Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/7/1987 12:00:00 AM

EL ULTIMO GRITO

Christian Lacroix, el niño prodigio de la moda francesa, se convierte en el número uno del mundo.

EL ULTIMO GRITO EL ULTIMO GRITO
El romance está nuevamente en la moda. Y el responsable de haberlo sacado del closet es Christian Lacroix, el nuevo niño prodigio de la moda francesa. Para empezar, ha resuelto echar por la borda las amenazantes espaldas de potentes hombreras, que venían exhibiendo las mujeres por las ciudades del mundo. En su lugar, ha decidido revivir el sex appeal, envolviendo la figura femenina en florecitas, tules, crinolinas y lazos. Con Lacroix la mujer ha recobrado ese algo deliciosamente femenino con lo que ella había soñado.
Las idas y venidas son inherentes a la moda. Pero raramente suceden con tanta autoridad. Desde que Ives Saint Laurent desplegó su ingenio a comienzos de los 60, ningún diseñador había logrado concentrar tanta atención ni esperanza comercial como Lacroix. Aún más, fuera de él es probable que en materia de moda no esté sucediendo nada nuevo bajo el sol.
A los 36 años, Lacroix ha creado algo así como la moda "Camelot".
Revivió ese viejo y cansado caballo conocido como "alta costura" -esa institución anacrónica que produce vestidos cosidos a mano para cierta clase de señoras bien- y lo hizo relinchar con ingenio y audacia, no sin cierto toque transgresor. Ha fundado en París una casa de "alta costura" y de vestidos listos para usar que no se había repetido desde la que fundó Emanuel Ungaro hace más de 20 años. El negocio de los vestidos y las crinolinas ha florecido bajo su toque. Pero lo más significativo es que les ha permitido a las mujeres descubrir nuevas fuentes de diversión y romance esculcando muy adentro de sus siquis y de los baúles de sus abuelas. Lacroix ha legitimado el derecho de soñar de día y lo ha lanzado a la calle.
"Nunca he querido solamente impactar o divertir", dice el diseñador. Y una de sus fanáticas, la modelo de Chanel Inés de la Fressange dice: "Es mucho más que divertido o sexy. Es antiburgués. Su elegancia excéntrica es lo que a mí más me gusta. Cada cosa cuenta una historia. Evoca una mujer de otra época. Probablemente una que sólo existe en su cabeza".
Esta volátil fantasía está produciendo millones. "La sensibilidad es lo que es importante en estos días, más que las estrategias de marketing", dice Lacroix. En enero pasado hizo uno de los más soñados matrimonios financieros en la historia de la moda, invirtiendo 8.3 millones de dólares en la firma Patou, por medio del conglomerado francés Financiere Agache, que también posee a Christian Dior.

SUEÑO, LUEGO SOY
Una vez, cuando estaba muy joven, le preguntaron a Lacroix qué quería ser. "Yo quiero ser Christian Dior", respondió, y es probable que haya logrado ya ser algo similar. Hizo sus primeros pinos en Guy Paulin y Hermés, y surgio en 1971 como costurero de la casa Patou. Era entonces un bien hablado y amable desconocido de corbatas salvajes con una imaginación volcada hacia las glorias del pasado. "Muy cultivado", es la descripción reverente que se hace en Francia de Lacroix, un hombre que se ha entrenado para su profesión como un curador de museo, estudiando historia del arte en Montpellier. Jean Dmouy, propietario de Patou -una vieja y venerable casa que ha dejado que una corriente de talento pase a través de sus puertas, incluyendo nombres como Karl Lagerfeld y Marc Bohan de Christian Dior- le dio al diseñador esa oportunidad, impresionado por su conocimiento del arte y la historia del vestido, que es actualmente su divisa profesional. Lacroix cree que estamos básicamente en un período de nostalgia y no de creatividad. "Lo que me gusta es el glamour del pasado. Juego con cosas que ya existen y las mezclo en forma diferente. Lo que me interesa es utilizar todo el repertorio de la moda para crear una atmósfera, un ambiente para que las mujeres se muevan en él. Es ahí donde me aproximo al teatro". Pudiera decirse que Lacroix es el vocero de un movimiento en el diseño que baraja las cartas de la tradición, combinando las imágenes del pasado en formas totalmente nuevas.
Los suntuosos "cuarteles" de Lacroix, una vieja mansión con jardín, están instalados en el número 73 de la calle de Fabourg St. Honoré. Allí el joven diseñador lidera una nueva generación de hacedores de estilo que buscan refugio en lo ornamental, lo absolutamente decorativo, lo fantástico, lo caprichoso. Encanto, fantasía y un sentido del teatro, son la clave de la sensualidad de los diseños de Lacroix. "Sueño, luego soy", afirma.
En un negocio basado en la pose intimidatoria, Lacroix es una rareza. Es un tipo sencillo, que se tutea con sus empleados, que se viste de jeans y rechaza los cocteles y las invitaciones a comer. No maneja. No le gusta el plástico y repudia los excesos de la vida moderna. Es un conservacionista de una cierta calidad de la vida que está desapareciendo. Esa es su motivación. Utiliza la extravagancia en una forma romántica, para luchar contra las cosas que están muriendo. Por eso es por lo que es tan feliz con la costura. "Es como una misa en una iglesia", dice "Hay un rito en cada nivel: la forma como se hace el vestido, la persona que hace los botones, la que hace los bordados, las repetidas pruebas. Es toda una ceremonia que se hace necesaria para crear un vestido de alta costura".
La primera vez que se sintió un devoto de los ritos de la sofisticación fue con quienes él llama "familia de marginales". Era adolescente, vivía en Provenza donde sostiene que tuvo experiencias muy formativas. "Siempre tuve una tendencia a mirar hacia la gente más bizarra y barroca del colegio". En las tardes se mezclaba con un grupo de intelectuales aprendices de matadores, mediums y cineastas. "Era como sacado de películas de Cocteau", recuerda. Con ellos descubrió la elegancia de Oscar Wilde, las películas de la Garbo y la Dietrich, el glamour de los años de guerra, sobre los cuales su imaginación siempre ha florecido.
Hijo de un ingeniero de Arles, Lacroix canalizó su fascinación por el pasado a través del estudio de la historia del arte. Pero en 1978 abandonó su proposito inicial, después de ver una exposición sobre la historia del vestido en el Museo Metropolitano de Nueva York. Y fue en la casa Patou donde su amor por el drama inherente a la historia del vestido encontró su primer escenario. "Traté de respetar la imagen que tenían", dice Lacroix y agrega: "Pero en 5 años Jean-Jacques Picart (uno de sus actuales socios y el encargado de las relaciones públicas y el mercado de la firma) y yo terminamos por crear una imagen que era exactamente la opuesta. El espíritu de la casa era en parte contemporáneo, en parte audaz. Así que busqué la imagen de una mujer elegante, ansiosa por redescubrir la extravagancia de la alta costura que había sido masacrada por el lujoso listo-para-usar".
Por la época en que Lacroix se ganó el premio Golden Thimble por la colección primaveraverano de 1986, la casa Patou había sacudido su letargo. Pero el glorioso ascenso de Patou terminó amargamente con la partida de Lacroix, algo que era probablemente inevitable dadas las demanda de su talento y las fallas de la administración Patou para darle salidas. Por ejemplo, los planes para colecciones de ropa lista para llevar nunca parecían "cuajar". Como revancha, la casa Patou demandó a la Financiere Agache por 85 millones de francos, acusándola de intentar robar sus negocios. "Son las uvas amargas" dice apesadumbrado Lacroix. "Hay diseñadores talentosos por todas partes. No soy irremplazable".
Para Lacroix, el encanto de su taller está comprometido ahora con una enorme presión y grandes retos. Debe establecer y controlar la identidad de un imperio que tiene ahora como meta los Estados Unidos. De hecho, el miércoles de la semana pasada se tomó Nueva York. En una noche de gala, con todas las de la ley, lanzó su colección Luxe, una colección comercial de ropa lista para usar y una más sofisticada de vestidos de noche. El debut fue un éxito: al día siguiente de la exhibición recibió en Bergdorf Goodman, el lujoso almacén que tiene la representación de su marca, pedidos por 300 mil dólares. "Los franceses siempre se visten para el detalle, esa pequeña cosa que es muy personal. Los americanos tienen una elegancia más fría, una tendencia a usar uniforme. Pero es un uniforme muy bien pensado, muy moderno", dice Lacroix, y sostiene que "la alta costura es creativa, tengo suerte de tener esa creatividad. Pero la ropa lista para llevar tiene que ser negocio. Es lo que encuentro moderno en la forma como trabajo".
Lacroix pertenece a una nueva generación de diseñadores de alta costura, nacido en la era del mercado global. "Los días del gran creador, aislado y reacio a vérselas con las finanzas terminaron. No podemos seguir diciendo por más tiempo que París es la capital de la moda, que somos los mejores. Hoy uno tiene que saber lo que pasa en todo el mundo".
Este diseñador, particularmente opuesto al dogma de la suprema estética francesa, porque no se siente francés, sostiene que "el éxito me atemoriza. Me gusta cuando a la gente no le gusta algo. Es más real, que cuando todo el mundo delira a favor de algo. Uno sabe que si algo gusta mucho, lo que sigue no va a gustar en absoluto ".
A pesar del éxito, Lacroix no es un hombre pedante y ante la fabulosa acogida que han tenido sus diseños en París y Nueva York, dice que se siente como un niño. "No estoy seguro de que todo esto me esté sucediendo a mí. Sólo espero estar a la altura de todo este montaje".







EDICIÓN 1879

PORTADA

Gustavo Petro: ¿Esperanza o miedo?

Gustavo Petro ha sido un fenómeno electoral, pero tiene a muchos sectores del país con los pelos de punta. ¿Cómo se explica y hasta dónde puede llegar?

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com