Para Andrea Agudelo, crear no consiste únicamente en darle forma a una idea, sino en descubrir qué puede expresar y qué emociones es capaz de despertar en los demás. Su recorrido, que comenzó con una formación en Negocios Internacionales y Mercadeo, se ha desplegado entre la fotografía, los libros, la moda y la dirección creativa, lenguajes que ha ido reuniendo hasta construir una mirada propia.
La creadora del libro Mandalas para el alma y Casa SER, en Medellín, encuentra en ese cruce de disciplinas una manera de explorar la identidad, convertir los recuerdos en nuevas narrativas y entender cómo los objetos pueden adquirir significados que van más allá de su función.

En diálogo con SEMANA, Agudelo habla de la transformación como una posibilidad de explorar distintas versiones de sí misma sin renunciar a lo esencial y de una ambición que no se mide únicamente por los resultados, sino también por la capacidad de reconocerse en lo que se construye.
La autora de once libros sobre bienestar creativo también conversó sobre su incursión en la moda, su más reciente colaboración con la marca caleña Ela y su colección Metamorfosis.

SEMANA: Usted estudio Negocios Internacionales y Mercadeo, pero su camino terminó acercándose a la fotografía, los libros, el diseño y la dirección creativa. ¿Qué encontró en la creación que no había encontrado en su formación académica?
Andrea Agudelo: Mi formación me dio herramientas para entender cómo desarrollar una idea y convertirla en un proyecto. En la creación encontré un espacio para hacerme otras preguntas: qué quería expresar, qué me conmovía y qué podía generar en alguien más. En ese momento empezaron a encontrarse cosas que siempre me habían interesado, como la fotografía, los libros y la moda.
Mandalas para el Alma fue muy importante en ese descubrimiento. Partió de una experiencia personal con la creatividad que quise compartir, y terminó abriendo un camino profesional que yo todavía no sabía cómo nombrar.
Con los años fui entendiendo que la dirección creativa reunía muchas de mis preguntas. Me interesa pensar en lo que una persona siente cuando entra en contacto con un proyecto: lo que ve, lo que escucha, lo que descubre. Disfruto construir esa conexión entre una idea y todas las maneras posibles de expresarla.


SEMANA: La moda suele presentarse como una industria de tendencias, temporadas y novedades, pero también es una forma de construir identidad y comunicar quiénes somos. ¿Qué le interesa de la relación entre la moda y la personalidad?
A. A.: Me interesa mucho cómo cambia nuestra manera de vestir según el lugar, el momento o el estado de ánimo. Una ciudad, una canción o un plan pueden despertar una versión distinta de nosotros. Yo disfruto esa posibilidad de experimentar y de descubrir cómo me siento con algo que quizás antes no me habría puesto.
La ropa puede expresar cosas que todavía no sabemos explicar. A veces una elección tiene que ver con cómo nos sentimos y otras, con algo que queremos atrevernos a explorar.
También existe la presión de encajar. Es fácil empezar a elegir pensando en cómo nos van a percibir. Por eso me parece valioso preguntarse: esto me gusta?, me da curiosidad?, me siento yo llevándolo? Podemos cambiar de estilo muchas veces y seguir reconociéndonos. La personalidad también tiene espacio para el juego.

SEMANA: Casa SER nació, en parte, de un recuerdo familiar: el sombrero de su abuelo. ¿Qué lugar ocupan sus recuerdos, tus afectos y tu historia personal en su proceso creativo? ¿Cómo sabe cuándo una experiencia tiene la fuerza suficiente para convertirse en un proyecto que trascienda lo autobiográfico?
A. A.: Mis recuerdos ocupan un lugar muy importante porque son parte de la manera en que miro las cosas. Hay objetos que uno asocia tanto con una persona que terminan guardando algo de ella. Para mí, el sombrero de mi abuelo tenía esa carga afectiva, y esa memoria encontró una forma de continuar en SER.
Al desarrollar la marca, esa relación se abrió hacia una pregunta sobre la identidad: qué significa una pieza para quien la lleva, qué expresa y qué historia empieza a acompañar.
No tengo una fórmula para saber cuándo una experiencia puede convertirse en un proyecto. Me fijo en si sigue despertándome preguntas y en si encuentro algo que otras personas también puedan reconocer. El origen puede ser muy mío; después, cada persona tiene que poder hacer suyo el objeto y darle un significado que súper único y diferente.

SEMANA: ¿Cómo encuentra el equilibrio entre compartir su universo con una audiencia y proteger su espacio íntimo en el que las ideas puedan madurar sin la presión de mostrarlas inmediatamente?
A. A.: Las redes permiten compartir procesos, conocer otras miradas y generar conversaciones que pueden alimentar mucho una idea. También tienen un ritmo muy rápido, y es fácil sentir que todo debería mostrarse mientras está pasando.
Creo que el equilibrio empieza por aceptar que una idea necesita tiempo. Hay cosas que todavía no sé explicar, decisiones que quiero revisar y momentos que prefiero vivir sin pensar de inmediato en cómo compartirlos.
Me interesa compartir el proceso, pero quiero poder elegir cuándo hacerlo. Las redes influyen en cómo presentamos y hacemos circular nuestro trabajo; por eso trato de volver a una pregunta muy sencilla: qué me interesa de esto antes de saber cómo lo va a recibir la gente? Esa respuesta me ayuda a cuidar el sentido de lo que hago.


SEMANA: En sus proyectos parece haber una intención de construir algo más amplio que un producto: una historia, una atmósfera y una experiencia que conecte distintos lenguajes. Esa mirada se ha expresado en SER y también en Metamorfosis, su colaboración con Ela. ¿Cómo entiende hoy el papel de una directora creativa: como alguien que define la estética de un proyecto o como quien consigue que todos sus elementos tengan una idea en común?
A. A.: Para mí, dirigir creativamente un proyecto implica encontrar una idea y conseguir que todas las personas que participan puedan entenderla, interpretarla y aportar desde su oficio. La estética hace parte de ese trabajo, junto con las decisiones sobre las piezas, las imágenes, la música, el espacio y la experiencia.
En SER, por ejemplo, el lanzamiento permitió acercarse a la marca a través del arte y la música. En Metamorfosis, la transformación fue el punto de partida para pensar tanto las prendas como la campaña y la puesta en escena. Me importa que exista una relación entre esas decisiones y que el equipo tenga espacio para enriquecerla.
Un proyecto visualmente atractivo puede captar la atención de inmediato. Para que tenga algo que decir, creo que necesita una intención que se sostenga cuando uno mira más de cerca: entender por qué se hizo, qué propone y qué puede despertar en quien lo vive.


SEMANA: Ha hablado de la transformación como una idea que atraviesa tu trabajo, y Metamorfosis propone precisamente pensar en las distintas versiones que podemos habitar sin perder nuestra esencia. Más allá de esa colección, ¿cómo ha cambiado su relación con la ambición, el éxito y su propia identidad desde que comenzó a construir una carrera creativa?
A. A.: Mi recorrido me ha permitido reconocer capacidades e intereses que antes no sabía cómo reunir. Hoy puedo ver una relación entre los libros, la fotografía y la moda, aunque en distintos momentos parecieran caminos separados. Darme permiso de explorar ha sido importante para construir esa identidad creativa.

Mi papá me ha hablado mucho de conectar con lo que me apasiona y entender los resultados como una consecuencia de ese trabajo. Es una idea a la que vuelvo cuando pienso en la ambición: quiero que mis proyectos crezcan y lleguen a más personas, y también quiero sentirme conectada con lo que estoy construyendo.
