SEMANA: Tres años después del 7 de octubre, ¿cómo está hoy la vida en su kibutz?
Janet Cwaigenbaum: Desde afuera podría parecer que la vida volvió a la normalidad. En Nir Yitzhak, que está a tres kilómetros y medio de Gaza, regresó cerca del 95 % de la población. Funcionan los jardines infantiles, las escuelas, el supermercado y los espacios comunitarios. Pero esa es solo una primera mirada.
Cuando uno profundiza, encuentra mucho dolor. Hay personas que no volverán, familias que perdieron hijos, esposos o padres, y gente que decidió no regresar. Aunque muchos hemos reconstruido nuestras vidas aquí, la tristeza sigue presente. Además, cada vez que ocurre algo fuera de lo normal, vuelve esa sensación de que algo no está bien. La guerra no ha terminado y seguimos escuchando, en distintos momentos, los ecos del conflicto que ocurre al otro lado de la frontera.
SEMANA: ¿Cómo se está conmemorando en Israel este nuevo aniversario del 7 de octubre?
Janet Cwaigenbaum: A nivel nacional no es un feriado, pero sí hay numerosos actos de recuerdo. Hubo una ceremonia oficial en Jerusalén con el presidente de la República, miembros del Gobierno e invitados, entre ellos familiares de víctimas y de rehenes.
Pero el acto que convoca a gran parte de la población de la zona sur surgió de una iniciativa de familiares de personas asesinadas o secuestradas el 7 de octubre. Se realizará en Tel Aviv, contará con artistas, discursos y será transmitido por televisión.
Además, cada kibutz y cada comunidad afectada organiza sus propias ceremonias. Las familias también realizan homenajes privados. Yo participé hoy en un acto en memoria de un joven soldado que murió mientras asistía a sus compañeros. La ceremonia se realizó en el cementerio con la participación del Ejército y de personas que lo conocíamos.
En nuestro kibutz también habrá actos para recordar a los caídos, con música, videos y espacios de homenaje. Después, muchas familias reciben en sus casas a quienes llegan desde otras partes del país para acompañarlas. Hay quienes incluso organizan nuevos encuentros durante las semanas siguientes.
Octubre sigue siendo un mes muy difícil para nosotros. Todo ocurrió durante Sukkot, una festividad que debería ser alegre, y cada año vuelve esa sensación de tristeza. Durante estos días hay una especie de gran nube de dolor que acompaña a todo el país.
SEMANA: ¿Cómo cambió la visión de los habitantes de la zona sobre la posibilidad de convivir con Gaza?
J.C.: Antes del 7 de octubre había muchas personas que creían en la posibilidad de construir la paz con los palestinos de Gaza. Hoy esa confianza se rompió. Mucha gente siente que no puede creer en quienes siguen educando a las nuevas generaciones en el odio hacia Israel.
Todos entendemos que la paz se construye entre enemigos, no entre amigos. El problema es que hoy no vemos una voluntad real de abandonar el terrorismo y construir otro tipo de liderazgo. Eso hace que la confianza sea muy difícil de recuperar.
SEMANA: ¿Qué balance hace del Gobierno israelí durante estos tres años?
J.C.: Hay una herida muy profunda en la sociedad israelí. Muchas personas sienten que el Gobierno nunca asumió plenamente su responsabilidad por lo ocurrido. No hubo un reconocimiento claro de los errores ni un pedido de perdón que ayudara a cerrar esa herida.
También existe una fuerte división política entre quienes apoyan a Netanyahu y quienes creen que el país necesita un cambio. Como el sistema israelí funciona mediante coaliciones, llegar a acuerdos es muy complejo. A veces siento que es como intentar armar un rompecabezas con piezas rotas.