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El sol es bueno para evitar el cáncer de mama

Asi lo demostró un reciente estudio, en el cual el riesgo de este cáncer fue menor en las mujeres con mayor exposición solar.


El sol siempre ha sido señalado como un enemigo del cáncer. Sus rayos ultravioleta, según la ciencia, han mostrado provocar cambios en la piel que podrían llevar a un cáncer en este órgano, el más amplio del cuerpo humano. Pero ahora un estudio señala que el sol tendría beneficios para evitar otro tipo de cáncer muy común: el de mama. Según este trabajo científico existe una asociación entre un menor riesgo de cáncer de mama con una mayor exposición al sol. Los autores del trabajo fueron investigadores de la Universidad de Buffalo ´-en Estados Unidos-, y la Universidad de Puerto Rico.

El artículo, que fue publicado en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention, ha utilizado para su desarrollo un cronómetro con el cual se pudo comparar la pigmentación de la piel en aquellas mujeres expuestas al sol y en aquellas que no estaban expuestas al sol, en un total de 307 casos y 328 controles.

El resultado fue que “el riesgo de cáncer de mama fue menor para las mujeres con mayor exposición solar acumulada. De manera similar, el riesgo fue menor independientemente del estado del receptor de estrógeno, e incluso fue menor entre los participantes con un color de piel más oscuro”, ha asegurado el investigador del trabajo Cruz Nazario.

“Este estudio ha sido único porque fue hecho entre mujeres puertorriqueñas, lo que nos permitió ver esta asociación en una población con una amplia gama de colores de piel y con alta exposición al sol durante todo el año”, ha comentado la autora principal del estudio, Jo Freudenheim, profesora en el Departamento de Epidemiología y Salud Ambiental de la Facultad de Salud Pública y Profesiones Sanitarias de la Universidad de Buffalo.

Los estudios anteriores sobre este tema se habían realizado en lugares que experimentan variaciones estacionales en la radiación ultravioleta, incluidos períodos de exposición baja o nula. En el caso de Puerto Rico no hay una fluctuación estacional significativa. La exposición al sol tendría efectos sobre la inflamación, obesidad y ritmos circadianos según evidencia científica aunque inconsistente.

Otros estudios ya habían informado sobre este beneficio. En 2007, un equipo de investigación del Centro de Cáncer del Norte de California, la Universidad del Sur de California y la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest descubrió que una mayor exposición a la luz solar, que aumenta los niveles de vitamina D en el cuerpo, puede disminuir el riesgo de cáncer de mama.

En el estudio publicado en el American Journal of Epidemiology, los investigadores encontraron que las mujeres con una alta exposición al sol tenían la mitad de riesgo de desarrollar cáncer de mama avanzado (que se ha extendido más allá de la mama) en comparación con las mujeres con poca exposición al sol. Estos hallazgos se observaron solo en mujeres con un color de piel naturalmente claro. El estudio definió la alta exposición al sol como tener piel oscura en la frente, un área que generalmente está expuesta a la luz solar.

En esa oportunidad los científicos utilizaron un reflectómetro portátil para medir el color de la piel en la axila, un área que generalmente no está expuesta directamente a la luz solar. Con base en estas medidas, clasificaron a las mujeres como de piel de color natural claro, medio u oscuro. Luego, los investigadores compararon la exposición al sol entre mujeres con cáncer de mama y aquellas sin cáncer de mama. La exposición al sol se midió como la diferencia en el color de la piel entre la axila y la frente.

Los experto creen que la luz solar ayuda a reducir el riesgo de cáncer de mama de las mujeres porque el cuerpo produce la forma activa de vitamina D a partir de la exposición a la luz solar. “Es posible que estos efectos se hayan observado sólo entre mujeres de piel clara porque la exposición al sol produce menos vitamina D entre las mujeres con pigmentación naturalmente más oscura “, dijo Esther John, Ph.D., investigadora principal del estudio del Northern California Cancer Center.