bonita la pequeña historia de amor que empezará a contar justo cuando comencemos a aburrirnos de su temor a narrar las cosas de frente. Pero no se ganará, por el camino, el frágil derecho a la manipulación.