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Albert Menéndez, pianista de Shakira, habló con SEMANA: “Ella no solamente tiene suerte, también la trabaja mucho”

El músico cubano que ha acompañado a la artista colombiana durante más de 25 años, conversó sobre lo que ha vivido con la barranquillera, su faceta como compositor y fundador de su propio sello discográfico.

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17 de octubre de 2026 a las 2:22 a. m.
Albert Menéndez acompaña a Shakira desde 1999, cuando coincidieron durante la grabación de MTV Unplugged.
Albert Menéndez acompaña a Shakira desde 1999, cuando coincidieron durante la grabación de MTV Unplugged. Foto: Getty Images for Live Nation

Albert Menéndez conoce una dimensión de Shakira que no siempre aparece ante el público: la disciplina que sostiene una carrera internacional, la capacidad de reinventarse sin perder la identidad y el trabajo detrás de cada presentación.

Pianista cubano formado en música clásica, graduado de la Universidad de Miami y con una trayectoria que incluye colaboraciones con artistas como María Conchita Alonso, Jon Secada, Janet Jackson, Alejandro Sanz y Simply Red, llegó al universo musical de la barranquillera en 1999. Desde entonces, su talento ha acompañado distintas etapas de una carrera que transformó a una estrella latinoamericana en una figura global.

Desde Madrid, Albert conversó con SEMANA sobre su camino artístico. Especialmente, el que acaba de vivir junto a Shakira, quien cerró su residencia en España con cifras récord en 13 conciertos: más de 700.000 asistentes, con una derrama económica de cerca de 200 millones de euros para la capital española, superando incluso el paso de Bad Bunny por la misma ciudad.

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El espectáculo también tuvo invitados sorpresa, entre ellos Laura Pausini, Alejandro Sanz, Maluma, Dua Lipa y el colectivo Ghetto Kids. En medio de ese despliegue, la historia de Menéndez permite mirar más allá del escenario y observar el trabajo de uno de los músicos que han acompañado a Shakira durante más de un cuarto de siglo.

Cuando recuerda el primer encuentro con ella, Menéndez no habla de una predicción sobre el éxito futuro ni de una decisión consciente de permanecer durante décadas en el mismo equipo. “Si yo cerrara los ojos, el momento en que me di cuenta de que Shakira era algo especial fue, la verdad, la primera vez que la conocí. Me llevaron a Miami a grabar con una artista que se llamaba Shakira; no la conocía. En ese momento, cuando la conocí, ya te habías dado cuenta de que esta era una mujer especial, una energía especial”. La grabación que los reunió fue MTV Unplugged, el álbum que llevó a Shakira a un formato acústico y se convirtió en uno de los trabajos más importantes de su trayectoria.

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Al preguntarle por el cambio artístico que más le ha sorprendido de la colombiana, Menéndez ofrece una respuesta que parece contradictoria: lo que más ha cambiado es que ella no ha cambiado. No se refiere a una carrera inmóvil, sino a una personalidad artística que encuentra nuevas formas de expresarse sin renunciar a su carácter. “Siempre ha sido la misma barranquillera, la misma artista, la misma persona que se reinventa, que no se queda quieta. Es impresionante su deseo y su necesidad de expresarse en tantas formas, en tango, en rock and roll, en pop, en electro. Es como un camaleón, que cambia de colores, pero sigue siendo ella, representando su carácter, su personalidad y su visión como artista en ese momento”.

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La imagen del camaleón resume una de las características más visibles de la discografía de Shakira: el tránsito entre géneros y propuestas sin que desaparezca del todo la identidad de la compositora e intérprete. Para Menéndez, esa capacidad también exige de los músicos una disposición permanente a adaptarse. “Obviamente, los años cambian y el tiempo pasa, pero ella continúa presentándose como lo que es, como la reina que es”, afirma. En su relato, la permanencia no significa inmovilidad, sino la capacidad de evolucionar sin perder el centro. Esa lectura adquiere otra dimensión al observar el tamaño de las producciones actuales de Shakira, en las que cada elemento debe responder a una visión artística que se transforma con el tiempo.

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Sin embargo, el espectáculo que recibe el público es apenas una parte del trabajo. Detrás de una gira hay ensayos, desplazamientos, ajustes y una logística que obliga a los músicos a responder con precisión incluso cuando las jornadas parecen improbables. Menéndez rememora una experiencia de los primeros años de la década de 2000. “Recuerdo que en promoción de una gira, alrededor de los principios de los 2000, en muy poco tiempo, tocamos en casi tres continentes. Hicimos un show en Nueva York bien temprano; ese día volamos de Nueva York a Londres y allí filmamos un programa de televisión, creo que era Top of the Pops. De ahí volamos a Marruecos para hacer otro show. Una locura: de América a Europa y a África en probablemente 48 horas”.

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El pianista recuerda la anécdota como una muestra de la exigencia que acompaña una carrera de ese nivel. “Ella es muy profesional. Y con esa energía uno aprende a trabajar. Te enseña lo importante que es verdaderamente darle con todo a tu talento, porque no es solamente pintarte la cara y ser bonita: es mucho lo que una persona no ve del trabajo y del esfuerzo que un artista tiene que lograr para mantenerse al nivel que ella tiene. Aparte, necesitas suerte; todos necesitamos suerte. Pero ella no solamente tiene suerte: también la trabaja mucho”.

Pero Menéndez habla también desde la experiencia de un músico que ha construido su propia carrera. Su lugar consiste en contribuir al resultado colectivo sin competir con la figura que está en el centro del escenario. Ese equilibrio requiere saber cuándo intervenir y cuándo dejar espacio. “Creo que eso es lo que mejor hago: hacer mi trabajo y salir del camino. Mi trabajo es simplemente aportar lo que el artista necesite. Yo trato de tocar lo menos posible, aportar simplemente lo necesario, ni más ni menos”.

De Cuba al mundo

Antes de que su camino se cruzara con el de Shakira, Menéndez ya había comenzado a construir una identidad musical. Su formación en Cuba y su posterior llegada a Estados Unidos marcaron el desarrollo de una carrera que no se limita al trabajo como pianista de una estrella internacional. En Miami, ciudad en la que creció, continuó sus estudios de piano clásico en la Universidad de Miami y comenzó a trabajar con artistas locales. “Poco a poco tuve la oportunidad de trabajar con artistas un poquito más grandes, como María Conchita Alonso, Jon Secada, Janet Jackson y Simply Red”.

Su recorrido también le ha permitido convertir los viajes en una parte central de su experiencia personal. “Mi vida artística viajando por el mundo es un regalo. Viajar es conocer culturas, costumbres, comidas, escuchar diferentes idiomas. Y es un regalo del trabajo poder participar de eso. Ahora estamos aquí en España, en Madrid, comiendo delicioso; después vamos a otro país que nunca he conocido. Es un placer, es un honor hacer este viaje”.

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Entre los muchos recuerdos que conserva de su trabajo con Shakira, hay una canción que ocupa un lugar diferente. No se trata únicamente de una pieza que ha interpretado en numerosos conciertos, sino de una composición en la que participó como coescritor: Loba, el tema que dio nombre al álbum de 2009 y que se convirtió en una de sus canciones más reconocibles. “Escuchar esa canción, ser tocada y cantada por el público, y ser parte como uno de los escritores de la canción, es un honor y una satisfacción de vida. Saber que algo que aportaste a esa canción ahora es un himno para sus fanáticos y para la gente que la escucha es un sentimiento difícil de superar”.

Pero su identidad artística no termina en el piano que acompaña a Shakira ni en las canciones que ha ayudado a construir para otros. Fuera de las giras, Menéndez encuentra en su propio sello discográfico un territorio en el que puede explorar sus propios intereses: “Trabajo con música house, electrónica y con composiciones mías. Hago claramente la música que amo, sin tener jefes, sin nadie a quien responder. Es puro placer y me encanta”. Ese espacio creativo tiene nombre propio: Sterling Blue Music, desde el cual desarrolla una faceta más personal de su trabajo.