El desarrollo del fenómeno de El Niño durante el segundo semestre del año podría tener efectos que van más allá de las altas temperaturas y las sequías. Además de sus impactos ambientales, este evento climático podría traducirse en un mayor costo de vida para los hogares colombianos, especialmente por el posible incremento en los precios de los alimentos y de los servicios públicos.
El fenómeno de El Niño es una alteración climática natural caracterizada por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico central y ecuatorial. En Colombia, este evento provoca una disminución de las lluvias y un aumento de las temperaturas, condiciones que favorecen las sequías y elevan el riesgo de incendios forestales. De acuerdo con las predicciones meteorológicas más recientes, el fenómeno se encuentra en pleno desarrollo y existe una alta probabilidad de que se consolide o intensifique durante el segundo semestre.
Uno de los principales efectos económicos se reflejaría en la producción de alimentos. Según Jhon Torres, economista y docente de la Uniagustiniana, una sequía prolongada reduce la oferta agrícola de los productos que requieren mayor disponibilidad de agua, lo que podría generar un aumento en sus precios.
“Esto implicaría una aceleración de la inflación”, explicó Torres, quien agregó que los alimentos que enfrentarían una mayor exposición serían el arroz, la papa y el plátano. A esto se suma el sector pecuario, donde productos como la carne de res, la leche y el pescado también podrían verse afectados por las condiciones climáticas.
Como antecedente, Torres recordó que durante el fenómeno de El Niño registrado entre 2015 y 2016 la inflación anual de los alimentos alcanzó el 18,9 %, lo que reflejó el impacto que una reducción en la oferta puede tener sobre el costo de vida.
Otro de los sectores con mayor exposición es el energético. El economista señaló que Colombia depende en cerca del 62 % de la generación hidroeléctrica, por lo que un déficit hídrico obligaría al sistema eléctrico a aumentar la participación de las plantas térmicas, cuyo costo de generación es más elevado. Como consecuencia, las tarifas de energía podrían registrar incrementos.
Las consecuencias del fenómeno también se extenderían al ámbito ambiental. Martha Melizza Ordoñez, directora del Programa de Ingeniería Ambiental de Uniagraria, explicó que la disminución de las lluvias y el incremento de las temperaturas secan la vegetación y aumentan el riesgo de incendios forestales, especialmente en zonas extensas y estratégicas como los Cerros Orientales y los bosques de la región Caribe.
La experta indicó que estos incendios destruyen la cobertura vegetal, eliminan hábitats para la fauna silvestre, erosionan los suelos y reducen su capacidad de infiltrar y retener agua.
En cuanto al recurso hídrico, señaló que la reducción de las lluvias disminuye los caudales de ríos, quebradas, humedales y acuíferos, lo que afecta la disponibilidad de agua para las actividades humanas y productivas. Además, al haber menos agua, disminuye el oxígeno disponible para los organismos acuáticos y aumenta la concentración de contaminantes, lo que incrementa la mortalidad de peces y otras especies.
El fenómeno también genera escasez de agua y alimento para la fauna silvestre, lo que obliga a muchas especies a desplazarse mayores distancias y altera procesos como el crecimiento, el desarrollo y la reproducción. En la flora, el estrés hídrico ocasiona pérdida de cobertura vegetal, caída prematura de hojas y una menor capacidad de los ecosistemas para captar dióxido de carbono.
A estas afectaciones se suman los riesgos para la salud. De acuerdo con Liliana Rojas, médica y docente de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, “La deshidratación, en estos casos, puede agravar mucho más su estado de salud. Además, los grupos más vulnerables frente a este riesgo son los adultos mayores y los niños”.
La especialista agregó que los cambios en el clima también favorecen la proliferación de insectos transmisores de enfermedades como el dengue, el chikungunya, el zika y, en algunas regiones, la malaria.
Los expertos coincidieron en que el fenómeno de El Niño representa un desafío que abarca el medio ambiente, la producción de alimentos, la disponibilidad de agua y la calidad de vida de las comunidades. Por ello, señalaron que fortalecer la resiliencia de los ecosistemas, proteger las fuentes hídricas y promover un uso responsable de los recursos será clave para reducir sus impactos.