Una de las zonas del rostro más difíciles de tratar es el mentón, ya que está constantemente expuesto al ambiente en general.
Por esta razón, se ve afectado a medida que pasa el tiempo con signos como las imperfecciones, la flacidez o la aparición de la famosa y molesta papada. Esta última se produce también debido a la acumulación de grasa, la mala postura y el envejecimiento.
Si bien se trata de un exceso de grasa situado debajo de la barbilla que generalmente les agrega años a las personas, la papada hace que el contorno oval se desdibuje, convirtiéndose en un tema estético que puede aumentar con la vejez. “Con la edad, la piel del cuello se acaba descolgando y puede causar esta capa de grasa”, según el magazín Muy Saludable de Sanitas.
De acuerdo con la Academia Americana de Cirugía Plástica y Reconstructiva, la papada no es causada por el sobrepeso, sino que existen factores genéticos que influyen en que algunas personas acumulen células grasas en esta área del cuerpo.

Técnica de masaje reductivo para la papada
Para quienes sufren de este problema, presentamos una técnica de masaje reductivo para la papada compartido por el blog especializado en bienestar y salud, ZentoGo, que puede ayudar a eliminar esa molesta capa de grasa.
Antes de realizarlo, la persona interesada debe lavar correctamente las manos y el rostro, lubricar bien con el aceite las manos, la zona del cuello, la papada y las mejillas
Primer movimiento:
- El objetivo principal de este masaje es activar el sistema linfático y permitir que el exceso acumulado de líquido y tejido adiposo pueda drenarse.
- Lo primero será estimular suavemente los ganglios que van de la parte de atrás de las orejas a la clavícula, con movimientos lentos y circulares de las yemas de los dedos, siempre de arriba hacia abajo.
- Mantener este movimiento unos treinta segundos.

Segundo movimiento:
- Colocar los pulgares detrás de la barbilla, como si se quisiera enganchar la mandíbula hacia adelante.
- Siguiendo el contorno del hueso, y siempre presionando hacia arriba y hacia adelante, con firmeza pero sin lastimar, deslizar las yemas de los pulgares hasta la zona en que se une el maxilar al cráneo, cerca de las orejas.
Tercer movimiento:
- Justo en donde se termina el movimiento con los pulgares, colocar las yemas de los otros cuatro dedos y hacer un movimiento descendente, lento y firme hasta las clavículas.
- Repetir siete veces el segundo y tercer movimiento. Lo que se está haciendo este paso es movilizar las toxinas y exceso de líquidos retenidos en el tejido, y lo está llevando por el camino natural de desecho de los ganglios linfáticos.
Cuarto movimiento:
- Colocar el pulgar derecho debajo de la barbilla, a la altura de la comisura de la boca, y hacer un movimiento firme de “barrido” hasta el otro lado de la barbilla.
- Repetir siete veces en la misma dirección, y luego exactamente al revés.
Quinto movimiento:
- Deslizar las yemas de los dedos desde las orejas hasta la clavícula nuevamente.
- Repetir tres veces de cada lado.
Sexto movimiento:
- Con la yema del pulgar detrás del hueso de la barbilla, aprisionar el contorno de la mandíbula por encima con el índice, como si se hiciera una pinza, e ir presionando con suaves movimientos en semicírculos todo el contorno hasta llegar a la oreja.
- Nuevamente, finalizar el movimiento con drenaje hacia la clavícula.
Séptimo movimiento:
- Para finalizar, activar la circulación de la zona con suaves pellizcos desde la papada hasta la mejillas.
- No estirar la piel hacia afuera, simplemente estimular la dermis con presiones siempre en sentido hacia las orejas.
- Finalizar con un último drenaje linfático.

