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| 11/16/2002 12:00:00 AM

La polémica continúa

La terapia hormonal sigue en entredicho. Los médicos dicen que no hay que alarmarse pero muchas mujeres prefieren dejar las drogas y convivir con la menopausia.

Hace cuatro meses se le acabó la tranquilidad a Teresa Mendoza. Ella es una juiciosa paciente cuyo ginecólogo le recomendó iniciar una terapia hormonal hace ya cinco años, cuando su cuerpo dejó de producir estrógeno. Nunca se ha sentido mal y reconoce que el medicamento (en parche) ha sido una bendición porque ya no siente los fastidiosos calores propios de la menopausia, ya no sufre ataques de sueño, su piel rejuveneció y recuperó su deseo sexual. Además estaba protegida contra la enfermedad coronaria, conservaba sus huesos sanos y fuertes y mantenía su agudeza mental.

Sin embargo desde hace cuatro meses Teresa anda ansiosa a raíz de la publicación de un artículo en el Journal of the American Medical Association, según el cual un medicamento utilizado en la terapia hormonal estaba relacionado con el aumento de los ataques cardíacos, los derrames, taponamientos vasculares y hasta cáncer de seno. La investigación se realizó en 16.000 mujeres durante cinco años y, aunque el estudio debería durar tres años más, decidieron terminarlo antes de tiempo para evitar que más mujeres resultaran afectadas por los efectos secundarios de la droga.

Pese a que el medicamento en cuestión no es el mismo que consume Teresa, y su ginecólogo le ha dicho que no corre peligro y que no generalice, eso no ha evitado que esta paranoica ama de casa quiera tirar el tratamiento por la borda y aguantar a palo seco los fragores de la menopausia aunque eso signifique sacrificar su calidad de vida.

Su caso no es único. En Estados Unidos las ventas de estas drogas han bajado y los médicos ya no saben cómo reaccionar ante la avalancha de preguntas sobre la seguridad del tratamiento. Entre ellos mismos hay divisiones, pues mientras los ginecólogos abogan por su uso los internistas -que prescribían hormonas para prevenir enfermedades cardíacas- han optado por métodos menos comprometedores.

Marcia Stefanic, doctora de la Universidad de Stanford que participó en el estudio que desató la polémica, señaló que dejar la terapia hormonal no es tan terrible como parece y que, de hecho, muchas mujeres no presentan malestares insoportables relacionados con la menopausia. El afán por recetar hormonas, dicen, radica en que a la consulta sólo llegan las mujeres enfermas y no se tiene en cuenta a aquellas que no desarrollan los síntomas. Otro punto a favor, que puede ser calificado de superficial, son los efectos de la hormona en la piel pues le devuelve su lozanía y suavidad, lo cual explicaría que las mujeres quisieran continuar con el tratamiento a pesar de las críticas.

Los investigadores que realizaron el estudio sostienen que lo importante es que las mujeres no consuman las drogas porque sí, sino que se replanteen las razones por las que lo hacen para determinar si el remedio es mejor o peor que la enfermedad. Hasta ahora nadie ha ganado la batalla.

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