La Comisión Cuarta de la Cámara de Representantes fue, este miércoles 15 de abril, el ring del segundo ‘asalto’ entre el gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, y el ministro de Hacienda, Germán Ávila, por el incremento de las tasas de interés de intervención.

Además de los señalamientos cruzados —en los que Villar pidió no calificar a la junta del banco como “genocida” y solicitó reducir los ataques contra las mujeres que integran ese cuerpo colegiado, mientras Ávila afirmó sentirse orgulloso de su pasado guerrillero e insistió en que las tasas de interés del emisor se elevan en beneficio del sector financiero—, ambos funcionarios coincidieron en su preocupación por el repunte de la inflación, que en marzo alcanzó el 5,56 % anual.

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Villar insistió en que esa cifra sigue lejos de la meta, que es de un 3 %, y que, además, las expectativas de inflación se mantienen al alza, lo que justifica el incremento de las tasas de interés. Ávila, por su parte, aseguró que la inflación no sube por las presiones que genera un incremento de un 23 % del salario mínimo, como argumentan el Emisor y diversos analistas, sino por el efecto de la guerra en Irán y por la crisis climática.

Por eso, Ávila afirmó que subir las tasas de interés en ese contexto es “inocuo”, argumentando en tono sarcástico que las medidas del Banco de la República no sirven para “controlar los efectos del cierre del estrecho de Ormuz, ni para bajar el costo de los fertilizantes, ni del petróleo”.

Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, y Germán Ávila, ministro de Hacienda, en su intervención en la Comisión IV de Cámara. Foto: Banco de la República

El ministro criticó que en el Banco sigan basando sus decisiones en las expectativas y en la meta de inflación, que desde 2001 se estableció en un 3 %, razón por la que propuso abrir un debate para que la meta se establezca en un 4 % o un 5 %, lo que en su concepto no desbarataría la economía, pues ya lo han hecho otros países.

Expertos como Munir Jalil, economista jefe para la región andina de BTG Pactual, consideran que ajustar la meta de inflación tendría lógica si Colombia ya la estuviera cumpliendo. “Proponerlo precisamente cuando llevan varios años sin alcanzarla no refleja una revisión técnica seria, sino una señal de que el país no ha logrado controlar su inflación. Es como estar a dieta y comprar ropa de una talla más grande: el problema no es la talla, es que la dieta no está funcionando”, sostiene.

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Su colega Daniel Velandia, economista jefe de Credicorp Capital, asegura que la propuesta de Ávila es inconveniente porque indicaría que el Banco de la República estaría dispuesto a hacer más flexible su política monetaria para generar más crecimiento, pero a expensas de mayor inflación. “Disminuir esa exigencia porque simplemente no se logró controlar la inflación también sugiere inflaciones movibles que dependen del ciclo económico o del ciclo político, cosa que no debe pasar en un banco central que pretenda generar credibilidad”.

Tanto desde el Emisor como entre los expertos, piensan que, tras 25 años de un esquema de inflación objetivo, Colombia ha logrado anclar sus expectativas y reducir la inflación de manera sostenida.

Un dato de inflación más alto tiende a profundizar las diferencias entre el Gobierno y la junta del Banco de la República, porque reduce el margen para recortar tasas. Foto: ADOBE STOCK

“Cambiar la meta ahora, en medio de un incumplimiento prolongado, sienta un precedente peligroso: la meta dejaría de ser un compromiso creíble para convertirse en un parámetro ajustable cada vez que no se cumpla”, reitera Jalil, al tiempo que hace un paralelo con el salario mínimo, pues, una vez que se normalizó incrementarlo muy por encima de la inflación, esa práctica se volvió difícil de revertir y podría ocurrir lo mismo con la meta inflacionaria.

Los más golpeados con la erosión de credibilidad de la meta de inflación serían las personas de menores ingresos, que no tienen acceso a instrumentos que protejan su poder adquisitivo.

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Velandia agrega que la pérdida de confianza en la política monetaria es muy dañina para un país y por eso es un tema que debe estar alejado de cálculos políticos. “Como bien dijo el gerente Villar en su aparición en el Congreso: mientras los gobiernos están pensando a cuatro años o a ocho, los bancos centrales tienen que pensar décadas adelante”.