La incertidumbre dejó de ser únicamente un problema político o económico para convertirse en una variable empresarial. En un entorno marcado por tensiones geopolíticas, polarización, transformación tecnológica acelerada y coyuntura electoral, las compañías colombianas empiezan a replantear cómo gestionan los riesgos y qué tan preparadas están para enfrentar escenarios cada vez más complejos.
La discusión cobra relevancia precisamente en medio de un contexto preelectoral donde especialistas advierten que las organizaciones no solamente enfrentan riesgos financieros tradicionales, sino amenazas asociadas con reputación, desinformación, ciberseguridad, protestas, interrupciones operativas y crisis sociales.
El panorama empresarial refleja esa preocupación. Según la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta de la ANDI citada en el informe, la incertidumbre política, la inseguridad y los bloqueos aparecen entre los principales factores que generan preocupación entre las empresas colombianas.
Además, apenas 30,9% de los empresarios prevé mejores expectativas económicas hacia el futuro inmediato, reflejando un ambiente de cautela dentro del sector productivo.
A nivel internacional, el contexto tampoco es sencillo. El Global Risks Report 2026 del World Economic Forum advierte que la economía global atraviesa una etapa caracterizada por mayor fragmentación social, confrontaciones geoeconómicas, polarización y crecientes tensiones tecnológicas, factores que aumentan la presión sobre empresas y gobiernos para fortalecer capacidades de adaptación y resiliencia.
Uno de los riesgos que más rápidamente gana relevancia es la ciberseguridad. Según cifras del Ministerio TIC citadas en el documento, Colombia registró cerca de 36.000 millones de intentos de ciberataques durante 2024, convirtiéndose en el segundo país más atacado de América Latina.
Las amenazas no solo aumentan en volumen, sino también en sofisticación, especialmente mediante herramientas potenciadas por inteligencia artificial.
Los riesgos digitales comienzan a tener implicaciones económicas directas. Interrupciones operativas, secuestro de información, robo de datos, fraudes financieros, campañas de desinformación y ataques reputacionales pueden traducirse en pérdidas financieras, afectaciones operativas y reducción de confianza entre clientes, inversionistas y proveedores.
Sectores como salud, energía, servicios financieros e infraestructura crítica aparecen entre los más expuestos.
La presión también aumenta porque las compañías enfrentan múltiples amenazas simultáneamente. Especialistas advierten que protestas, vandalismo, bloqueos, crisis reputacionales, cambios regulatorios, ataques digitales y desinformación pueden ocurrir al mismo tiempo, elevando la complejidad de respuesta empresarial.
En este escenario, expertos aseguran que la gestión del riesgo dejó de ser únicamente un requisito documental para convertirse en una herramienta estratégica de negocio.
Lina Mejía, vicepresidenta de Consultoría de Gallagher, asegura que las organizaciones más resilientes son aquellas capaces de incorporar análisis de riesgos dentro de sus decisiones de expansión, inversión y crecimiento.
Las recomendaciones incluyen actualizar planes de continuidad operativa, reforzar protocolos de ciberseguridad, crear comités de crisis, establecer esquemas flexibles de trabajo, monitorear permanentemente el entorno y definir políticas claras de comunicación corporativa para reducir impactos reputacionales.
Más allá de las elecciones, el mensaje que deja el análisis es que la capacidad de anticiparse empieza a convertirse en una ventaja competitiva. Las empresas que incorporen prevención, monitoreo y capacidad de respuesta podrían navegar mejor un entorno donde la incertidumbre parece convertirse cada vez más en la nueva normalidad.