La modelo y actriz colombiana Laura Sofía Grueso, conocida como ‘Akima’ y reconocida por interpretar a Rebeca en la adaptación de Cien años de soledad, de Netflix, hizo pública una denuncia en la que puso sobre la mesa una discusión cada vez más urgente en la industria creativa: el uso de la inteligencia artificial para reproducir los rasgos de personas reales sin su autorización.

A través de su cuenta de Instagram, denunció al director mexicano Mauricio Sierra y a dos casas productoras vinculadas con él por la presunta creación de entre seis y siete personajes digitales con variaciones de su rostro. Según su relato, estas figuras estarían destinadas a campañas publicitarias para marcas de lujo en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

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‘Akima’ aseguró que conocía a Sierra desde hacía aproximadamente cinco o seis años, cuando trabajaron juntos en una producción para la revista Vogue. “Son personajes que siento que tienen variaciones de mi cara”, explicó al describir las imágenes que encontró. La modelo sostuvo, según su testimonio, que no había autorizado que sus rasgos fueran utilizados para desarrollar estas identidades digitales.

La modelo nacida en Cali ha construido una carrera internacional en el modelaje. Su trabajo ha aparecido en publicaciones como Vogue, Harper’s Bazaar, Elle, Paper Magazine, Marie Claire e InStyle.

Su trayectoria también ha estado vinculada con ciudades como Ciudad de México, Nueva York, Londres y Berlín, en un recorrido profesional que le ha permitido trabajar en editoriales y campañas de moda.

Antes de su debut como actriz, la caleña estudió Creación Literaria en Bogotá. Su relación con los libros fue determinante para acercarse a la obra de Gabriel García Márquez, cuya adaptación televisiva terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más importantes de su carrera.

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En la serie Cien años de soledad, producida por Netflix, interpreta a Rebeca, la niña que llega a Macondo acompañada por traficantes de pieles y es recibida por la familia Buendía.

Cien Años De Soledad temporada 1, Laura Grueso "Akima" como Rebeca Foto: Pablo Arellano / Netflix

En la denuncia, la modelo asegura que existe una contradicción entre la idea de inventar rostros inexistentes y la posibilidad de utilizar como referencia la apariencia de una persona real que trabaja profesionalmente frente a las cámaras. “Se me hace muy cínico, por decir menos, que una persona en México que trabaja con personas morenas y que de hecho gran parte de su trabajo lo hace incluso con comunidades”, afirmó.

Pero su crítica no se limita a la tecnología utilizada para generar las imágenes. Akima relacionó el caso con las desigualdades raciales y con la forma en que ciertos rasgos físicos y culturales latinoamericanos se representan en los mercados internacionales. “No me parece inocente querer apropiarse de los rostros latinoamericanos para venderlos en un mercado europeo y estadounidense”, expresó.

La actriz considera que la situación reproduce una dinámica en la que las características de las personas racializadas pueden convertirse en un recurso comercial, mientras sus propias posibilidades de acceder a oportunidades en la industria siguen condicionadas por barreras sociales y culturales. “Él, desde su privilegio y su blancura, necesita expropiarme mi cara, mi identidad, mi trabajo”, dijo en su denuncia.

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Estas afirmaciones corresponden a la interpretación de la modelo sobre lo ocurrido y las motivaciones que atribuye al director. La existencia de semejanzas visuales, por sí sola, no permite establecer de manera concluyente cómo se generaron los personajes ni determinar si hubo una infracción legal.

La denuncia también incluye un cortometraje publicado en el entorno digital de una de las productoras que Akima relaciona con Sierra. Según relató, la pieza comienza con una escena de contenido erótico y le generó inquietud porque no pudo determinar si la figura que aparece es ella o uno de los personajes creados mediante inteligencia artificial. “Realmente no sé si la persona, el personaje del film, soy yo o uno de mis avatares”, explicó.

La incertidumbre sobre esa representación, sumada a la naturaleza de las imágenes, intensificó su malestar. Akima describió la experiencia como perturbadora y aseguró que sintió que su identidad estaba siendo usurpada. “Verme de alguna forma y siendo usurpada un poco me hizo solo tener muchas ganas de vomitar”, expresó.

Tras la denuncia, la actriz anunció que explorará las acciones legales disponibles con el apoyo de sus agencias de representación en Estados Unidos y Europa. “Lo que voy a hacer es que igual voy a explorar legalmente qué puedo hacer desde mi agencia de Estados Unidos y mi agencia de Europa con la situación”, afirmó.