En un contexto de volatilidad en el mercado petrolero, un jugador del sector adquiere un papel protagónico frente a la producción local y a las perspectivas de desarrollo regional.
Se trata de GeoPark, que el año pasado hizo una reconfiguración estratégica. “El 2025 fue, ante todo, un año de reset estratégico. Reconfiguramos el portafolio bajo una idea clara: proteger lo que tenemos y volver a crecer”, sostiene Felipe Bayón, CEO de la compañía.
Explica que la empresa reforzó su base en Colombia, que calificó como “el corazón que genera la caja”, y abrió un nuevo motor de crecimiento en los no convencionales, con la entrada a Vaca Muerta, en Argentina. Esto implicó salir de operaciones como Ecuador y Brasil.
“Hemos cumplido cada compromiso con el mercado en un año de precios del crudo mucho más bajos. Produjimos más de 28.000 barriles de petróleo equivalentes por día, por encima de la guía, y cerramos con 100 millones de dólares en caja, un apalancamiento de 1,6 veces y un retorno sobre el capital del 18 por ciento. El ebitda ajustado fue de 277 millones de dólares, lo que refleja el menor precio del petróleo del año, con los márgenes y la caja protegidos. Entramos a 2026 con una base de activos única y una estructura de costos más baja”, agrega Bayón.
Para él, los resultados se explican por las decisiones que tomaron y por el foco con que se ejecutaron. “Invertimos solo donde el retorno era claro”, dice, basados en dos ejes: las eficiencias, que generaron cerca de 32 millones de dólares de ahorro en el año; y lo que llamó “una gestión activa del precio”, asegurando por adelantado cerca del 84 por ciento de su producción, “lo que nos dio certeza de caja en medio de la volatilidad propia de esta industria”.
“La base de todo esto es la solidez de nuestra operación en Colombia. Activos como Llanos 34 y CPO-5 siguieron entregando una producción base confiable, y esa base es la que nos da el músculo para financiar el crecimiento que viene”, asevera el directivo.
Las decisiones estratégicas están relacionadas con sus inversiones: en 2025, GeoPark inyectó cerca de 100 millones de dólares. “Lo interesante es 2026, porque es el primer año en que ejecutamos a fondo nuestra nueva hoja de ruta. Este año vamos a invertir entre 190 y 220 millones de dólares, cerca del doble del año pasado, sobre una estrategia de dos pilares”.
El primero, Colombia, su plataforma principal, donde destinan entre 110 y 120 millones de dólares para maximizar lo que ya tienen. El foco está en Llanos 34, al que denominan “bloque insignia”, y en técnicas de recobro que recuperan más petróleo de los campos que ya están en producción. “Colombia es la base que genera la caja con la que financiamos todo lo demás, y este año buscamos que la producción de estos activos fundacionales de nuestra estrategia vuelva a crecer”, señala Bayón.
Y el segundo pilar es el crecimiento, con Vaca Muerta en Argentina, donde están destinando entre 80 y 100 millones de dólares para acelerar la perforación, y desarrollar nuestros recursos no convencionales (fracking).
Además, la empresa se enfoca en reducir costos de manera estructural, cambiando la forma en que opera hasta dejar un ahorro anual sostenido de cerca de 45 millones de dólares, “lo que nos hace rentables incluso en momentos en los que el precio del petróleo está en niveles bajos”, agrega. Al mismo tiempo, fortaleció el balance, recompró deuda por debajo de su valor y aseguró buena parte de los ingresos frente a la volatilidad. “Nos preparamos para llegar a una etapa de crecimiento con una compañía más sólida y focalizada. Es la combinación de una base sólida y nuevas oportunidades con la que queremos llevar a GeoPark a una nueva escala”.
Dice que 2026 arrancó “con buen paso”. El primer trimestre confirmó la tendencia que traía la compañía, con una producción que estuvo en algo más de 27.200 barriles equivalentes de petróleo por día. El ebitda creció 54 por ciento frente al trimestre anterior hasta 71 millones de dólares, y los costos operativos bajaron, mientras que el margen subió al 56 por ciento.
“Cerramos el trimestre con cerca de 275 millones de dólares en caja y un apalancamiento de 1,3 veces. Y le dimos la bienvenida al Grupo Gilinski como accionista estratégico de largo plazo de GeoPark. Su llegada fortalece la alineación entre accionistas, nuestra posición financiera y la capacidad de avanzar en oportunidades de crecimiento, con las que vamos a seguir creando valor”, resalta Bayón.
Por estos días están completando las primeras semanas de la primera operación de fracking en Vaca Muerta, Argentina, una de las formaciones de petróleo y gas no convencionales más importantes del mundo.
“Esa es una oportunidad única de construir capacidades que crean valor por décadas. Y por qué no, traer la experiencia de no convencionales a Colombia. Más allá de Argentina, seguimos mirando con mucha atención Colombia, un país que conocemos, donde somos el primer operador de Casanare y donde tenemos equipos, relaciones, historia, activos y una capacidad de ejecución probada”, afirma Bayón, quien no descarta la posibilidad de llegar a Venezuela.
Tras enviar un mensaje de solidaridad al pueblo venezolano luego de los terremotos devastadores que se registraron en el vecino país, Bayón asegura que Venezuela es una oportunidad que están evaluando: “Este país tiene las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo y cada vez es más clara la manera de participar en ese mercado, pensando también en aportar de manera responsable a la reactivación del sector”.
Al resaltar la volatilidad del precio del crudo como uno de los principales retos de esta actividad, pone como ejemplo lo que ha pasado en los últimos meses, que, a su juicio, “han sido una clase magistral de lo rápido que cambia todo de un día para otro”. Afirma que la respuesta a ello es la eficiencia y la opcionalidad del portafolio: “Tenemos el petróleo convencional de Colombia, que genera la caja hoy, y los no convencionales de Argentina, que traen el crecimiento de otra geografía. Esa opcionalidad es la que nos protege cuando el entorno aprieta”.
También advierte de un desafío del que, dice, se habla menos y es muy importante: “La industria tiene la tarea de seguir construyendo confianza con las comunidades, con los territorios y con los Gobiernos. Producir energía con responsabilidad y demostrar que el sector aporta al desarrollo es un trabajo permanente y es tan estratégico como cualquier decisión de subsuelo o de capital”.
Ante el escenario en el que se movió el sector en Colombia en los últimos años, sin nuevos contratos de exploración, tensiones sociales y unas políticas de gobierno contra la industria petrolera, Bayón dijo: “Nosotros nos quedamos y seguimos invirtiendo. Para mí, esa es la respuesta más clara que puede dar una compañía sobre lo que cree de un país. Las decisiones de capital se toman pensando en décadas, en la capacidad de crear valor y de hacer las cosas bien”.
Y mira con entusiasmo el futuro: “Nos alegra que el nuevo Gobierno haya puesto la energía en el centro de su agenda y que hable con claridad de recuperar la soberanía energética del país. Ese es el rumbo que Colombia necesita, y confiamos en que estos cuatro años le devuelvan a la industria su lugar como un motor de desarrollo del país”.
Frente a la coyuntura colombiana, con una caída en las reservas de gas del 17 por ciento en 2025, cuando la demanda viene en aumento, la gran preocupación es cómo garantizar la soberanía energética. Para Bayón, es claro: “Con adición energética. Esa es la idea que para mí lo resume todo. Un país que ve crecer su demanda tiene que poner a trabajar todas las fuentes a su alcance, las renovables y las de hidrocarburos por igual. La soberanía energética es justamente eso, la capacidad de Colombia de generar con lo suyo la energía que necesita, en lugar de depender de otros para abastecerse”.
Finalmente, Bayón está convencido de que Colombia debería hacer fracking para desarrollar sus recursos no convencionales, “y eso se puede hacer de manera responsable. Lo digo con el conocimiento de quien lo está haciendo, porque hoy operamos no convencionales en Vaca Muerta, en Argentina, con los más altos estándares técnicos y ambientales”.