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“Mi máxima expresión de creatividad”: Fernando Montaño, bailarín colombiano, habla en SEMANA

Tras 21 años en Londres y una trayectoria en el Royal Ballet, el colombiano Fernando Montaño explora las artes plásticas sin abandonar la danza. En su regreso al país, habla de su evolución creativa, el poder transformador del arte y las huellas que han marcado su vida.

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24 de octubre de 2026 a las 1:40 a. m.
El bailarín colombiano Fernando Montaño conquistó escenarios internacionales como primer bailarín del Royal Ballet de Londres.
El bailarín colombiano Fernando Montaño conquistó escenarios internacionales como primer bailarín del Royal Ballet de Londres. Foto: Fernando Montaño

SEMANA: Este año formará parte de Dîner en Blanc en Colombia. ¿Qué podremos ver en la exposición y qué significa para usted regresar al país?

Fernando Montaño: Estoy superemocionado porque para mí significa hacer un debut en Colombia; precisamente este año y en este mes presenté mi primera escultura. Poder llevar mi obra al país donde nací representa algo simbólicamente muy especial. Además, la conexión con Dîner en Blanc, con el fin de recaudar fondos para los niños damnificados por el terremoto y construir una escuela, hace que esta visita sea todavía más significativa.

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El público va a presenciar una performance que he presentado en muy pocos lugares del mundo y que realizaré por primera vez en Colombia. Durante la puesta en escena bailo y sobre ese movimiento creo la base de una pintura, la cual luego termino de pulir en el estudio. Esa es la esencia de la obra que marcará mi debut.

Esta performance solo la he presentado en Londres, en Zúrich y en Siena. Es mi debut formal en Colombia como artista visual mediante esta técnica propia que desarrollé, en la que combino la danza y la pintura en un mismo acto. Llego con muchísima ilusión: ya tengo definida la música que voy a utilizar y el título de la obra, y confío plenamente en que tendrá una recepción muy especial por parte del público.

Además del evento benéfico de Diner en Blanc, estaré exponiendo en el Museo de Arte Contemporáneo de Cartagena, donde ofreceré conferencias y pequeñas performances. Deseo estar plenamente presente para dialogar de cerca con la gente.

SEMANA: ¿Cómo ha sido esa evolución creativa para entender que el camino del artista no es lineal?

F.M.: Es curioso porque hoy en día utilizo el término “polímata”, lo que en inglés llaman un renaissance man. Desde muy niño tuve una enorme curiosidad y la danza fue el primer lenguaje artístico que logré consolidar. Ha sido un proceso largo y exigente: en el mundo existen muy pocas compañías de ballet de primer nivel y su audiencia sigue siendo bastante tradicional, a diferencia de fenómenos más masivos como el pop o la ópera.

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Mi formación se inició en Colombia, continuó en Cuba, luego en Italia y finalmente ingresé al Royal Ballet de Londres. Vivir durante 21 años en Londres y viajar en giras internacionales me permitió nutrirme de múltiples lenguas, visiones y tradiciones estéticas. Todo ese bagaje enriqueció mi imaginación y hoy lo plasmo en el lienzo y el volumen.

El ballet clásico es un arte efímero que permanece sobre todo en la memoria de los espectadores; aunque se filme, nunca transmite la misma vibración del directo. Al unir la danza con la performance y producir una pintura física, logro crear un objeto tangible que perdura en el tiempo y al que la gente puede volver constantemente. Esa convergencia entre mis dos grandes pasiones representa mi máxima expresión de creatividad.

Además, ofrecerá una actuación especial en apoyo a Unicef.
Además, ofrecerá una actuación especial en apoyo a Unicef. Foto: Fernando Montaño

SEMANA: Entre las obras que más interés despiertan está HiKing, la escultura en homenaje al rey Carlos III. ¿Cómo nació esa pieza, qué simbolismos encierra y qué conocimiento tiene la Casa Real británica sobre este tributo?

F.M.: El rey está al tanto de la obra; de hecho, conservo una carta que él me envió directamente desde el palacio. El proyecto surgió a partir de una invitación para bailar en Escocia, en el castillo de Taymouth, a beneficio de la fundación Kids Trust International. Como nunca había bailado en Escocia, quise trascender la mera presentación dancística y concebir una escultura en su honor vinculada a esa causa benéfica.

Para su diseño, me remití a mis recuerdos de hace 20 años, cuando conocí al entonces príncipe en Highgrove. Aunque en esa época mi inglés no era fluido, percibí de inmediato la inmensa pasión con la que hablaba de los jardines, la botánica y el medioambiente. A lo largo de mis dos décadas en Londres he sido testigo de su transición de príncipe de Gales a monarca, así como de la trascendencia de la reina Isabel II. Además, él es un mecenas fundamental. Históricamente, las artes han florecido y perdurado gracias al respaldo de grandes patronos.

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La escultura recrea un ecosistema cargado de simbolismos: incluye la orquídea como flor nacional de Colombia, el thistle de Escocia, los lirios, que eran las flores predilectas de mi madre, girasoles para representar la luz solar indispensable para la vida y una rosa, porque todos en algún momento hemos entregado o recibido una. Asimismo, incorporé dos invertebrados: un caracol y una mariposa. La mariposa evoca la biodiversidad colombiana y la región cafetera, referencia que también utilicé cuando interpreté a Alicia en el país de las maravillas, pero simboliza a la vez la metamorfosis del príncipe con el reinado más prolongado en su paso a ser rey. El bastón que porta representa el equilibrio y la contemplación frente a la naturaleza. Los he mantenido al tanto del recorrido de la pieza y me alegra ver cómo las exhibiciones han surgido de manera tan orgánica.

El artista regresa a Cartagena el 24 de octubre para participar en la segunda edición de Dîner en Blanc.
El artista regresa a Cartagena el 24 de octubre para participar en la segunda edición de Dîner en Blanc. Foto: Fernando Montaño

SEMANA: En su momento, usted no dudó en alzar su voz cuando figuras de Hollywood, como Timothée Chalamet, sugirieron que disciplinas como la ópera o el ballet habían perdido relevancia. ¿Por qué considera indispensable defender la vigencia de las artes escénicas?

F.M.: Las artes no compiten entre sí, se complementan. Tradicionalmente, la formación de los actores exigía entrenamiento en danza clásica y contemporánea para dotar al intérprete de recursos físicos y expresivos integrales. Me pareció un comentario desafortunado porque pensé en los niños y los jóvenes que lo admiran como actor: escuchar una afirmación despectiva de esa naturaleza puede frustrar la vocación de un niño que sueña con bailar ballet, infundiéndole temor a la burla o al rechazo social. Quienes tenemos proyección pública debemos asumir la responsabilidad ética del impacto que nuestras opiniones generan en las nuevas generaciones.

SEMANA: Salir adelante en la danza clásica al más alto nivel implica una entrega absoluta. Visto en perspectiva, ¿cuál ha sido el costo personal o familiar de alcanzar ese éxito?

F.M.: El desarraigo temprano. Irme de casa a los 14 años fue un paso durísimo por mi corta edad; aunque me obligó a madurar con rapidez, asumir responsabilidades y aprender a discernir entre los caminos constructivos y las distracciones perjudiciales. La distancia física de la familia y de mi tierra natal ha sido el sacrificio más constante. Al mismo tiempo, comprendo la generosidad y el dolor que significa para los padres dejar partir a sus hijos con el fin de que construyan sus propios destinos con autonomía.

SEMANA: ¿Qué mensaje les daría a los niños y jóvenes colombianos que sueñan con abrirse camino en el arte?

F.M.: Les diría que jamás apaguen su curiosidad, sin importar cuán adverso o acelerado se presente el panorama global. Las artes poseen un poder blando único para tejer conversaciones, narrar realidades y perdurar a través de los siglos. En una era dominada por la tecnología y la inteligencia artificial, el valor de lo creado por las manos y la sensibilidad humana resulta insustituible. El arte es inclusivo: emociona de manera particular a cada individuo sin distinciones intelectuales ni sociales.

El arte tiene esa virtud: permite abordar problemáticas complejas, como la prevención en salud o la crisis social, mediante un lenguaje sensible, afable y digno que invita a la reflexión sin necesidad de recurrir a la agresión. Ese es el verdadero poder transformador de la cultura.