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| 6/9/2018 7:39:00 PM

¿Por qué tratamos a los animales como humanos?

En entrevista con SEMANA, la veterinaria Myriam Acero hace un repaso de los orígenes de la relación entre los humanos y animales. Explica, entre otras cosas, por qué es importante diferenciar entre un trato afectuoso con las mascotas y la humanización.

¿Por qué tratamos a los animales como humanos? ¿Por qué tratamos a los animales como humanos?

La veterinaria Myriam Acero es la autora del estudio ‘La relación humano-animal de compañía como un fenómeno sociocultural’, publicado por la Universidad Nacional en 2017. Su trabajo, es uno de los pocos que existen en Colombia sobre este fenómeno sociocultural  de la modernidad. Según la experta, la estrecha relación entre ambos es una tendencia  que viene creciendo desde hace diez años en el país. En conversación con SEMANA explica que una de las razones fundamentales es que cada día hay más hogares unipersonales, por lo que los dueños pueden invertir más dinero en sus mascotas al mismo tiempo que estas se convierten en su compañía principal.

SEMANA: ¿Cómo se puede explicar la tendencia a humanizar las mascotas? ¿Se podría decir que esto tiene que ver con una carencia afectiva o el aumento de la soledad en las personas?

Myriam Acero: Más que humanizar yo diría que lo que estamos viendo es una relación humano-animal más cercana, que a veces llega a humanizarse. Lo que yo encontré en mi investigación es que esta relación más estrecha se explica desde diferentes aproximaciones, una es como usted lo presenta, la carencia afectiva (substitución humana), otra la moda, que está el impulso de la industria para “mascotas” que invita a tratar a los animales como miembros de la familia y como tal a consumir más productos.  También está la hipótesis de la biofilia, es decir la afinidad que tenemos con lo vivo, pero no hay que olvidar que ante todo se trata de una relación bastante genuina, singular y llena de afecto y por todo lo anterior muy compleja.

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SEMANA: Pero, ¿no cree que hay casos en los que se supera el límite?

M.A.: Sí, aunque hay que tener cuidado con generalizar afirmando que de por sí la humanización es un error.  También se puede dar el caso de irse al extremo de dejar un perro en la azotea o en el patio porque ese es su lugar asumiendo que dejarlo entrar a casa es humanizarlo. En esta acción estamos desconociendo la naturaleza social de estas especies y su acostumbramiento evolutivo a compartir con grupos humanos y también con otros de su misma especie. Entonces el punto está en reconocer las necesidades de cada animal según su naturaleza.  El problema de la humanización está en las prácticas que afecten tanto el bienestar animal como el humano. Los humanos hacemos uso del lenguaje verbal y no verbal para expresar emociones y sentimientos, de manera que necesitamos nombrar y hablar con los animales de compañía para expresar nuestra empatía, esto no es humanizar, es parte de la relación en la que cada parte entra con sus propias características e intereses.

SEMANA: Esta nueva relación entre humano y animal, como la vivimos hoy en día, es algo definitivamente reciente, ¿Cuáles fueron los orígenes? 

M.A.: Bueno,  la compañía y el afecto con especies como los perros y los gatos han existido desde su misma domesticación. Entre dioses y demonios, perros y gatos transitaron por la historia de la cultura occidental hasta llegar a constituirse en “mascota” como un producto más de la modernidad. Es en Inglaterra a mediados del siglo XIX que el cuidado del perro y del gato se hace por placer y compañía, junto con una serie de artefactos culturales que facilitaban esta labor como por ejemplo vestidos, comida peletizada, collares y otros. La ‘mascota’ moderna surge entonces especialmente entre la aristocracia, que era la que tenía tiempo de ocio, recursos económicos y la que podía trasgredir las prohibiciones religiosas. Poco a poco se fue popularizando por imitación del pueblo de los pasatiempos aristócratas, por la romantización del campo producto de la revolución industrial y por muchos más factores. Sin embargo hay que tener en cuenta que en cada lugar la historia tuvo sus particularidades, fue muy diferente el proceso en Estados Unidos, en Francia o en Colombia.

SEMANA: ¿Cómo vio desde su investigación la transformación de esta relación humano-animal en las últimas décadas? 

M.A.: En las últimas dos décadas a nivel mundial especialmente en culturas occidentales se ha visto una marcada transformación en la relación con las especies de compañía. En Estados Unidos por ejemplo, país con la mayor población de perros y de gatos del mundo, cada vez son más las personas que consideran a perros y gatos como miembros de la familia e incluso como hijos. La industria de productos para mascotas en ese país figura entre los reglones principales de la economía. En Colombia y otros países latinoamericanos hay un aumento creciente tanto en la “tenencia” de perros y gatos como en las formas de relación y esto especialmente en los últimos 10 años. Ya es común aquí ver guarderías y colegios para perros, alimentación especializada, paseadores de perros, etcétera. Hay un cambio del perro guardián o el gato cazador hacia la mascota.

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SEMANA: Pasando al plano individual, ¿qué consecuencias puede tener ese exceso de cariño entre el animal y su dueño?

M.A.: Yo prefiero no llamarle dueño sino cuidador y esto ya marca una diferencia. Como cuidadora que soy de un perro, se lo difícil que es demarcar los límites del cariño. Me parece que si las personas estamos atentas a reconocer en el otro un ser vivo con naturaleza propia, necesidades específicas y singularidad, minimizamos las consecuencias negativas de una relación afectivamente sobredimensionada. Es decir, si yo entiendo que lo que para mí es importante como comer dulces, ponerme vestido y calzado, No lo es para el animal, estoy respetando su naturaleza y así no le hago daño, ni me creo falsas expectativas. Lo disfruto y valoro por su condición animal. También hay que entender que el apego excesivo le puede causar malestar al animal por gran dependencia de los humanos y a los humanos malestar ante la ausencia, enfermedad o muerte del animal. Cada vez es más común el duelo por la pérdida de un animal.

SEMANA: ¿Cómo ve usted esta situación en el día a día de Colombia?

M.A.: Yo veo cambios importantes por lo menos en lo que respecta a las especies compañía. Como explicaba más arriba el boom de estas especies en Colombia no es asunto solo de soledad o de moda, hay mucho afecto de por medio y en general se percibe tendencia positiva hacia el cuidado animal. La empatía y también la compasión que se desarrolla en la relación interespecífica es muy importante. Lo preocupante es cuando se vuelve objeto de consumo y esa tendencia también se identifica en el país, preocupante porque esto lleva a tratar a los animales como otro objeto más y como juguete vivo. Hay que tener en cuenta que cuidar de un animal es una decisión muy importante en la que toda la familia debe estar de acuerdo pues requiere de disposición, tiempo y dinero. Así como hay relaciones humano-animal más o menos equilibradas, hay otras que desafortunadamente terminan en crueldad y abandono animal, la frontera es muy lábil. 

M.A.: ¿Cuál es la diferencia entre  antropomorfizar y humanizar?

Antropomorfizar desde su etimología tiene que ver con la forma, en este caso dar forma humana a los animales como se puede ver en ciertas figuras míticas y también en los dibujos animados donde aparecen animales que hablan, van vestidos y cumplen roles humanos. Humanizar es poner atributos humanos donde no los hay y tratarlo tal, vestirlo, considerarlo como un hermano o hijo, también trasponer imaginarios humanos como por ejemplo pensar que a los animales machos no se deben castrar porque se frustran. En la práctica antropomorfizar y humanizar pueden funcionar de manera simultánea.

M.A.: En su investigación también se habla del impacto económico que tiene esta nueva tendencia. Hoy por ejemplo hay hoteles, colegios, peluquerías, hasta revistas para perros. ¿Cómo ve este aspecto, positivo o negativo?

M.A.: Considero que es importante el crecimiento de este renglón de la economía, cada vez se ofertan más  productos y servicios que facilitan el cuidado animal y que mejoran la relación en la interacción cotidiana, también reconozco que es importante como renglón generador de empleo. Sin embargo, creo que hay una sobreoferta de productos y servicios suntuosos que los animales no requieren y que dejan ver cómo los animales se tornan en otra mercancía, desafortunadamente como muchas otras cosas los seres vivos y también el afecto humano y animal se convierten en asuntos de negocios. 

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M.A.: ¿La economía responde a una demanda, o es la misma industria la que impulsa a generar la necesidad de este consumo?

M.A.: El mercado afirma responder a la tendencia social de humanizar a los animales, pero en el análisis más detallado de la publicidad relacionada con mascotas podemos ver que el mercado humaniza la relación y así introduce y masifica la tenencia animal y también genera nuevas necesidades de consumo de productos y servicios. El peligro de esto es que las familias, movidas por la publicidad y por lo que se convierte en norma como que toda familia para ser completa tiene que incluir un animal de compañía, van adquiriendo animales sin tener el suficiente conocimiento de lo que implica y muchas veces se llevan sorpresas que pueden terminar en una situación de difícil manejo que en casos extremos produce descuido de los animales y hasta su abandono.

M.A.: En su trabajo también se habla sobre los riesgos que puede tener esto para la salud pública ¿Cuáles son? ¿Cómo lograr un equilibrio?

M.A.: La tendencia tanto al incremento en la “tenencia” de perros y de gatos especialmente en las ciudades así como el establecimiento de relaciones humano-animal más estrechas sin duda tienen repercusiones en salud pública. Por un lado, el aumento de la población de animales conlleva a más demanda de servicios, más producción de alimentos concentrados y otros productos y esto a su vez a más huella ecológica. Cuando no se hace de la manera adecuada, una relación más estrecha puede conllevar a más riesgo de enfermedades compartidas, más presencia de excrementos en las calles así como mayor demanda de recursos públicos para actividades preventivas y de control para evitar impactos de la “tenencia” en la salud y en el ambiente.

SEMANA: ¿Hay algún lado positivo?

M.A.: Si lo vemos de otra manera, una relación más cercana lleva a mayor cuidado de los animales y posiblemente más prevención en la transmisión de enfermedades. Los perros y los gatos también cumplen roles importantes como compañía, alivio de la soledad y promoción de la actividad física, entre otros, que sin duda tienen un efecto positivo en la salud.  El equilibrio por tanto dependerá de políticas públicas que no solo apunten hacia “tenencia” responsable sino también a la adquisición responsable, es muy importante seguir promocionando la esterilización y la adopción animal y a la vez ir desestimulando la adquisición de más animales en los hogares.

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