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| 3/14/2004 12:00:00 AM

El cerebro tragado

Una antropóloga llevó el amor al laboratorio para saber qué pasa en el cerebro cuando alguien siente el flechazo de Cupido.

El cerebro tragado El cerebro tragado
Cuáles son los químicos que producen el sentimiento universal del amor? ¿Por qué los amantes sienten euforia, pérdida del apetito y falta de sueño? ¿Qué hace que a una persona se le vuelva una obsesión su ser querido? ¿Qué áreas del cerebro se activan cuando alguien se siente enamorado? Todos esos interrogantes rondaban en la mente de Helen Fisher en 1996. Ese año, esta antropóloga de la universidad de Rutgers decidió arrebatar a los poetas el amor y llevárselo a los científicos..

El resultado de seis años de investigación es el libro Why we love, que acaba de publicarse en Estados Unidos. En el trabajo la científica pudo confirmar muchas de las hipótesis que se planteó: que la sensación de estar enamorados está ligada a niveles más altos de dopamina o norepinefrina y que las áreas del cerebro involucradas se conocen como núcleo caudato y región tegmental ventral, donde se produce la dopamina. En otras palabras, es el cerebro y no el corazón el que se enamora y cuando lo hace, más que producir emociones, instala un sistema de motivación para construir una relación con otra persona. "Un mecanismo poderoso para enfocar toda la energía del cortejo en una persona, un milagro para producir más humanos", dice Fisher.

Para llegar a esta conclusión, Fisher invitó a 800 personas 'muy enamoradas'. Cada participante fue conectado a un escáner y se le fueron pasando fotos de la persona amada alternadas por fotografías neutrales. Mientras tanto el aparato tomaba imágenes que captaban las zonas de mayor actividad cerebral por el aumento de flujo de sangre en determinada área. Este experimento se complementó con un cuestionario para ver si los entrevistados coincidían con las sensaciones de enamoramiento.

Las imágenes de los escáneres concordaron con las respuestas. Los que mejor puntuaron en el test del amor romántico tenían mayor actividad en el núcleo caudato, parte del cerebro reptil y que controla el movimiento. También tiene que ver con el sistema de recompensas, es decir, con el deseo, el placer y la motivación. Otra de la áreas iluminadas es el área tegmental ventral, centro de producción y distribución de dopamina al resto del cerebro. Mientras lo hace se aumentan la energía, la motivación para las recompensas y los sentimientos de euforia. "Por eso los amantes hablan toda la noche, escriben 'e-mails' extensos, cruzan el continente para encontrarse con su amado por sólo un fin de semana, cambian su estilo de vida o de trabajo e incluso mueren por el otro", dice la autora.

Fisher cree que en los seres humanos el amor viene en tres presentaciones: lujuria, amor romántico y relación a largo plazo. Estos tres sabores permiten el sexo, el vínculo y la crianza de hijos. La lujuria es similar al estado que producen los opiáceos. Produce un coctel de serotonina, oxitocina y vasopresina para relajar el cuerpo e inducirlo al placer. El enamoramiento es un refinamiento del estado anterior y permite a la persona enfocarse en una sola pareja. Los científicos creen que esta etapa es muy parecida a la que viven los maniacodepresivos cuando están en su período de euforia, pero a Fisher se le parece más a lo que viven quienes padecen de desorden obsesivo compulsivo. Sea como fuere, en este sistema se presentan pensamientos obsesivos, una felicidad extrema y en éxtasis permanente. Pero el amor romántico es muy inestable y, por lo tanto, no es el estado ideal para criar hijos. Para eso está el apego estable que se caracteriza por la calma, seguridad y la conexión emocional.

Estas tres posibilidades se dan por etapas en algunos casos. En otros pueden permanecer de manera simultánea con la misma persona. En otros casos no, y es cuando hay peligros. "Esta independencia de los sistemas hace que sea posible amar a más de una persona al tiempo, una situación que lleva a los celos, al adulterio y al divorcio y también a la promiscuidad y la poligamia", explica.

¿Para qué sirve todo esto?Entender el cableado neuroquímico del amor ayudaría a tratar problemas de la misma forma que se hace hoy con la depresión o la ansiedad. No sólo se podrían tratar problemas como el autismo y la esquizofrenia sino también, por ejemplo, inhibir el amor romántico. Aunque esto, según los expertos, sería posible pero sólo cuando está en una etapa incipiente pues una vez éste toma fuerza "es una de las más grandes motivaciones del mundo, incluso más que el hambre", dice Fisher. Una pastilla de serotonina le haría cosquillas a un enamorado, aunque podría ayudarles a otros a salir rápido de un despecho.

Algunos filósofos furibundos dirán que esto no sirve para nada y que quienes creen que estar enamorado es una cuestión química están en un error lógico. Y aun si es un error, lo interesante es conocer un poco más el mecanismo tan complejo que tiene el cerebro para lograr hacer sentir a la gente las vibraciones del amor, que en últimas son el motor más importante de la vida.

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