SEMANA: Esta semana, en el foro HumanaMENTE se debatió un tema esencial pero también muy invisible y desatendido: la salud mental. Hace muchos años, ese tema no era una preocupación frente a los niños. ¿Qué es lo que ha cambiado en las nuevas generaciones para hoy que sea una preocupación tan grande frente a las nuevas generaciones?

María Victoria Angulo: En el foro HumanaMENTE, organizado por la Fundación Innovación para el Desarrollo, hablamos de una preocupación que las familias y los docentes conocen de cerca. Las dificultades emocionales en la infancia han existido siempre, pero hoy las reconocemos mejor y tenemos más diagnósticos. Según la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025, frente a 2015 se triplicaron los diagnósticos de depresión y se cuadruplicaron los de ansiedad generalizada. Hay que interpretar estas cifras con cuidado: influyen la consulta, el acceso a servicios y la capacidad de detección, además de los cambios que viven los niños.

La exministra María Victoria Angulo participó en HumanaMENTE. En el panel con Charlotte Greniez, Directora de Desarrollo socioemocional y Bienestar; Alianza Educativa; Yahira Guzmán: Especialista en Psiquiatría y Bioética, Doctora en Investigación Médica aplicada. Foto: Alejandro Acosta

También ha cambiado el entorno en el que crecen. El juego libre y las relaciones presenciales compiten con muchas horas de pantalla y con la presión de compararse constantemente. La pandemia dejó huellas, y en numerosos territorios la violencia y la pobreza siguen afectando profundamente la vida familiar. La misma encuesta señala que uno de cada tres niños, niñas y adolescentes ha vivido al menos un evento traumático. Para el sector educativo esto tiene una consecuencia muy concreta: el bienestar debe estar presente en la convivencia, en las prácticas pedagógicas y en la relación diaria de los estudiantes con sus profesores y compañeros.

SEMANA: La infancia ha cambiado muchísimo de hace unos años para acá. Y uno lee libros como el de Jonathan Haidt que muestra los estragos de pasar de una infancia basada en el juego a una basada en las pantallas. ¿Qué tanto ha detonado ese cambio en los problemas de salud mental?

M.V.A: Jonathan Haidt, en La generación ansiosa, plantea una transformación que merece nuestra atención: el paso de una infancia centrada en el juego a otra muy marcada por los teléfonos. Su tesis ha abierto un debate importante. Sabemos que existe relación entre ciertos patrones de uso digital y el bienestar emocional, aunque los estudios no siempre permiten establecer qué causa qué.

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Me parece especialmente relevante lo que ocurre cuando las pantallas desplazan el sueño, el deporte, la conversación o el tiempo para jugar. Son experiencias fundamentales durante el desarrollo. En Bogotá, el estudio Desconectar para Conectar, de UNCOLI con Stanford y el Banco Mundial, encontró una asociación entre mayor uso de redes sociales y mayores niveles de ansiedad. A los 14 años, más del 95 % de los participantes ya tenía celular y redes; el 62 % recibió su primer celular antes de la edad que sus propios padres consideraban adecuada. Es una decisión que merece más conversación en las familias, y acuerdos consistentes con los colegios.

SEMANA: Ese autor dice que los padres no dejan salir hoy a los niños al parque, pensando en que allí hay peligros muy grandes, pero que mayoritariamente los verdaderos peligros, los depredadores sexuales, etc, están detrás de la pantalla. ¿Usted comparte esa apreciación?

M.V.A: La expresión de Haidt es muy gráfica: sobreprotegemos a los niños en el mundo físico y con frecuencia los dejamos demasiado expuestos en el digital. Nos preocupa que salgan solos al parque, mientras un teléfono puede abrirles la puerta a desconocidos y a contenidos que no están preparados para manejar.

En Colombia hay razones para actuar. La línea Te Protejo, de Red PaPaz, recibió 53.631 reportes ciudadanos en 2025, un 22,6 % más que el año anterior. Estos reportes no equivalen a casos confirmados, pero permiten dimensionar la preocupación por las violencias en línea, entre ellas el abuso sexual infantil.

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La protección requiere compromisos de todos. Las plataformas deben incorporar medidas de seguridad apropiadas para menores, proteger la privacidad y actuar con rapidez ante contenidos de abuso. En las familias necesitamos conversar sobre lo que ocurre en internet, conocer con quién interactúan los hijos y recuperar espacios de juego, deporte y encuentro. Los colegios tienen un papel educativo importante, sobre todo para que los niños desarrollen criterio y sepan pedir ayuda.

SEMANA: ¿Hoy el mundo está prohibiendo el uso de smartphones y redes sociales en los establecimientos educativos? ¿Le parece eso una buena idea?

M.V.A: En muchos países se están estableciendo restricciones. Según el informe de seguimiento de la educación de la UNESCO, 114 sistemas educativos, el 58 % de los países, tienen prohibiciones nacionales sobre el uso del celular en la escuela. En redes sociales, Australia introdujo en diciembre de 2025 restricciones para menores de 16 años. Francia aprobó una medida para menores de 15 años en julio de 2026, pero el Consejo Constitucional anuló esa disposición en agosto. Colombia también discute en el Congreso restricciones de acceso para menores de 16 años.

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Estoy de acuerdo con poner reglas claras en el colegio. Los docentes necesitan condiciones para enseñar y los estudiantes, espacios donde puedan concentrarse y relacionarse. PISA 2025 indica que el 36 % de los estudiantes colombianos reporta distracciones frecuentes de sus compañeros por dispositivos digitales en las clases de ciencias, frente al 28 % de la OCDE. En los colegios colombianos donde se prohíben los celulares, la probabilidad reportada de esa distracción es 33 % menor. Es una asociación que merece atención, sin atribuirle por sí sola un efecto causal. En los colegios de UNCOLI, además, el 61 % de los docentes percibe una mejora en la concentración tras las restricciones.

"El juego libre y las relaciones presenciales compiten con muchas horas de pantalla y con la presión de compararse constantemente", dice María Victoria Angulo Foto: Getty Images

La regulación debe considerar la edad, las necesidades de accesibilidad y los usos pedagógicos pertinentes. Conviene acordarla con estudiantes, docentes y familias, y evaluar sus resultados. El Ministerio de Educación publicó orientaciones para que las instituciones definan reglas en sus manuales de convivencia. Al mismo tiempo, debemos enseñar ciudadanía digital. La tecnología ofrece oportunidades valiosas, y aprender a utilizarla de forma crítica y responsable es parte de la formación de las nuevas generaciones.

SEMANA: Hay muchos estudios que muestran que las niñas sufren especialmente por los temas de redes, frente a la idea que tienen del cuerpo y la belleza. ¿Cómo romper esos estereotipos?

M.V.A: La preocupación tiene fundamento, especialmente cuando se trata de la imagen corporal y de la aprobación social. Los efectos son distintos según la edad, la experiencia de cada adolescente y el tipo de contenido. El estudio de UNCOLI encontró una asociación más marcada entre redes y ansiedad entre las adolescentes. También observó que algunas recurren con mayor frecuencia al celular cuando sienten tristeza o estrés, mientras sus padres perciben menos ansiedad de la que ellas mismas expresan. Esa distancia entre lo que viven las jóvenes y lo que alcanzamos a ver los adultos debe llamarnos la atención.

"Las niñas recurren con mayor frecuencia al celular cuando sienten tristeza o estrés, mientras sus padres perciben menos ansiedad de la que ellas mismas expresan", dice la exministra. Foto: Getty Images

Los modelos de belleza que circulan en redes suelen ser difíciles de alcanzar y pueden reforzarse mediante filtros y algoritmos. En casa ayuda hablar del cuerpo con respeto y evitar comentarios que reduzcan el valor de alguien a su apariencia. En el colegio es importante trabajar la autoestima, la educación socioemocional y la lectura crítica de los contenidos digitales. También debemos abrir oportunidades para que las niñas encuentren reconocimiento en la ciencia, el arte, el deporte y el liderazgo. Las plataformas, por su parte, tienen que responder por los riesgos que amplifican entre menores de edad.

SEMANA: Si el tema con las redes sociales se veía muy complejo, por sus efectos y por la dificultad de impedir el acceso de los niños a esos contenidos, con la IA, el panorama se ve aún más preocupante. ¿Qué retos nuevos trae la IA?

M.V.A: La inteligencia artificial ya forma parte de la experiencia escolar. Según PISA 2025, el 56 % de los estudiantes colombianos de 15 años utiliza chatbots de IA para aprender al menos una vez por semana, frente al 46 % de la OCDE. Esto abre posibilidades interesantes para practicar, recibir explicaciones adaptadas y ayudar a los docentes a reconocer dificultades de aprendizaje. La calidad del uso pedagógico será decisiva.

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Hay riesgos que debemos atender desde ahora. Uno aparece cuando el estudiante delega en la herramienta tareas que necesita realizar para desarrollar lectura, escritura y pensamiento crítico. Otro está en los vínculos emocionales con chatbots. Una encuesta de Common Sense Media en Estados Unidos encontró que el 72 % de los adolescentes de 13 a 17 años ha usado compañeros de IA; cerca de uno de cada tres los utilizó con fines de interacción o apoyo emocional. Es especialmente delicado cuando un joven atraviesa una crisis y recibe respuestas inadecuadas. A ello se suman la creación de imágenes íntimas falsas y nuevas formas de acoso que afectan la convivencia escolar.

"Según PISA 2025, el 56 % de los estudiantes colombianos de 15 años utiliza chatbots de IA para aprender al menos una vez por semana, frente al 46 % de la OCDE", dice María Victoria Angulo. Foto: Getty Images

Desde la política educativa necesitamos formación de docentes, orientaciones claras para las instituciones y exigencias de seguridad a las empresas tecnológicas. La IA puede apoyar procesos educativos, pero cualquier preocupación de salud mental exige atención humana y, cuando corresponda, intervención profesional. Me interesa que los estudiantes aprendan a usar estas herramientas sin renunciar a pensar por sí mismos.

SEMANA: Usted fue ministra de Educación, ¿Desde el gobierno, cómo se maneja el tema de salud mental en los colegios?

M.V.A: Colombia ha venido construyendo instrumentos importantes para atender la salud mental desde la educación. Contamos con el Sistema Nacional de Convivencia Escolar, creado por la Ley 1620 de 2013, con comités y rutas de atención. Durante nuestra gestión fortalecimos el trabajo con las familias, mediante la Ley 2025 de 2020 sobre escuelas para padres y madres, y promovimos la Alianza Familia-Escuela. En primaria impulsamos Emociones para la Vida, con herramientas para que los niños aprendieran a reconocer y manejar sus emociones, desarrollar empatía y resolver conflictos. En educación superior pusimos en marcha Bienestar en tu Mente, con recursos de prevención, promoción de hábitos saludables y formación de profesionales de las instituciones para el acompañamiento en salud mental.

La pandemia hizo aún más evidente la importancia de estas acciones. El cierre de los colegios nos mostró cuánto significan para los niños la relación con sus maestros, el encuentro con sus compañeros y las rutinas escolares. Por eso trabajamos con las secretarías de educación y el sector salud para garantizar el regreso gradual y seguro a la presencialidad. Fue una decisión que consideró tanto los aprendizajes como el bienestar emocional de los estudiantes.

Hoy contamos también con nuevas disposiciones legales sobre salud mental y competencias socioemocionales, expedidas en 2025. El desafío está en lograr que estos esfuerzos tengan continuidad y lleguen efectivamente a cada institución educativa. Se requieren orientadores, directivos y docentes preparados para reconocer señales de alerta, familias involucradas y servicios de salud capaces de responder oportunamente. La experiencia me enseñó que una política cobra verdadero sentido cuando se traduce en atención y acompañamiento para quienes lo necesitan.

SEMANA: Los datos de PISA muestran que el deterioro emocional afecta directamente el rendimiento en matemáticas y lectura. ¿Es la salud mental un cuello de botella de la calidad educativa en Colombia?

M.V.A: La salud mental tiene una relación muy importante con la calidad educativa. PISA 2025 aporta evidencia sobre cómo el bienestar, la convivencia y la experiencia escolar se relacionan con los aprendizajes, aunque estas asociaciones no permiten establecer por sí solas una relación causal. En Colombia, los estudiantes que encuentran sentido a lo que aprenden obtienen 32 puntos más en ciencias que quienes consideran el colegio una pérdida de tiempo. Quienes manifiestan una mentalidad de crecimiento registran 33 puntos adicionales, teniendo en cuenta las condiciones socioeconómicas. Por su parte, los estudiantes que han sufrido ciberacoso obtienen, en promedio, 39 puntos menos.

Hay algo que considero fundamental: un estudiante que siente miedo, vive situaciones de acoso o enfrenta dificultades emocionales persistentes puede ver afectada su capacidad de aprender. Y las dificultades reiteradas en el aprendizaje también pueden afectar su confianza y bienestar. Por eso es tan importante el trabajo de los maestros, los rectores y las familias para construir ambientes escolares seguros, con buenas prácticas pedagógicas, relaciones de confianza y acompañamiento oportuno.

Pero PISA también nos muestra una fortaleza que merece destacarse. Los jóvenes colombianos tienen ganas de aprender y muestran una perseverancia notable frente a las dificultades. El 82 % se declara curioso, frente al 73 % de la OCDE, y el 76 % afirma que se esfuerza más cuando una tarea se vuelve difícil, frente al 60 % de la OCDE. Son resultados que hablan de una disposición valiosa para aprender y superar obstáculos. Nuestro sistema educativo tiene la responsabilidad de aprovechar esa fortaleza, ofrecer mejores oportunidades de aprendizaje y acompañar a los estudiantes para que puedan desarrollar plenamente sus capacidades.

SEMANA: ¿Explica esto, en parte, el deterioro que han tenido los resultados de PISA en el mundo y particularmente en Colombia?

M.V.A: Hay que leer los resultados con perspectiva. PISA 2025 confirma una preocupación mundial: entre 2015 y 2025, el promedio de los países de la OCDE descendió 28 puntos en lectura y 22 en matemáticas, hasta alcanzar los niveles más bajos registrados. La salud mental, las consecuencias de la pandemia y los cambios en los hábitos de lectura, la atención y el uso de la tecnología forman parte de una discusión que exige mayor investigación. Además, las dificultades de aprendizaje venían manifestándose desde antes de la pandemia.

A Colombia también le fue mal. Obtuvimos 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias. El deterioro mundial no puede llevarnos a restar gravedad a nuestra situación. Apenas el 29 % de los estudiantes alcanza el nivel básico en matemáticas y el 46 % en lectura. Estas cifras muestran la magnitud de los rezagos acumulados y las desigualdades educativas. Son jóvenes que llegan a los 15 años sin haber consolidado aprendizajes fundamentales para continuar sus estudios y ampliar sus oportunidades de futuro.

La respuesta exige actuar con mayor oportunidad y continuidad. Hay que fortalecer la lectura y las matemáticas desde los primeros grados, identificar tempranamente los rezagos y acompañar a los docentes en sus prácticas de aula, con especial atención a los estudiantes que enfrentan mayores desventajas. También necesitamos rectores y equipos directivos capaces de liderar la mejora pedagógica y políticas que se sostengan en el tiempo. Colombia cuenta con instrumentos y experiencias valiosas; debemos aprovecharlos y fortalecer su implementación. El verdadero desafío es que los estudiantes permanezcan, progresen y culminen sus trayectorias educativas con aprendizajes sólidos.

SEMANA: Ser papá hoy, con este contexto de salud mental, tiene nuevos retos. ¿Cómo tener herramientas para acompañar a los niños a crecer de manera saludable también en este frente?

M.V.A: Acompañar a los hijos hoy supone conocer su vida cotidiana, tanto dentro como fuera de internet. La herramienta más importante sigue siendo la confianza: conversar, escuchar sin adelantarse a juzgar y dedicarles tiempo. También cuenta el ejemplo de los adultos con sus propios teléfonos.

"Los padres necesitan reconocer cambios persistentes en el sueño, el ánimo, las relaciones o el desempeño escolar, y buscar orientación cuando interfieren con la vida diaria", dice la exministra Angulo. Foto: Getty Images

En casa ayudan los acuerdos sobre la edad del primer celular, los momentos libres de pantallas y el uso de dispositivos durante la noche. El estudio de UNCOLI encontró una distancia reveladora: el 68 % de los padres cree que existen reglas claras, mientras solo el 35 % de los adolescentes las percibe así. Vale la pena construirlas juntos, explicar sus razones y revisarlas a medida que los hijos crecen. El deporte, el arte, la lectura y la vida en familia también crean vínculos que protegen.

Los padres necesitan reconocer cambios persistentes en el sueño, el ánimo, las relaciones o el desempeño escolar, y buscar orientación cuando interfieren con la vida diaria. La tristeza y la frustración forman parte de crecer, pero el sufrimiento prolongado merece atención. Las escuelas para padres pueden ayudar mucho en esta tarea. Ojalá logremos que los niños y jóvenes crezcan sintiéndose escuchados, con oportunidades de aprender, de relacionarse y de construir su propio camino.