El español conversó con SEMANA sobre sus conciertos en Cali y Bogotá el 9 y el 13 de mayo. También de su carrera musical, sus recuerdos de Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, así como de la transformación que está teniendo la ópera.

SEMANA: Las despedidas en la ópera nunca son simples. ¿Siente que esta gira es el cierre definitivo? ¿Una celebración o una transformación?

José Carreras: Voy a cumplir 80 años el próximo mes de diciembre; por lo tanto, ya tengo el derecho de jubilarme. Pero, aparte de eso, no quiero decir que esta sea una gira de despedida, evidentemente, pero que por circunstancias distintas yo pueda en los próximos años cantar o presentarme al público en ocasiones muy concretas y muy diversas de una gira mundial como esta.

SEMANA: Después de tantas décadas sobre los escenarios del mundo, ¿cómo ha cambiado su relación con su propia voz?

J.C.: Hay momentos en que adoras tu voz y hay momentos en que la odias; depende de cómo se comporta. Evidentemente, la voz con los años cambia, envejece quizá. La voz de un tenor pierde una cierta elasticidad con los años, pero gana en cuanto a la madurez interpretativa. Una cosa compensa un poco la otra.

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SEMANA: Gran parte de su trayectoria estuvo marcada por el fenómeno de Los Tres Tenores junto a Luciano Pavarotti y Plácido Domingo. Mirándolo en perspectiva, ¿qué cree que significó realmente ese fenómeno para la historia musical?

J.C.: Creo que sería un poco pretencioso pensar que nuestras voces son unas voces que cambiaron la historia. Evidentemente, las voces de Luciano y de Plácido son de las más importantes voces de tenor de la historia de la ópera; sobre esto no hay ningún tipo de duda.

Nosotros tuvimos la suerte de querer hacer estos conciertos juntos y, con nuestras personalidades muy distintas, nuestras voces muy distintas, nuestra manera de cantar, pero esto creaba una cierta química que creo que llegaba al público con cierta facilidad y con cierto entusiasmo del público. Han sido momentos inolvidables para nosotros. Yo, que soy un apasionado de los tenores, cantar con Plácido Domingo y Luciano Pavarotti verdaderamente era un gran regalo.

SEMANA: Si tuviera que elegir un recuerdo especial con Pavarotti y Domingo, ¿cuál escogería?

J.C.: Hay muchísimas anécdotas constantes, tanto en el aspecto profesional como en el personal. Tenemos una magnífica relación y cada uno de nosotros intentaba evidentemente hacerlo lo mejor posible, pero siempre dentro de una rivalidad sana. Esto fue lo más bonito de los conciertos. Hay tantas cosas que podría comentar, pero es difícil ahora recordar una cosa concreta, porque había muchísimas cosas y muchas emociones juntos.

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SEMANA: Usted atravesó una dura lucha contra la leucemia. ¿Cómo transformó esa experiencia su manera de entender el arte, el escenario y el tiempo?

J.C.: Todo cambia, evidentemente. Yo tenía 40 años cuando padecí esta enfermedad y, desde entonces, creo que he madurado más rápidamente incluso. Porque uno se da cuenta de las cosas que tienen verdaderamente importancia en la vida; no el éxito, no el egocentrismo y el egoísmo del artista, sino las cosas que verdaderamente tienen importancia en la vida.

He tenido la fortuna inmensa de lograr ganar una batalla contra una enfermedad muy insidiosa, como usted sabe. He tenido la fortuna extraordinaria debido a estar en manos de un equipo médico extraordinario, debido a todo el afecto que recibí por parte de miles y miles de personas en el mundo, y muy particularmente el afecto y el apoyo de mi familia.

SEMANA: De esa experiencia también nació su fundación y su compromiso filantrópico…

J.C.: Sí, cuando tuve la fortuna de superar la enfermedad, desde el primer momento pensé que yo debía devolver a la sociedad todo lo que me había dado, todo el cariño y el afecto que yo había recibido. Pensé en conciertos para este hospital, pero al final pensé que era mejor una fundación que lo reuniera todo y así lo hemos hecho. Ya son 30 años y la verdad es que es una fundación que está funcionando de una manera extraordinaria.

Tenemos la sede central en Barcelona y sedes en Alemania, en Suiza y en Estados Unidos también. O sea, es una fundación con vocación internacional sin ningún género de dudas y estamos entusiasmados de poder contribuir a ayudar a las personas que lo necesitan.

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SEMANA: En las últimas décadas, la ópera ha atravesado múltiples transformaciones. ¿Qué cambios le resultan más estimulantes y cuáles le generan inquietud?

J.C.: Yo creo que con las nuevas tecnologías ha cambiado también la ópera. Se ha podido ofrecer la ópera de una manera más directa a un público muchísimo más amplio y quizá menos familiarizado con la ópera, y eso es muy positivo. Uno de los momentos claves fueron nuestros conciertos de Los Tres Tenores. Esto creó una expectativa que todavía dura y que mantiene la ópera viva y con más aficionados cada día.

SEMANA: Existe la idea de que las nuevas generaciones ya no conectan con la ópera. ¿Cree que esa brecha es real?

J.C.: Le voy a decir una cosa, este es mi punto de vista. Si usted ve un cuadro de Rembrandt o de Picasso o de cualquiera de los grandes maestros que todos conocemos, usted continúa pensando que esto es una masterpiece y que es maravilloso que alguien haya podido crear una belleza de tal dimensión. La ópera tiene esto y, además, tiene una cosa muy importante, según mi modesta opinión: cada vez es distinta. Cada interpretación tiene una orquesta distinta, en un teatro distinto, en un país distinto, con un público distinto, con cantantes distintos, y esto hace que la ópera esté muy viva. No está caduca; al contrario, está más viva que nunca por este motivo y las nuevas tecnologías evidentemente han ayudado a este fenómeno.

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SEMANA: ¿Qué escucha hoy José Carreras?

J.C.: Todo tipo de música que tenga calidad. No necesariamente clásica, sinfónica u operística, sino música del día que tenga un mínimo de calidad. He sido siempre, y continúo siéndolo, un gran admirador fanático de Frank Sinatra, de Tom Jones o de Elton John, cantantes que consiguen traspasar la barrera que hay entre el cantante o el intérprete y los espectadores. Cantantes que dan emociones, esto es lo que me interesa. Evidentemente, prefiero la ópera y la música sinfónica o clásica, pero esto no quiere decir que no disfrute con otro tipo de música también.

SEMANA: Después de tantos años de carrera, ¿hay algún personaje o rol que aún hoy siga conmoviéndolo?

J.C.: Seguro que sí. Cada vez que uno canta ciertas óperas o ciertas arias, ciertos romances, ciertos fragmentos de una ópera determinada. Son muchas. Si me pregunta cuál sería mi rol favorito, tendría una lista, empezando por Don José, de Carmen, o Andrea Chénier. Muchas de las óperas. Cada vez que tengo ocasión de interpretar alguno de estos romances, es siempre una emoción. No tiene nada que ver la cantidad de veces que uno haya podido hacerlo, porque el compositor consigue transmitirme sus emociones.

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SEMANA: ¿Cuál quisiera que fuera su legado?

J.C.: Sinceramente, le digo, me gustaría que los amantes de la ópera, la gente que tenga oportunidad de oírme en discos y tal, pensaran que he sido un intérprete honesto. Esto es lo que verdaderamente me llenaría de orgullo.

SEMANA: ¿Qué mensaje les daría a los jóvenes que sueñan con dedicarse a la ópera y a la música?

J.C.: Que a estos jóvenes, el que tenga un mínimo de sensibilidad, le gustara la ópera. Se le tiene que encauzar. La ópera tendría que empezar en las escuelas, la música en general, pero la ópera en particular también, dar la posibilidad de conocer cuál es el género verdadero, cuáles son las emociones y la cultura que la ópera puede ofrecer. Y la persona que quisiera dedicarse en serio y profesionalmente a cantar ópera, antes que nada: disciplina. Esto es fundamental. Yo creo que en todas las profesiones, pero en un cantante de ópera es fundamental. Disciplina de la A a la Z.

SEMANA: ¿Qué puede esperar el público colombiano de sus conciertos en Cali y Bogotá?

J.C.: Yo creo que vamos a presentar un concierto de un espectro amplio. Algo de ópera, algo de zarzuela, porque sé que en Colombia la zarzuela gusta mucho. El tipo de repertorio que yo creo que es el que espera el público. Esperemos que sea así y que lo disfruten.