Cuando la Selección Colombia llegó al partido del 17 de junio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, hubo un detalle que llamó la atención incluso antes del pitazo inicial. Los jugadores no solo vestían trajes de sastrería contemporánea: llevaban una pieza que condensaba diseño, innovación textil y el trabajo de decenas de manos artesanas colombianas.

Detrás de esa propuesta estuvo MAZ Manuela Álvarez, una de las diseñadoras más relevantes de la nueva generación de la moda colombiana, quien asumió el reto de desarrollar los trajes oficiales para la llegada protocolaria del equipo nacional. Más que diseñar un uniforme institucional, la creadora construyó una narrativa sobre la identidad del país a través de los textiles, los oficios tradicionales y la colaboración con comunidades indígenas.

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El proyecto representa una nueva etapa dentro del camino que Manuela Álvarez ha construido desde la fundación de MAZ en 2013. Formada en el Instituto Marangoni de Milán, la diseñadora encontró en la sastrería contemporánea su lenguaje creativo, pero decidió que su marca tendría un sello profundamente colombiano. En lugar de replicar los modelos tradicionales de la industria, apostó por integrar técnicas artesanales, investigación textil y procesos de cocreación con comunidades de diferentes regiones del país.

Ese enfoque terminó convirtiéndose en el adn de MAZ. La firma trabaja bajo un modelo de moda lenta y producción consciente, donde cerca del 90 % de sus prendas incorpora procesos artesanales realizados por mujeres cabeza de hogar, comunidades indígenas y colectivos de artesanos. Hoy, la marca desarrolla proyectos junto a una red de más de 850 familias artesanas en ocho regiones de Colombia, demostrando que el conocimiento ancestral puede dialogar con la innovación y con los grandes escenarios internacionales.

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Esa visión fue precisamente la que dio origen a la propuesta presentada para la Selección Colombia. “Más que una propuesta de sastrería, este proyecto representó una oportunidad para continuar explorando una pregunta que ha guiado nuestro trabajo desde la fundación de MAZ: ¿cómo puede el diseño contemporáneo dialogar con el conocimiento artesanal para representar la identidad de un país?”, explica Álvarez al presentar la colección.

Para vestir a toda la delegación fue necesario desarrollar más de 70 trajes, utilizando más de 450 metros de tejido de algodón elaborado artesanalmente en telar horizontal. Sobre esa superficie textil se construyó un monograma exclusivo del Trifolio de Adidas, aplicado mediante estampación con tecnología sutex, un proceso que no utiliza agua durante la impresión y que responde también al compromiso ambiental de la marca.

Pero el elemento más simbólico nació lejos de los talleres de confección. Durante el desarrollo creativo, MAZ realizó un laboratorio junto con integrantes de la comunidad indígena Camëntsá Biya del Valle del Sibundoy, en Putumayo, trabajando de la mano de los colectivos Curarte y Suma Killa, liderados por Eisen Jacanamejoy y Teresa Jacanamejoy.

Desde la cosmovisión Camëntsá, el trifolio fue reinterpretado como la flor del maíz, un símbolo ancestral asociado con la protección, la abundancia, el buen vivir y la prosperidad. Esa lectura dio origen al denominado Trifolio de la Bienaventuranza, una pieza completamente tejida a mano en chaquira que se convirtió en uno de los principales protagonistas de cada traje.

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En total fueron elaborados 120 trifolios artesanales, cada uno realizado manualmente, entendidos no como un accesorio decorativo sino como un amuleto colectivo que acompañaría a cada integrante de la Selección Colombia durante su llegada oficial.

La ubicación de cada elemento también obedeció a una construcción conceptual. El Trifolio de la Bienaventuranza fue instalado sobre el lado derecho de la chaqueta, asociado simbólicamente con la acción, el hacer y la destreza. En contraste, el escudo de la Federación Colombiana de Fútbol fue bordado sobre el lado izquierdo, a la altura del corazón, representando el vínculo emocional entre el equipo y millones de colombianos.

El proyecto incluyó además 1.711 botones grabados y tinturados manualmente y la participación de más de 40 personas entre artesanos, especialistas textiles, confeccionistas y técnicos, quienes trabajaron durante semanas para materializar una propuesta que uniera tradición e innovación.

Para Manuela Álvarez, el verdadero valor del proyecto no está únicamente en haber vestido a la Selección Colombia durante uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.

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“Este proyecto reafirma una convicción que ha acompañado a MAZ desde 2013: el trabajo artesanal no pertenece al pasado. Es una herramienta contemporánea capaz de dialogar con la innovación, la industria y los escenarios internacionales, preservando el conocimiento, la sensibilidad y el oficio de quienes lo han construido durante generaciones”, afirmó la directora creativa.

Durante los últimos años, MAZ ha consolidado un reconocimiento internacional precisamente gracias a esa capacidad de conectar el diseño contemporáneo con las técnicas tradicionales colombianas. En 2025 presentó la primera colaboración artesanal desarrollada junto a Adidas Originals, uno de cuyos looks pasó a formar parte de la colección permanente del Victoria & Albert Museum de Londres. Un año después, la firma fue seleccionada como semifinalista del prestigioso LVMH Prize, considerado uno de los mayores reconocimientos para diseñadores emergentes en el mundo.