El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua enfrenta un momento de gran vulnerabilidad tras la captura de Nicolás Maduro en enero y el inicio de la guerra en Irán la semana pasada.
Estos acontecimientos han significado la pérdida de dos aliados clave para el gobierno sandinista en el escenario internacional.
La relación entre Nicaragua e Irán se fortaleció especialmente en el plano político desde el regreso de Ortega al poder en 2007. Desde entonces, el mandatario nicaragüense ha aparecido en múltiples ocasiones junto a líderes del régimen iraní.
Ese mismo año fue fotografiado junto al entonces presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Además, apenas seis meses después de asumir nuevamente la Presidencia, Ortega viajó a Teherán para reunirse con el ayatolá Alí Jameneí, abatido el 28 de febrero.
Aunque el intercambio económico entre ambos países ha sido limitado, sus gobiernos han mantenido una alianza basada principalmente en intereses geopolíticos compartidos y en su confrontación con Estados Unidos.
En el ámbito comercial, la cooperación ha sido reducida. El comercio bilateral nunca alcanzó niveles significativos ni se convirtió en un componente relevante para la economía nicaragüense.
Sin embargo, la cercanía política con Irán ha tenido implicaciones económicas para Managua. Nicaragua depende en gran medida del mercado estadounidense para sus exportaciones.
En 2024, las ventas nicaragüenses al exterior alcanzaron más de 7.500 millones de dólares. De ese total, 3.640 millones tuvieron como destino Estados Unidos, lo que representó el 48,4 % de las exportaciones del país, según cifras del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio.
En ese contexto, surgió la preocupación de que la relación con Teherán pudiera afectar ese vínculo comercial. Las exportaciones nicaragüenses ya están sujetas a un arancel del 18 %, superior al de otros países centroamericanos.
A esto se le iba a sumar otro 25 % adicional, luego de que el presidente Donald Trump anunciara aranceles contra cualquier nación que “haga negocios” con Irán. Finalmente, esa medida no se aplicó.
Por otra parte, la relación entre Nicaragua y Venezuela ha sido muy cercana desde 2007. Esto se debe a que los líderes de ambos países en ese momento, Daniel Ortega y Hugo Chávez, compartían una visión política similar y promovían proyectos regionales en conjunto.
Uno de los pilares de esa alianza fue la cooperación energética. Durante varios años, Venezuela envió cerca de 27.000 barriles de petróleo diarios a Nicaragua en condiciones favorables, lo que representó un apoyo clave para la economía del país centroamericano antes de la crisis de producción venezolana.
La pérdida o debilitamiento de estos aliados, sumado al riesgo de tensiones comerciales con Estados Unidos, ha incrementado el aislamiento político y económico del gobierno de Daniel Ortega.
Tras la captura de Nicolás Maduro en enero, el Gobierno nicaragüense entró en una etapa de mayor tensión. Aunque Managua condenó la acción militar estadounidense en Venezuela, lo hizo inicialmente de forma discreta.
En un comunicado titulado ‘Nicaragua por la verdad, la paz, la justicia y la vida’, el Gobierno exigió el “respeto a la soberanía del pueblo de Venezuela” y acompañó a Delcy Rodríguez al “exigir la liberación inmediata del compañero Nicolás Maduro y de la compañera Cilia Flores”.
Desde Washington también surgieron críticas hacia el gobierno sandinista. La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado afirmó en redes sociales que las recientes detenciones de ciudadanos por su actividad en internet reflejan la creciente paranoia del régimen.
“Detener a nicaragüenses por darle ‘me gusta’ a publicaciones en redes sociales demuestra lo paranoico que está el régimen ilegítimo de Murillo y Ortega”, señaló la entidad estadounidense.
En el plano político regional también surgieron advertencias sobre el futuro del gobierno sandinista. La líder opositora venezolana María Corina Machado afirmó: “Una vez desmantelemos el régimen criminal en Venezuela, Cuba será el próximo, Nicaragua le seguirá. Por primera vez en la historia, tendremos las Américas libres de comunismo y dictadura”.