Estados Unidos inició este lunes en Houston una serie de reuniones del G20 centradas en la denominada “abundancia energética”, en medio de las alteraciones que la guerra impulsada por Donald Trump contra Irán ha provocado en el mercado mundial de combustibles.
Los encuentros, que se extenderán hasta el miércoles en la ciudad texana, reúnen a delegaciones de las principales economías del mundo, entre ellas China, India, Japón y Alemania. También se espera la participación de importantes productores petroleros como Canadá y Arabia Saudita.
Venezuela figura como una de las invitadas especiales, después del acercamiento entre Washington y Caracas tras la captura de Nicolás Maduro. La administración Trump busca fortalecer su relación con las autoridades venezolanas y aprovechar las reservas petroleras del país.
“Tenemos aquí a todos los países del G20, además de Venezuela. Se trata de que el centro geopolítico del petróleo se traslade fuera de Oriente Medio”, afirmó el secretario estadounidense del Interior, Doug Burgum, en una entrevista con Fox Business.
La estrategia estadounidense contempla un acuerdo petrolero con Venezuela. Trump anunció recientemente una participación del 35 % de Estados Unidos en North American Blue Energy Partners, además del derecho a adquirir el 20 % de la producción de crudo de los yacimientos venezolanos involucrados a precio de costo.
Según Burgum, uno de los principales objetivos de las conversaciones será aumentar la producción y la capacidad de refinación. “El debate girará en torno a aumentar la producción y la refinación, no a su cierre”, señaló, en una crítica a las políticas aplicadas durante la administración de Joe Biden.
Rusia también enviaría funcionarios a las reuniones, una decisión que ha generado cuestionamientos entre aliados europeos de Ucrania. La invitación a representantes de Moscú contrasta con los esfuerzos de varios países occidentales por aislar a Rusia debido a la guerra en territorio ucraniano.
El encuentro ocurre mientras los precios internacionales del gas y del petróleo continúan afectados por la guerra en Oriente Medio. El suministro energético se ha visto alterado desde los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán en febrero.
La situación también ha impactado directamente a los consumidores estadounidenses. El precio del diésel alcanzó niveles récord y promedia los 6,2 dólares por galón, según datos de la Asociación Estadounidense del Automóvil.
El aumento de los combustibles se ha convertido en un problema político para Trump, especialmente ante las elecciones legislativas de noviembre. El mandatario ha responsabilizado a Irán por prolongar el conflicto y ha acusado al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de contribuir a la escasez de diésel mediante ataques contra refinerías rusas.
Con Houston como escenario, Washington busca ahora impulsar un nuevo eje energético en el hemisferio occidental, mientras la crisis internacional mantiene bajo presión los mercados y el panorama político estadounidense.