SEMANA: Colombia vive unas elecciones muy cerradas que se definen este 21 de junio entre dos opciones opuestas. ¿Cree que lo que se está viviendo está marcado por los cambios que hemos visto en el mundo?

Camilo Jaimes: El mundo atraviesa un periodo de creciente incertidumbre y polarización, en el que modelos de gobernanza tensionan los principios democráticos. Como consecuencia, parece que abandonamos proyectos de nación y de humanidad que benefician a la sociedad con equidad, desarrollo y seguridad, a cambio de estados de opinión. Esta es la crisis de la democracia, donde nuevos patrones y formas de hacer política se imponen. Es un cambio con el que se debe ser muy cuidadoso. Colombia no ha sido inmune a esto.

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SEMANA: América Latina ha vivido muchas elecciones en tiempos recientes. En términos generales, ¿hay lecciones para Colombia?

C.J.: Varias. En la misma línea, lo que se quiere es un dirigente que solucione los problemas del país con un lenguaje claro, menos excusas o tecnicismos, más soluciones. El problema es que esto no es tan sencillo, y ahí es donde vienen los cantos de sirena, las promesas seductoras sin contenido ni sustento, pero sirven para llegar.En el presente ciclo electoral de Latinoamérica 2025-2026, encontramos varios patrones, pero para resaltar uno: han sabido convertir el descontento popular en una especie de cultura política y referencia personalizada, sin importar si es de derecha o de izquierda.

SEMANA: ¿Por ejemplo?

C.J.: En la derecha podemos encontrar a Milei, Bukele o Noboa, todos con rasgos fuertes; desafiaron el sistema y prometieron solucionar los problemas de su país. En la izquierda, podemos encontrar a la presidenta Sheinbaum en México, sucesora de AMLO, presidente que rompió las estructuras tradicionales y salió con un alto porcentaje de popularidad.

José Antonio Kast, Rodrigo Paz, Luiz Inácio Lula da Silva y Daniel Noboa. Foto: Getty Images

Esto puede significar varias cosas, como falta de representatividad en los partidos políticos, cansancio de los políticos tradicionales, impaciencia por falta de respuestas y que la polarización como factor de movilización forma parte de la estrategia, entre muchas. El desafío es que estos movimientos personalistas se transformen en proyectos de país y que, sin importar el espectro político, respeten la institucionalidad, los derechos humanos y traigan equidad, desarrollo y seguridad.

SEMANA: ¿La ausencia de centro es una constante?

C.J.: Claro. En contextos de polarización, los electores suelen inclinarse por alternativas que prometen respuestas claras e inmediatas a sus preocupaciones cotidianas. En contraste, las propuestas de centro enfrentan mayores dificultades para diferenciarse, pues suelen privilegiar soluciones institucionales más complejas y matizadas. Al adaptar sus posiciones dependiendo del sector, generan una sensación de debilidad y de incertidumbre.

En política, tratar de ser racional sin escoger bando implica un trabajo muy arduo, y tampoco significa que sea la mejor opción. Sin importar la esquina, se deben construir puentes, generar discusiones públicas, unir en proyectos que la gran mayoría de personas respalde. De lo contrario, los regímenes autocráticos están a la vuelta de la esquina. Lo que no debemos permitir.

¿Derecha o izquierda? Así están las encuestas en Perú entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez

SEMANA: Justo este fin de semana, Perú vivirá su segunda vuelta. ¿Hay similitudes con nuestro proceso electoral?

C.J.: Hay puntos muy diferentes. Perú ha tenido ocho presidentes en diez años; sus disposiciones constitucionales permiten la destitución por “incapacidad moral”, sin que existan unas causales claras y sin mayores contrapesos. En este ambiente, hay dos candidatos: Keiko Fujimori, relevante en la historia reciente, no solo por ser hija del expresidente Alberto Fujimori y lo que conlleva eso, sino porque se ha lanzado cuatro veces y ha tenido representación en el Congreso.

Y quien actuaría como abanderado del expresidente Pedro Castillo, maestro de escuela y líder que prometía ser la izquierda peruana, pero solo gobernó por un año y cuatro meses, al ser destituido por el autogolpe de Estado. Resaltaría que Perú, a pesar de sus discusiones políticas, ha respaldado y respetado sus instituciones económicas y no ha presentado violencia política.

Perú tendrá su segunda vuelta presidencial el domingo 7 de junio. Foto: AFP

SEMANA: Allí la elección estuvo marcada por una gran demora en la entrega de resultados. ¿Por qué sucedió eso? En Colombia fue muy rápido.

C.J.: Padecemos de un sesgo pesimista en Colombia. Para nosotros, los avances desde principios del siglo XXI no son relevantes; vemos el vaso vacío. Mucho que transformar y seguir mejorando, pero también que agradecer y proteger. Aparte de lo álgido del tema político en Perú, el procedimiento electoral, esto es, formularios, conteos, impugnaciones, etcétera, es demorado.

El anuncio del preconteo que hacen el mismo día solo tiene fuerza vinculante hasta cuando el Jurado Nacional de Elecciones lo confirme. Como las elecciones son tan cerradas en número de votos, se presentaron problemas logísticos, y la acostumbrada y prematura suspicacia de corrupción hace que esperen a la confirmación. Lo que Colombia haría en cuatro días, Perú lo va a hacer en un mes.

SEMANA: El presidente Daniel Noboa fue reelegido en 2025 tras una campaña centrada en la seguridad y la lucha contra el crimen organizado y tras un magnicidio, como sucedió aquí en Colombia. ¿Hay paralelos entre nuestros países?

C.J.: Más que paralelos, me concentraría en los retos comunes que exigen diplomacia, concertación y políticas públicas de frontera. Desde el Consejo Colombiano de Relaciones Internacionales nos hemos pronunciado haciendo un llamado a las dos partes para que prime el diálogo, la prudencia y la solución negociada.

Se deben activar los mecanismos binacionales que permitan hacer una evaluación de la situación actual y trazar una hoja de ruta en materia de comercio, seguridad, cooperación judicial, desarrollo fronterizo, migración, entre otros. No podemos olvidar que la ausencia de soluciones, más allá de datos comerciales, macroeconómicos o posiciones ideológicas, repercute en el bienestar de cientos de pequeños empresarios, familias y ciudadanos, y es aprovechado por el crimen organizado transnacional.

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SEMANA: Por otro lado, lo que se está viviendo en Bolivia es alarmante. El país sufre de enormes tensiones internas y el Gobierno lleva muy poco. ¿Por qué sucedió eso?

C.J.: La crisis de Bolivia viene de un modelo que repartió recursos sin fortalecer la economía. Y en el plano político, después de 20 años de gobiernos de izquierda, subió el presidente Rodrigo Paz, a quien catalogan de centroderecha. En lo que lleva de su mandato, escasos seis meses, enfrenta bloqueos y disturbios en todo el país, ya que se esperaban cambios inmediatos, casi que milagrosos.

Un ejemplo: los gobiernos anteriores crecieron en tamaño, no hicieron más hallazgos gasíferos y se acabaron las reservas de gas. Al no ingresar dineros de exportaciones de este producto y mantener el gasto, usaron todos los ahorros, no pagaron deudas y entraron en recesión. Crecer solo con gasto público es una receta repetidamente fallida.

El escenario político chileno ha oscilado entre proyectos de izquierda y derecha, en medio de una ciudadanía cada vez más exigente con sus gobernantes. Foto: Anadolu via AFP

SEMANA: Finalmente, es usual escuchar a Chile como el país con un mayor paralelo a lo que vive hoy Colombia. Allá terminó ganando la derecha porque todos se unieron en contra de la candidata comunista.

C.J.: Durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, Chile atravesó un ciclo de protestas sociales de gran magnitud. En ese contexto, el movimiento estudiantil de izquierda adquirió protagonismo y facilitó la llegada a la presidencia de Gabriel Boric. Este proceso coincidió temporalmente con el “estallido social” en Colombia.

El expresidente Boric intentó transformar el modelo económico y cambiar la Constitución, pero fue rechazado en dos plebiscitos y su gobierno derivó hacia posiciones más moderadas. En contraste, la elección de José Antonio Kast representa un giro hacia el opuesto del espectro político. No obstante, este cambio también refleja una evolución, ya que Kast moderó su discurso respecto a campañas anteriores, lo que le permitió ser presidente.