La segunda temporada de Cien años de soledad llegó a Netflix el 5 de agosto de 2026 y llevó a Macondo hacia el desenlace de la historia de los Buendía. La serie tendrá su final el 26 de agosto, con un gran capítulo de cierre que profundizará en personajes, conflictos familiares y acontecimientos históricos que llevan al pueblo hacia la ruina. En esta etapa participan talentos colombianos como Julián Román, quien interpreta a los gemelos José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo; Ángela Cano, como Petra Cotes; y Carla Baratta, como Fernanda del Carpio.

Así luce Margarita Rosa de Francisco en ‘Cien años de soledad’, de Netflix: la actriz reaccionó al personaje

Detrás de la cámara están Laura Mora y Carlos Moreno. Mora, directora de Matar a Jesús y Los reyes del mundo, y realizadora de series como Frontera verde y El robo del siglo, dirige los episodios 1, 2, 5, 6 y el gran final. Moreno, director de películas como Perro come perro, Todos tus muertos y Que viva la música, además de trabajos para televisión y plataformas, dirige los episodios 3, 4 y 7.

El peso de la memoria

Para Julián Román, interpretar a los gemelos Buendía implicó asumir una de las particularidades más complejas del universo de García Márquez: la repetición. José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo pertenecen a la misma generación y comparten nombre, pero sus recorridos, temperamentos y decisiones los distinguen. El reto no consistía únicamente en establecer diferencias visibles entre ambos, sino en comprender aquello que los une a una historia en la que las generaciones parecen avanzar mientras vuelven, una y otra vez, sobre los mismos conflictos.

Para Julián Román, interpretar a los gemelos Buendía implicó asumir una de las particularidades más complejas del universo de García Márquez. Foto: Mauricio González A - @MauroGon

Román lleva esa repetición a una reflexión sobre Colombia y la manera en que las sociedades construyen su relación con el pasado. “Es un triunfo del olvido. Es un triunfo de conseguir que palabras como la paz se vean en negativo, por ejemplo. Y cuando el olvido gana, nos olvidamos de nuestras víctimas, nos olvidamos de los conflictos y nos olvidamos del porqué”.

La lectura que hace el actor conecta la novela con una realidad que trasciende a Macondo. Considera que la repetición de los Buendía no es solamente un mecanismo narrativo: también puede leerse como una advertencia sobre sociedades que dejan de mirar las causas de sus tragedias y terminan reproduciéndolas. En esa perspectiva, Cien años de soledad conserva una capacidad particular para interrogar el presente.

Ángela Cano, encargada de interpretar a Petra Cotes, se encontró con un personaje que exige equilibrio entre sensualidad, fuerza y humanidad. Petra no es únicamente una presencia asociada al deseo o a la vitalidad de la historia; también ocupa un lugar determinante en el entramado familiar y económico de los Buendía. Para Cano, conseguir esa complejidad fue un trabajo colectivo. “Más de 2.000 personas fueron parte de este proyecto, de dirección, desde la concepción también del vestuario. Yo sola no logré nada. Fue todo a partir de la dirección de los directores y de todo este trabajo en equipo”.

La serie produjo más de 225.000 millones de pesos a la economía del país. Foto: Mauricio González A - @MauroGon

La complejidad de la adaptación también se trasladó a Fernanda del Carpio, interpretada por Carla Baratta. “Lo hablaba con Laura y con Carlos cuando estábamos empezando a construir el personaje y cómo lo adaptaron en los guiones e intentaron buscarle el dónde y el porqué esta persona era así. Esta carga impuesta, estas memorias familiares y cómo una persona puede preferir romperse y romper todo, pero seguir siendo fiel a su legado familiar”.

Una novela viva

La vigencia de Cien años de soledad es uno de los puntos en los que coinciden actores y directores. Según Román, la novela parece escrita para el presente porque sus conflictos siguen encontrando correspondencias en América Latina. La violencia, el olvido, la persecución de la cultura y el miedo a conocer son, desde su perspectiva, asuntos que continúan abiertos.

“Este libro parece que lo hubieran escrito hace un mes. Y por eso es tan importante la literatura, por eso es tan importante leer. Por eso mucha gente nos quiere quitar ese derecho a la lectura, de conocer, de aprender”.

Una de las aspiraciones de esta segunda y última entrega es que la serie funcione como una puerta hacia la novela. Foto: Mauricio González A - @MauroGon

Para el actor, leer no es únicamente acercarse a una obra literaria, sino adquirir herramientas para comprender la historia. De ahí que espere que las nuevas generaciones no tengan miedo de mirar las tragedias del pasado y de hacerse preguntas sobre ellas. “Creo y siempre lo he dicho: el arte es resistencia, punto”.

Laura Mora comparte esa preocupación por la memoria. Para la directora, Macondo continúa funcionando como un espejo de Colombia, de América Latina y, en una dimensión más amplia, del mundo. El problema no es únicamente que los acontecimientos se repitan, sino que una sociedad pueda terminar aceptando esa repetición como si fuera inevitable.

“El libro es tremenda y aterradoramente vigente para Colombia, para América Latina y para el mundo. Una vez más, Macondo es un espejo que al parecer nos rehusamos a mirar y estamos condenados a la repetición y, posteriormente, a ser arrasados y ser olvidados”.

El director espera que quienes lleguen primero a la historia a través de Netflix sientan curiosidad por regresar a García Márquez. Foto: Mauro González-Netflix

Por eso, una de las aspiraciones de esta segunda y última entrega es que la serie funcione como una puerta hacia la novela. Mora no plantea que la pantalla pueda sustituir al libro. Por el contrario, espera que quienes lleguen primero a la historia a través de Netflix sientan curiosidad por regresar a García Márquez y que quienes ya lo leyeron encuentren razones para volver a sus páginas.

También hay una decisión de fondo: recuperar el carácter político de la obra. La directora considera que la etiqueta de realismo mágico puede hacer que se pierda de vista la dimensión histórica y social del texto. “Creo que una cosa que nos propusimos en esta segunda y última entrega era devolverle el carácter político a la obra. Muchas veces, con esta idea de realismo mágico y un poco esa cosa muy de la fantasía, nos olvidamos de que el texto es profundamente político, social y duro”.

Junto a más de 350 invitados, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo fue el escenario elegido para la premiere de la segunda temporada de Cien años de soledad. Foto: Netflix

Traducir el mundo de Gabo

Uno de los mayores desafíos para los directores fue encontrar una forma audiovisual para una novela cuya estructura temporal y cuyo lenguaje literario no pueden trasladarse literalmente a una pantalla. Mora explica que la adaptación parte de reconocer una diferencia fundamental: literatura y audiovisual construyen sentido mediante herramientas distintas.

“Lo primero es entender que son dos lenguajes totalmente distintos. Y que si se intenta, digamos, abarcar toda la palabra, uno se estrella, porque la palabra tiene otro dispositivo, tiene otro efecto. Hay esta creencia de que, para hacer una adaptación, hay que ser un poco infiel al libro. Mi caso no es así, mi caso es todo lo contrario. Para mí, el libro siempre fue punto de partida, punto de llegada, faro, guía, Biblia, oración”.

Netflix, HBO Max, Disney+, Prime Video y Apple TV+: los estrenos imperdibles para disfrutar en agosto

Esa fidelidad no significa reproducir cada mecanismo narrativo de la novela. Uno de los cambios más evidentes está en el tratamiento del tiempo. Mientras que García Márquez construye una narración que avanza, retrocede y vuelve sobre sí misma, la serie adopta un relato mayoritariamente cronológico. Mora reconoce que esa decisión supuso una licencia importante, pero también explica que permitió ordenar la complejidad de una historia con numerosos personajes, generaciones y acontecimientos.

La responsabilidad de construir visualmente Macondo es, en ese sentido, inseparable de la responsabilidad de interpretar la novela. Moreno considera que esa dimensión hace todavía más importante la posibilidad de que la serie acerque a nuevos públicos al libro. La adaptación puede ser una experiencia de entrada, pero el verdadero territorio de la obra continúa siendo la lectura.

“Revisitar el libro es fundamental. Si uno logra que unos jóvenes se interesen por leer el libro y encuentren dentro de él toda esta paradoja, esta ironía y ese cinismo, hace que aprendan a verse como sociedad en ese espejo y no ser indolentes”.