Durante años, la conversación sobre sostenibilidad en la moda ha estado dominada por discursos aspiracionales y conceptos que parecen reservados para un pequeño grupo de consumidores. Sin embargo, en 2026 el panorama es distinto. La presión por reducir el impacto ambiental de la industria, la irrupción de plataformas de consumo ultrarrápido y un comprador cada vez más informado han transformado la manera en que las marcas entienden su papel dentro del mercado. En medio de ese escenario, la moda colombiana también enfrenta una pregunta inevitable: ¿cómo crecer sin renunciar a la identidad?

La discusión llega en un momento especialmente relevante. Mientras el fast fashion continúa expandiendo su presencia global con modelos basados en la velocidad y el consumo constante, crece también una corriente que reivindica prendas pensadas para durar, procesos más responsables y una relación distinta entre las personas y aquello que compran.

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Hace doce años, cuando Felipe y Sebastián Falla fundaron Whitman, esa conversación apenas comenzaba. Hoy, aseguran, los principios sobre los que construyeron la marca no solo permanecen vigentes, sino que cobran una relevancia mayor. “Queremos que el acto de comprar ropa sea consciente y reflexivo. Nuestra propuesta de diseño es atemporal, funcional y está por fuera de lo que dictan las tendencias”, explican los diseñadores en conversación con SEMANA.

La marca colombiana fundada por Felipe y Sebastián Falla celebra doce años de evolución, consolida su crecimiento en México, mercado que hoy representa el 9% de sus ventas, y proyecta su expansión hacia nuevos territorios en Latinoamérica y Europa.

La sostenibilidad ya no es una opción

Durante la última década, pocas palabras han sido tan utilizadas por la industria como sostenibilidad. Sin embargo, para los fundadores de la marca colombiana el verdadero cambio consiste en dejar de entenderla como un elemento diferenciador para asumirla como una responsabilidad.

Lejos de considerarla una estrategia de mercadeo, sostienen que hoy cualquier proyecto creativo debe incorporar criterios ambientales y sociales desde el momento mismo en que se concibe un producto. “La sostenibilidad ya no es un diferencial. Tal vez hace algunos años lo era; hoy es una obligación y una responsabilidad para quienes, desde nuestras decisiones, podemos impactar de manera positiva el entorno. Entendida desde una perspectiva ambiental y social, debe hacer parte del desarrollo de cualquier idea, producto o servicio”, afirman.

Ese cambio también se refleja en el consumidor colombiano. Si hace una década buena parte de las decisiones de compra respondían principalmente al precio o a la novedad, hoy el acceso a información y la presencia de marcas internacionales han elevado el nivel de exigencia.

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Para Felipe y Sebastián Falla, el comprador actual compara, investiga y comprende mejor el valor que existe detrás de una prenda. “La moda cambia a una velocidad enorme. Hoy las personas están mucho más informadas y tienen acceso a marcas globales, así que existe un mayor criterio al momento de elegir. Lo interesante es que nuestro público entiende el valor que hay detrás de lo que hacemos y aprecia ese proceso”, señalan.

La consolidación de plataformas digitales y el crecimiento del fast fashion han modificado profundamente la industria. Las colecciones cambian cada semana y el impulso por consumir más ha convertido a la inmediatez en uno de los principales motores del mercado.

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Frente a esa lógica, los colombianos han optado por un camino diferente. Los diseñadores defienden una visión donde la permanencia, la calidad y el trabajo artesanal siguen siendo la mejor manera de construir valor. En ese recorrido, las colaboraciones con artistas, escultores y creadores provenientes de otros campos culturales han fortalecido una propuesta que busca alejarse del consumo impulsivo.

“Siempre hemos pensado que la trascendencia está en la artesanía y en la calidad. Creemos en lo hecho de manera consciente, en aquello que demanda contemplación. Esa forma de trabajar termina traduciéndose en productos con altos estándares de diseño y calidad”, sostienen.

Su apuesta también coincide con un momento en el que buena parte del lujo internacional ha comenzado a recuperar el valor de los oficios manuales, la producción limitada y las historias que acompañan cada objeto.

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Crecer sin perder el propósito

Uno de los hitos recientes de Whitman ha sido su llegada a México, un mercado que representa un paso importante dentro de su proceso de internacionalización y que representa el 9% de sus ventas. Más allá de la expansión comercial, la experiencia les permitió confirmar que las marcas colombianas pueden competir fuera del país siempre que tengan una identidad sólida.

Para ellos, internacionalizarse exige mucho más que abrir una tienda o entrar a un nuevo mercado. “Primero hay que creer que es posible crecer fuera del país. También es necesario contar con un producto validado, con diferenciales claros y con una marca cuyos valores sean consistentes en todos los puntos de contacto con el cliente. Salir al exterior ha sido una experiencia llena de aprendizajes”, explican.

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Ese optimismo también se extiende al momento que vive el diseño colombiano. Los hermanos Falla consideran que la industria atraviesa una etapa de reconocimiento sin precedentes y que el desafío consiste en mantener vivo el ecosistema creativo. “Colombia está de moda”, resumen, convencidos de que el país atraviesa una oportunidad que involucra no solo a diseñadores y empresarios, sino a toda la cadena productiva.

Después de más de una década al frente de la marca, reconocen que el mayor desafío ya no consiste únicamente en crecer. La verdadera prueba es hacerlo sin perder aquello que dio origen al proyecto. “Ser consecuentes y coherentes es el mayor reto después de más de diez años. Nos recordamos todos los días cuáles son nuestros valores y nuestro propósito. Sabemos que los buenos resultados son consecuencia de hacer bien las cosas. Nuestra obsesión sigue siendo innovar, ofrecer una experiencia extraordinaria al cliente y hacer crecer a nuestro equipo”, concluyen.