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| 5/30/1988 12:00:00 AM

SOÑAR NO CUESTA NADA

A pesar de lo que se cree, el insomnio ocasional no altera el desempeño normal de la persona

SOÑAR NO CUESTA NADA, Sección Salud, edición 313, May 30 1988 SOÑAR NO CUESTA NADA
Son las 3:00 de la madrugada. Usted tiene a las 9:00 de la mañana una reunión clave para definir un negocio en el cual se juegan jugosas cifras. Usted no puede conciliar el sueño y da vueltas y vueltas en una cama llena de arrugas y recalentada.
Usted siente que si no descansa, su desempeño puede desembocar en un fracaso. Cree que no va a poder presentar sus argumentos en forma coherente. Si esta situación le suena familiar, no se alarme. Hay buenas noticias desde el punto de vista científico.
Un gran número de investigaciones realizadas demuestran que es muy probable que usted va a estar a la altura de las circunstancias y que la falta de sueño no alterará su desempeño.
Después de una noche de desvelo, es probable que una persona no pueda mantener la atención en una larga y monótona reunión, y no es seguro que pueda resistir, sin correr grandes riesgos, una prolongada jornada de carretera al timón de un automóvil. Pero hay estudios que indican que si una persona pasa varios días durmiendo mal, porque está haciendo frente a una difícil tarea, puede desempeñarse tan bien como siempre. Los ritmos biológicos juegan un papel clave en determinar cómo se siente uno despierto o adormilado. Estos ritmos diarios, cambios sicológicos que ordinariamente hacen que uno se sienta alerta durante el día y lento durante la noche, son tan poderosos que afectan el desempeño de una persona aún más que la cantidad de sueño.
Por regla general, la mayoría de los adultos duerme entre siete y ocho horas diarias. Sólo una persona entre 100 necesita cuatro horas y media, y una entre 100 duerme diez horas y media. Los requerimientos individuales son innatos.
Sin embargo, durante años de estudios, algunos investigadores han hecho pruebas con personas que no duermen las horas necesarias y han encontrado que aún después de tres o cuatro días sin dormir, pueden desempeñar adecuadamente labores que requieren altas dosis de concentración. Lo que pierden es persistencia y, especialmente a medida que pasa el tiempo, agudeza.
En los últimos años, en un intento por entender la función del sueño y sus efectos en el desempeño de las personas, los científicos han incrementado la investigación sobre los ritmos biológicos. Aunque estos ritmos --cambios cíclicos en los niveles de hormonas y en la temperatura del cuerpo-- varían algo de individuo a individuo, la mayoría de las personas cae dentro del mismo patrón. Por ejemplo, la temperatura del cuerpo usualmente aumenta durante el día, cuando la persona está activa, y cae por las noches, cuando empieza a sentirse amodorrada. Los ritmos biológicos están influenciados por aspectos ambientales tales como la luz del día, pero también operan independientemente de ellos. Cuando el reloj interno de una persona no está sincronizado con el ciclo del día, se presentan algunos problemas. Es el caso del llamado jet lag o de los blues de los lunes por la mañana. Quienes se enrumban los fines de semana hasta altas horas de la noche y luego duermen hasta bien tarde, están cambiando sus ritmos biológicos. Cuando inician su semana de trabajo levantándose temprano el lunes, experimentan el malestar que se deriva de no tener sincronizado el ritmo biológico con el horario. Experimentos en los cuales las personas han vivido en cuevas o en habitaciones sin ventanas, sin saber la hora, muestran que el ciclo natural vigilia-sueño es de cerca de 25 horas. La razón para esta inherente tendencia de alargar el día es desconocida, pero explica por qué la mayoría de las personas encuentran más fácil trasnocharse que levantarse temprano, y experimentan un jet lag menos severo cuando viajan hacia el occidente que cuando lo hacen hacia el oriente.
Las investigaciones también han revelado que a mitad de la tarde se produce un bajonazo en la actividad, independientemente de las horas de sueño que se hayan tenido, de la cantidad de alimentos consumidos a la hora del almuerzo o de lo aburrida que pueda estar la reunión a la cual se asiste. Los hallazgos sugieren que la necesidad que se siente de descansar después del almuerzo, lo mismo que la más poderosa urgencia de dormir que se presenta en las noches tiene bases biológicas. De ahí que se crea que las sociedades en donde se acostumbra la siesta están en lo correcto desde el punto de vista del reloj interno del organismo.
Los ritmos biológicos parecen afectar la actividad mental aún más que la falta de sueño, al menos a corto plazo. Se han desarrollado pruebas en las cuales se les pide a las personas sometidas al experimento que completen una tarea de rutina en un terminal de computador cada hora durante 24.
Generalmente los individuos se desempeñan bien durante el día y pobremente durante la noche, llegando al punto de mínimo rendimiento entre 3 y 4 de la mañana. Pero su desempeño vuelve a incrementarse y a mejorar nuevamente entre 7 y 8 de la mañana.
Esto indicaría que el reloj interno supera parcialmente los efectos de la deficiencia de sueño. Aún después de una noche de poco sueño --4 ó 5 horas en personas que habitualmente duermen ocho-- las personas trabajan mejor durante el día que durante la noche. Después de varias noches seguidas de sueño insuficiente, sin embargo, los ritmos internos podrían no compensar el agotamiento.
Pero hay personas que se desempeñan mejor temprano en la mañana o tarde en la noche. Esto, en parte, parece reflejar diferencias en los relojes biológicos. Esas variaciones usualmente no tienen consecuencias importantes, a no ser que la persona que trabaja bien en la mañana deba hacerlo por la noche o viceversa. Sin embargo, hay muchas personas con empleos que les impiden mantener alineados sus horarios con los relojes biológicos, lo cual tiene grandes implicaciones tanto para ellos como para la sociedad. No es coincidencia, aseguran los investigadosres, que los mayores accidentes nucleares como los ocurridos en la central Three Mile Island de Pensilvania, en Bhopal (India) y en Chernobyl (URSS) ocurrieran precisamente bien entrada la noche, cuando la mayoría de los operarios estaban menos alerta. Aun el pequeño bajonazo que se experimenta a mediados de la tarde parece deteriorar el desempeño frente a cierto tipo de actividades. Las estadísticas muestran un incremento de la frecuencia de los accidentes automovilísticos atribuibles al adormecimiento que se experimenta en esas horas.
El reloj biológico, sin embargo, es lo suficientemente flexible como para adaptarse a pequeños cambios en el horario de trabajo de una persona. Pero en algunas empresas los cambios de turno son tan drásticos, que causan estragos en los ritmos corporales, impidiendo que los empleados puedan dormir en su casa y disminuyendo su productividad en el trabajo. De ahí que los científicos estén ahora aplicando sus descubrimientos al manejo industrial, para contribuir a que los cambios de turnos de los trabajadores sean más soportables.
Un experimento reciente realizado con agentes de policía de Filadelfia demostró que algunos cambios de turno son mejores que otros. Normalmente los agentes trabajaban en un turno durante seis días, descansaban dos, y luego cambiaban de turno. Este horario exigía a los agentes ajustar sus horas de sueño cada ocho días, lo cual resultaba casi imposible. La tensión tenía su precio: los individuos se sentían cansados en el trabajo lo y se veían envueltos en muchos accidentes de tránsito mientras estaba patrullando.
El año pasado, durante 11 meses 220 agentes trabajaron con un nuevo horario, en un intento por minimizal el desequilibrio de sus ritmos internos. Permanecieron en el mismo turno durante tres semanas en lugar de una. Luego sus turnos se movían hacia adelante. Es decir, del día hacia las primeras horas de la noche de las primeras horas de la noche hasta la madrugada, en lugar de pasar del turno de día directamente al turno de la noche, que era lo que se acostumbraba. Esta sabia rotación redujo los riesgos del cambio de los ritmos biologicos, aprovechando el ciclo de 25 horas y la tendencia de la mayoría de la gente de preferir trasnocharse a madrugar. Muy pocos agentes fueron llamados a empezar turno muy temprano en la mañana, que estadísticamente es un período de baja criminalidad. El número de días consecutivos de trabajo fue disminuido de seis a cuatro, lo cual permitió a los agentes acomodar sus horas de sueño.
En una encuesta al final del experimento, la mayoría dijo que había dormido mejor en su casa y que había experimentado menos cansancio durante el trabajo. Tanto los policías como sus familias dijeron que se sentían más contentos con los nuevos horarios. El uso del alcohol y de tranquilizantes para inducir el sueño se redujo a la mitad, la incidencia de policías dormidos durante el trabajo disminuyó en un 29% y en un 40% los accidentes de tránsito durante la jornada de trabajo.
Los ritmos biológicos no son los únicos factores que influyen en una buena noche de sueño de "onda lenta", los momentos durante los cuales es más difícil que una persona despierte, son importantes para producir la sensación de un buen descanso. No se sabe si esto es o no cierto, pero los estudios sugieren que el grado en el cual la gente se siente descansada depende más que nada del número de veces que se despierta durante la noche. Por una serie de razones que van desde un mal compañero de cama hasta ansiedad y problemas médicos serios, una persona puede despertarse repetidamente. Aunque estas despertadas sólo duren algunos segundos y se olviden a la mañana siguiente, dejan la sensación de que uno no durmió bien, sin saber por qué.

Las mini-despertadas de menos de 10 segundos son frecuentes entre personas mayores de 50 años, quienes pueden tener cientos de ellas durante la noche. La gente mayor se despierta más temprano y se demora más en conciliar el sueño, lo cual explica por qué la mitad de los hombres y mujeres mayores de 50 años se quejan de insomnio, en una proporción doblemente mayor que los grupos de menor edad. La edad generalmente viene acompañada con cambios en los patrones de sueño.
Aunque estos cambios son normales, hay otros problemas relacionados con el sueño que pueden afectar a personas de todas las edades, que son potencialmente peligrosos y que requieren atención médica. Estos incluyen el insomnio que está específicamente relacionado con la depresión, medicinas o enfermedades; narcolepsia, un desorden neurológico que produce un frecuente e incontrolable deseo de dormir y, sobre todo, la alteración conocida como apnea, del griego "deseo de respirar". Las personas con apnea paran de respirar cientos de veces durante la noche y cada vez puede durar entre 30 segundos y un minuto. Esto puede derivar en infartos o paros cardíacos, pero el mayor peligro radica en los efectos que trae durante el día: ataques de extrema somnolencia que, sin duda alguna,pesan significativamente en muchos accidentes de tránsito y en carreras estancadas. El sindrome no aparece generalmente sino a la mediana edad, cuando se hace más común en hombres obesos; en edades más avanzadas también se presenta en las mujeres.
Casi todo el mundo en algún momento de su vida ha sufrido de insomnio, desde el problema ocasional de no poder conciliar el sueño, hasta el que se extiende durante noches y noches hasta volverse casi crónico.
Una forma de prevenirlo es levantarse a la misma hora todos los días, independientemente de la hora en que se haya acostado, para sincronizar los ciclos de vigilia-sueño con el horario diario.
Muchos médicos que tratan a personas con desórdenes del sueño impiden que sus pacientes tomen píldoras para dormir. Aunque algunas veces aceptan que las personas tomen pepas con el fin de superar el insomnio que se deriva de condiciones temporales de mucho stress, como la pérdida del empleo, los médicos advierten que las medicinas disponibles en el mercado pierden su efectividad en el curso de unas semanas, al mismo tiempo que van creando dependencia física y sicológica. Por otra parte, las pastillas para dormir producen un patrón anormal de sueño y reducen la lucidez mental al día siguiente.
Los médicos acostumbraban recomendar un trago como soporífero, pero ahora ya no lo hacen. Aunque algunos tragos pueden "noquear" a una persona, los científicos han descubierto que el licor suprime el sueño REM (el sueño que se caracteriza por el rápido movimiento de ojos), que es cuando ocurren los sueños. La fase del sueño REM se venga, entonces, y lo que resulta son pesadillas y permanentes despertadas durante la noche.
De hecho, hay muchos especialistas que consideran que el delirium tremens que sufren los alcohólicos no es otra cosa que el sueño REM en estado de vigilia. Aún un simple trago antes de acostarse puede agravar la apnea.
Si el insomnio es persistente y severo, puede ser necesario y conveniente buscar ayuda sicológica. Despertadas regulares durante la noche pueden ser síntoma de alcoholismo o depresión.
Para los insomnes ocasionales, el mensaje de los especialistas es que no deben preocuparse. Lo mejor en esos casos en que por alguna razón no se puede conciliar el sueño, es levantarse y desarrollar alguna actividad hasta que el sueño vuelva a aparecer.
De todas maneras, no se preocupe si algunas noches las pasa en vela. Después de una mala noche usted podrá desempeñarse al día siguiente mejor de lo que usted cree. El organismo tiene suficientes mecanismos para superar la posible fatiga causada por una interminable noche de desvelo.

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