El primer ministro Benjamin Netanyahu se jugaba su continuidad en las elecciones del pasado martes. No se trataba de una votación cualquiera, sino de una jornada atravesada de manera frontal por la guerra desatada tras el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 y antecedida por el ataque terrorista de un avión de FlyDubai el 30 de septiembre, en el que el heroísmo de los pasajeros israelíes evitó una tragedia como la de las Torres Gemelas.
Netanyahu, quien ha liderado la defensa del Estado de Israel a capa y espada de los grupos terroristas y ha emprendido una ofensiva en la Franja de Gaza que ha desatado críticas, logró que su partido tuviera el mayor número de votos, pero no alcanzó las mayorías suficientes para tener el manejo de la política.
Como explicó el analista Gabriel Ben Tasgal en SEMANA, Israel tiene un “sistema parlamentario: la gente no vota directamente por personas, sino por listas de partidos políticos”. Con el ciento por ciento del conteo, Netanyahu había alcanzado 53 escaños frente a los 48 del bloque opositor y 19 de las dos listas árabes (Raam y la Lista Unificada), que lograron la votación más alta de la historia reciente. Así, el primer ministro logró ganarle a quien era su competencia, Gadi Eisenkot, pero no alcanzó la mayoría absoluta.
Desde el día de las elecciones, el primer ministro Netanyahu ha hablado de fraude y ahora que se menciona la necesidad de negociar con los árabes para mantener la gobernabilidad, ondea esa bandera con más fuerza. “Las elecciones en el Estado de Israel fueron robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la aniquilación del Estado judío”, dijo en un trino.
El primer ministro retomó las declaraciones del juez Noam Solberg sobre la implicación de entidades extranjeras que supuestamente interfirieron y sobornaron a los votantes a favor de los partidos árabes y aseguró que “constituyen un impacto sin precedentes. Se trata de un ataque a la democracia cuyo objetivo es propiciar una toma de control extranjera de la Knéset, la islamización de Israel y el derrocamiento del gobierno de derecha, con el fin de conducir a una retirada y a la derrota de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en todos los frentes, especialmente frente a Irán”.
A pesar de la dureza de sus declaraciones, expertos anticipan que al primer ministro no le queda otra que negociar para mantenerse en el poder. “Netanyahu debe preservar su condición a toda costa. No hay que olvidar que está solicitado por la Corte Penal Internacional. Incluso puede tener problemas legales en su propio país. Para preservarse tiene que pactar con los grupos árabes”, advierte el excanciller colombiano Julio Londoño Paredes.
Mientras tanto, el triunfo agridulce de Netanyahu es celebrado en la derecha del mundo. “Felicitaciones, querido amigo Netanyahu, por la gran elección del partido Likud, que volvió a ser la primera fuerza en Israel. Una vez más has demostrado la fortaleza de tu liderazgo, incluso frente a las encuestas y predicciones en tu contra”, dijo el presidente de Argentina, Javier Milei.
Netanyahu había recibido el apoyo de Donald Trump, quien envió varios mensajes en Truth Social invitando a los israelíes a apoyarlo y diciendo que “tenemos que terminar el trabajo que comenzamos”. Después compartió un mensaje de otra persona en el que se atribuía la permanencia en el poder del primer ministro: “Cuando el presidente Trump respaldó a Bibi Netanyahu, cambió toda la tendencia, y ahora, en lugar de una derrota decisiva de un gran primer ministro, parece un gran empate remontado desde atrás, o incluso una victoria”.