La gente asocia las abejas a la miel, pero en el mundo existen más de 20 mil especies, de las cuales solo 7 producen el fluido dulce.
Los niveles altos de colesterol LDL (malo) pueden suponer un factor de riesgo de enfermedades cardíacas. - Foto: Getty Images/iStockphoto

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Así se debe consumir la miel para reducir el colesterol

Los niveles altos de colesterol LDL (malo) pueden suponer un factor de riesgo de enfermedades cardíacas.

Desde tiempos antiguos la miel ha sido utilizada para aliviar diversas molestias de salud. Culturas como la egipcia la incorporaron a sus dietas y remedios naturales, convirtiéndose en un producto de gran popularidad, gracias a sus propiedades antioxidantes y su alto contenido de nutrientes.

La miel, por ser rica en antioxidantes, posee propiedades nutricionales y terapéuticas que aportan varios beneficios para la salud, como proteger las células del organismo del envejecimiento prematuro, regular los niveles de triglicéridos y colesterol, y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, asegura el portal de salud Tua Saúde.

Además, posee propiedades antimicrobianas que ayudan a combatir infecciones causadas por hongos, virus y bacterias. Este alimento también puede ser utilizado en pequeñas cantidades para endulzar de forma natural los alimentos.

Adicionalmente, puede ayudar a reducir varios factores de riesgo de enfermedad cardíaca común en personas con diabetes tipo 1, así como el colesterol LDL malo, los triglicéridos y la inflamación mientras aumenta el colesterol HDL bueno, según las conclusiones de un estudio de la Universidad Ain Shams, citado por el portal de gastronomía y recetas saludables Alimente.

El colesterol malo (LDL) es una sustancia presente en la sangre que empieza a generar problemas cuando aumenta demasiado. Si se produce esta circunstancia, las células no son capaces de absorberla y se queda adherida a las paredes de las arterias; mientras que el colesterol bueno ejerce como una especie de aspiradora del LDL. Es decir, lo succiona y se lo lleva el hígado para que este lo elimine del organismo.

La presencia de colesterol bueno en el cuerpo está relacionada con la longevidad, un menor riesgo cardiovascular y la reducción de las posibilidades de que se produzcan coágulos.

Por otro lado, una investigación realizada por la American Chemical Society demostró que la miel tiene los mismos efectos positivos en la reducción del LDL que, por ejemplo, las frutas y verduras. La clave es precisamente su capacidad antioxidante.

En torno a la salud del corazón, los niveles altos de colesterol LDL (malo) pueden suponer un factor de riesgo de enfermedades cardíacas. Este tipo de colesterol influye en la aterosclerosis, la acumulación de grasa en las arterias que puede provocar ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares.

La miel puede mejorar los niveles altos de este colesterol, mientras aumenta el HDL bueno, como también lo indica una investigación de la Universidad de Teherán, en Irán.

Además, este producto puede ayudar a disminuir los niveles de triglicéridos debido a que puede utilizarse como sustituto del azúcar. Generalmente, las dietas ricas en azúcar y carbohidratos refinados producen un aumento en los niveles de triglicéridos, aumentando el riesgo de enfermedades del corazón y diabetes tipo 2.

En este sentido, un análisis del Laboratorio de Investigación Médica de Emiratos Árabes Unidos ha relacionado el consumo regular de miel con niveles más bajos de triglicéridos, especialmente cuando se usa para reemplazar el azúcar, destaca el portal Alimente.

Según el portal Maes Honey, la recomendación de consumo diario de miel para una persona sana, sin problemas de peso, y que no basa su dieta en un consumo excesivo de azúcares es máximo una cuchara pequeña de miel. Esto es aproximadamente entre 10 a 12 gramos. No obstante, el consumo de este producto dependerá del tipo de alimentación que cada persona lleve y si realiza actividad física o no.

Una de las grandes conclusiones de los especialistas es que la miel es rica en fructosa, pero también lo es en varios antioxidantes que producen numerosos beneficios para la salud. Es más saludable que el azúcar, y depende del individuo que la consuma y de las determinaciones del médico, cómo y en qué cantidades debe ser consumida.