Después de casi cinco años, tras una presentación trascendental en Rock al Parque 2022, Nacho Vegas regresa a Colombia. Vegas ha convertido su vida en una búsqueda constante de creatividad, liberándose en sus composiciones para explorar los aspectos duros y fríos de la existencia, recordándonos nuestra naturaleza tanto vital como mortal a través del dolor.

Además, se ha posicionado como una voz crítica frente a los oscuros manejos por parte de poderes invisibles y figuras sonrientes en los palacios gubernamentales alrededor del mundo, invitándonos a salir de la comodidad que nos adormece. Nos recuerda que afuera existe un mundo vibrante y en agonía del que somos parte y por el que tenemos responsabilidad.

El músico se ha posicionado como una voz crítica frente a los oscuros manejos por parte de poderes invisibles y figuras sonrientes en los palacios gubernamentales. Foto: Jordi Santos
En ritual denso y potente, Korn dio tanto como pidió a cambio: así fue su brutal concierto en el MedPlus

En ocasiones íntimo y melancólico, otras veces combativo y defensor de lo colectivo, Vegas es una caja de música difícil de parar, una voz profunda que descansa sobre árboles marchitos y entona su poesía al día que florece, a la mañana que anuncia un futuro más justo. Se vale soñar, parece concluir cuando el acorde da paso al silencio. Y luego, vuelve a dar fuego a su voz para que despertemos, pues es entre todos que cambiaremos este mundo.

Hay una palabra que Nacho Vegas usa con precisión cuando habla de Vidas semipreciosas, su último álbum: imperfecto. Antes que un adjetivo coloquial, la catalogación funciona como diagnóstico etimológico: “Imperfecto es algo hecho hasta el final, algo acabado”, explica el cantautor asturiano, “Nuestras vidas, si fueran perfectas, serían un aburrimiento soberano o nos moriríamos de asco”.

En ese sentido, lo que propone su placa de 2026 es una verdad incómoda, antes que una celebración de lo mediocre: una reivindicación de todo lo que permanece inacabado, en proceso, vivo. Perfectible. Las joyas preciosas, recuerda, son sólo cuatro (diamante, rubí, esmeralda y zafiro), pero hay en el seno del mundo, dormidas, materias que igual chispean bajo el brazo del sol. Todos nosotros tenemos una historia que contar y una voz para narrarla. Aunque busquen silenciarla. Aunque el mal gobierno viva de mordazas.

Las piedras semipreciosas son más blandas que las preciosas. Esa fragilidad, explica Vegas, es el hilo conductor del álbum: “nos hace necesitarnos mucho los unos a los otros”. Esto último está intrínsecamente aunado a la trayectoria personal, social y musical del músico. El cantautor asturiano lleva más de dos décadas construyendo una obra en la que lo político y lo íntimo no son categorías separadas y Vidas semipreciosas es quizás el disco en el que esa fusión resulta más deliberada. Si antes había coqueteado con la idea de observar directamente al otro ignorado en cortes como “Actores poco memorables” y en su anterior álbum Mundos inmóviles derrumbándose, ahora abraza plenamente el concepto, permitiendo además que su voz se una a una ofrenda coral en la que participan agentes externos al hermético mundo del showbiz.

“Si me preguntáis quién soy, jamás diré: soy un artista. Soy hijo de Cristina Vegas: antifascista”, expresa el músico, en castellano y asturiano, en uno de sus cortes. Foto: Jordi Santos
Mo Chara de KNEECAP en Arcadia, en exclusiva para Colombia: “Estamos orgullosos de ser FENIAN”

Por ello, el álbum incluye interludios en los que hablan personas que no tienen la visibilidad de Vegas: Javichu, que grabó su mensaje desde la cárcel; Adur, condenado por un montaje policial; Ana Gabriel, exiliada para evitar una pena de prisión. Son voces que testimonian la represión política en el Estado español —un tema que, señala Vegas, se normaliza bajo la retórica de la democracia liberal—. La decisión formal de incluirlos no es un gesto de solidaridad decorativa: es la estructura misma del disco la que convierte esos testimonios en “piedras semipreciosas” que guían al oyente hasta “Seis pardales”, la canción que da cierre al arco y en la que hablan directamente las trabajadoras que estuvieron presas en Asturias hasta semanas antes del lanzamiento.

“Para mí era importante visibilizar estos temas, pero sobre todo cederles la voz con respeto y humildad”, dice Vegas. La distinción importa. No se trata de ilustrar un argumento político con testimonios ajenos sino de construir un espacio en el que esas voces no sean evidencia sino sujeto. “Si me preguntáis quién soy, jamás diré: soy un artista. Soy hijo de Cristina Vegas: antifascista”, expresa lúdico en castellano y asturiano en “Fíu”, segundo corte del disco. Así las cosas, Vegas se reconoce primero como un actor político y ve en la música el vehículo para compartir su mensaje, más allá del solipsismo megalomaníaco del hombre crea desde una torre de marfil, los rostros de sus hermanos diluidos en el ruido de la distancia.

Precisamente “Fíu”, la canción dedicada a su madre, se expande hacia todas las mujeres sobre quienes ha recaído históricamente el trabajo de los cuidados. Vegas señala que la “ética de los cuidados” debería estar en el centro del discurso político. Lo dice sin la abstracción con que ese concepto suele circular en el debate público: “los afectos son algo político [...] se trata de valorar esa manera de compartir los cuidados, la ternura, el amor, y utilizarlos no sólo como sentimientos de apoyo mutuo, sino como herramientas también de lucha. Como trincheras que nos pueden empoderar, hacernos fuertes juntos y, sobre todo, que nacen desde abajo, desde lo más básico. Desde donde nacen las cosas interesantes como la música. Las escenas musicales más chulas siempre buscan sus raíces y siempre nacen en barrios, en pueblos, en la calle”. La política del cuidado funciona, en ese sentido, no como programa sino como práctica cotidiana, como forma de relacionarse. De reconocernos.

A nivel personal, Vegas dice estar en un momento dulce; a nivel histórico, en uno de los más oscuros que recuerda. Foto: Eneko Caos
Sobre ‘Dualismo Mágico’, su Macondo andino, cumbiero-experimental, Arcadia habla con Las Áñez

El contexto del disco es el de un mundo que, según Vegas, salió peor de la pandemia de lo que entró. La ultraderecha aprovechó el debilitamiento de los espacios colectivos para instalar un discurso individualista. El genocidio en Palestina, las guerras, el auge del fascismo. A nivel personal, Vegas dice estar en un momento dulce; a nivel histórico, en uno de los más oscuros que recuerda. Esa tensión —el bienestar íntimo frente a la oscuridad del afuera— es quizás la fuente de energía que distingue este álbum de Mundos inmóviles derrumbándose, su disco pandémico, más recogido y confesional. “La música puede arrojar luz de una manera activa: El fascismo se combate, no se debate con él. No es un momento para estar recogido, sino creo que es para alzar la voz más fuerte que nunca”.

La música puede arrojar luz de una manera activa: El fascismo se combate, no se debate con él. No es un momento para estar recogido, sino creo que es para alzar la voz más fuerte que nunca.
Nacho Vegas

Hans Laguna, sociólogo, ensayista y miembro de su banda, publicó recientemente un ensayo sobre el concepto de autenticidad en las estrellas del pop —Taylor Swift, Bad Bunny, el “yo porque yo lo valgo” como formato industrial—. Vegas lo cita como contrapunto a lo que propone su propio trabajo: en la cultura de masas, la autenticidad es una mercancía; en las vidas ordinarias, la contradicción es la norma. “Menos de cinco contradicciones es dogmatismo”, dice, parafraseando a un amigo. Las verdades reveladoras no están en los pedestales sino en las miserias cotidianas, en las historias de quienes se enamoran, pierden, duelen y configuran el mundo sin que nadie los registre.

*Vidas semipreciosas llega a Colombia en mayo. Vegas se presentará en los showcases del BIME de Bogotá el miércoles 6 en La Casa de Donovan y, en Medellín, en La Pascasia, el 6 de mayo.