Fernando Tamayo dirige la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero de Cali, una institución que en los últimos años ha buscado ampliar la idea tradicional de biblioteca pública y convertir sus espacios en lugares de encuentro alrededor de la cultura, la literatura, la música, el arte y nuevas herramientas para las familias. Ahora, después del terremoto, esa transformación enfrenta una prueba distinta: continuar cumpliendo su función cuando el edificio que tradicionalmente concentra sus actividades debe permanecer cerrado.

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Fernando Tamayo, director de la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero de Cali. Foto: Fernando Tamayo

La sede no presenta, según Tamayo, problemas estructurales que impliquen su demolición. Sin embargo, los daños son suficientes para obligar a una intervención y a un cierre estimado de dos meses a dos meses y medio. Una parte de la fachada está agrietada y deberá ser desmontada; las escaleras de emergencia quedaron en muy mal estado y requieren una reestructuración, al igual que las escaleras que comunican el hall con la zona de la sala gamer y la sala infantil. También hay muros que deben ser reparados.

Así se vio afectada la Biblioteca Jorge Garcés Borrero en Cali tras el terremoto del 10 de agosto. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

No son daños estructurales como para decir que tenemos que demoler la biblioteca, pero sí son daños que nos van a obligar a estar dos meses, dos meses y medio cerrados”, explica Tamayo en conversación con SEMANA.

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El daño físico del edificio, sin embargo, terminó provocando una reflexión que para el director resulta incluso más importante que la reconstrucción de sus instalaciones. Si la biblioteca es únicamente un edificio, su cierre significaría suspender temporalmente su relación con la comunidad. Si, en cambio, la biblioteca es una institución cuyo territorio es la gente, el cierre de sus puertas no significa necesariamente el cierre de su misión.

La Biblioteca Jorge Garcés Borrero en Cali después del terremoto. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

“Los límites de la biblioteca deben ser el territorio de la gente. El territorio no es el territorio de los muros de la parte física de la biblioteca, el territorio de la gente”, dice.

La Biblioteca Jorge Garcés Borrero es un refugio para los caleños. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero
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Esa idea comenzó a convertirse en una decisión concreta apenas tres días después del sismo. La biblioteca decidió salir de sus cuatro paredes para encontrarse con las personas que, precisamente por la emergencia, no podían llegar hasta ella. “Las personas no pueden venir a la biblioteca, la biblioteca va a las personas. Y eso es lo que hemos hecho”, afirma Tamayo.

Una biblioteca que salió a la calle

La Biblioteca se reinventa para llevar el arte y la lectura a las calles. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

La decisión no surgió de cero. La Garcés Borrero ya venía ampliando su definición de biblioteca pública. Además del préstamo de libros, sus espacios albergan teatro, música, conciertos, una comicteca, un museo interactivo, una sala gamer y un telescopio. Tamayo recuerda que la institución pasó de recibir 87.000 personas hace dos años a 185.000 el año pasado.

La emergencia cambió, por ahora, el lugar donde ocurren esas actividades, pero no necesariamente su propósito. “Lo más sencillo, si nos hubiéramos visto como una biblioteca tradicional, hubiera sido: ya cerramos y se queda cerrada. En algún momento vamos a abrir, en dos meses o tres meses, mientras tanto, pues hagamos cosas virtuales y conectémonos y todo, pero no. Hay una responsabilidad enorme que tenemos con la comunidad”, señala.

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La Biblioteca Jorge Garcés Borrero está en una de las zonas más afectadas por el terremoto. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

Esa responsabilidad adquiere otra dimensión cuando se observa a quiénes están llegando las actividades. Tras el sismo, los empleados de la biblioteca han salido a lugares como el estadio de hockey, cerca de las piscinas panamericanas, donde funciona un albergue de paso al que llegan familias mientras son reubicadas. También ha llevado sus equipos a Santa Elena, en la comuna 18, donde fueron trasladadas familias afectadas.

En un albergue cercano al barrio Chiminangos encontraron niños que habían vivido de cerca una de las historias más dolorosas provocadas por la tragedia. Tamayo explica que la experiencia no puede medirse de la misma manera desde la mirada de un adulto que desde la de un niño. “En el último albergue que estuvimos había muchos niños, niños que habían vivenciado esa situación. Si uno como adulto se siente afectado. Ahora imagínate la psique de un niño, cómo se siente frente a eso”, relata.

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Leer para sanar

Entre las iniciativas que adquirieron especial importancia después del terremoto está Lectura Cura, un proceso de formación que, según Tamayo, cuenta con más de 5.000 voluntarios. La propuesta lleva literatura a albergues y otros espacios donde hay personas afectadas por la emergencia, incluidos lugares cercanos a la biblioteca donde se encuentran niños enfermos de cáncer.

La apuesta parte de una convicción: en una tragedia, la atención de las necesidades materiales es indispensable, pero no agota las necesidades de una comunidad. Vivienda, alimentación y agua potable son urgentes; también lo es la salud mental.

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Tamayo habla desde una experiencia personal. Reconoce que él mismo vive lo que denomina el síndrome del sobreviviente y describe la pregunta que queda después de una tragedia: por qué una persona sobrevivió mientras otras no. En los niños, dice, el impacto puede ser todavía más profundo porque el desastre rompe de manera abrupta su cotidianidad y su idea de futuro. “De un momento a otro, a las 7:30 de la mañana, su vida cambia. Se queda sin casa. Su cotidianidad se rompe y lo más grave es que se rompe también el concepto y la posibilidad de futuro. Ahí entramos nosotros”, sostiene.

Biblioteca Jorge Garcés Borrero en Cali se adaptó a las necesidades de los afectados por el terremoto y empezó a llevar el arte y la lectura a las calles. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

En ese contexto, la literatura, los títeres, la música, el teatro o una actividad de observación de estrellas no pretenden sustituir una vivienda, un mercado o una solución de emergencia. Su función es otra: abrir, aunque sea por un momento, un espacio distinto dentro de una realidad marcada por la incertidumbre. “Eso no te va a cambiar la vida, pero sí cuando tenés tanto dolor, cuando tenés tanta incertidumbre, salir a poder disfrutar de arte, de cultura. Eso hace que sea como un bálsamo, un proceso de sanación”, explica Tamayo.

La idea de la biblioteca como herramienta de recuperación social se vuelve así más amplia. No se trata solamente de llevar entretenimiento a quienes están en un albergue. Se trata de recuperar espacios de imaginación y de encuentro en momentos en los que la vida cotidiana ha sido interrumpida.

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El arte como parte de la reconstrucción

Los niños son protagonistas de la Biblioteca Jorge Garcés Borrero. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

Para Tamayo, la apuesta cultural también responde a una concepción de la biblioteca pública que venía desarrollándose antes del terremoto. La institución dejó de entenderse exclusivamente como un lugar silencioso destinado al préstamo y la consulta de libros. La Comicteca, la sala gamer, el museo interactivo y el telescopio forman parte de esa transformación.

Ahora esas herramientas deben salir de la sede. “Es la mejor herramienta para la reconstrucción de la vida social y para la formación de mejores ciudadanos, mejores seres humanos. Entonces, tenemos que ser coherentes. Por eso se sale a la calle, por eso se sale a estar con la gente”, afirma.

La biblioteca ya prepara actividades que podrán desarrollarse incluso mientras su edificio continúa en proceso de recuperación. La Comicteca no sufrió daños y está ubicada en una zona externa y de campo abierto. Por eso, el equipo planea mantener allí una programación dirigida especialmente a los niños: cine gratuito en pantalla grande, teatro y otras actividades.

El objetivo es que la reapertura física de la biblioteca no sea el momento en que termine el trabajo iniciado en los barrios. Al contrario, Tamayo considera que la presencia territorial tendrá que mantenerse después de que las reparaciones concluyan.

Cali lucha por recomponerse después del terremoto. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

Uno de los mayores riesgos que identifica Tamayo no está solamente en la magnitud inicial de la emergencia, sino en lo que ocurre cuando pasa el tiempo. Después de los primeros días, cuando disminuyen las ayudas y la atención pública se desplaza hacia otros asuntos, las comunidades afectadas pueden quedar en una situación de espera prolongada.

Por eso insiste en que el trabajo cultural debe pensarse como una carrera de largo aliento. La biblioteca deberá sostener sus actividades en los lugares donde hoy está llegando, ampliar su presencia hacia otros municipios del departamento y encontrar las condiciones logísticas para hacerlo.

La estrategia también contempla mantener actividades en Cali mientras se reconstruye la sede. La Comicteca permitirá continuar con programación cultural al aire libre y el equipo pretende sostener iniciativas como Lectura Cura. La intención es que el edificio vuelva a abrir sin que la institución haya dejado de relacionarse con su comunidad.

Biblioteca Jorge Garcés Borrero en Cali se adaptó a las necesidades de los afectados por el terremoto y empezó a llevar el arte y la lectura a las calles. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

La mirada de la biblioteca, sin embargo, no termina en la reparación del edificio. La institución también decidió mantener uno de sus proyectos culturales de mayor alcance, el Oiga, Mire, Lea, descrito por Tamayo como el festival de literatura público más importante del país y como un festival internacional liderado por una biblioteca pública.

El encuentro, inicialmente previsto para finales de septiembre, no será cancelado. La decisión es trasladarlo a finales de noviembre, con la intención de contribuir a la reactivación de la región. Tamayo menciona entre los nombres programados a Mario Mendoza, Juan Gabriel Vásquez, Brigitte Baptiste y Guillermo Arriaga, además de una programación infantil con presencia de la Fundación Pombo.

La Biblioteca Jorge Garcés Borrero en Cali. Foto: Biblioteca Jorge Garcés Borrero

La decisión resume buena parte de la nueva lógica que la Biblioteca Jorge Garcés Borrero está adoptando frente a la tragedia: reparar el edificio, pero no detener la institución; regresar a sus salas, pero conservar la presencia en las calles; recuperar sus espacios, pero ampliar el territorio de su acción.

Para Tamayo, la cultura no es un elemento accesorio que pueda esperar a que termine la emergencia. Es parte de la manera en que una comunidad puede volver a encontrarse después de haber perdido todo. “Soy un convencido de que esta es la herramienta verdadera de reactivación y de cambio”, concluye Tamayo.