Sigue la incertidumbre en Israel tras las elecciones del martes, 27 de octubre, para definir a su próximo mandatario luego de que el bloque del primer ministro Benjamín Netanyahu superó al de la oposición, pero quedó lejos de la mayoría necesaria para mantener el control del Parlamento, según los resultados finales de los comicios publicados la noche del jueves al viernes.
Con estos comicios, que no dejan un ganador absoluto entre el bloque del primer ministro y de la oposición liderado por Gadi Eizenkot, el Estado judío entraría en un periodo de complejas negociaciones para formar gobierno.

El bloque de Netanyahu, que en la legislatura anterior contaba con una cómoda mayoría de 68 bancas de 120, sufrió un revés importante al obtener 53 escaños de los 120 que tiene la Knéset (parlamento israelí). Aún así el Likud del primer ministro sigue siendo el partido más votado, con 27 diputados, mientras que el bloque de la oposición liderado, por el centrista Gadi Eisenkot, consigue 48 escaños.
En diálogo con SEMANA, Shay Salamon, director de Asuntos Hispanos en el Movimiento para Combatir el Antisemitismo (CAM) señaló que en medio de esta encrucijada que vive el país hay retos imperativos que marcarán el futuro del próximo gobierno.
“Sea cual sea la fórmula, el próximo Ejecutivo deberá responder demandas críticas” que hoy tienen preocupados a los ciudadanos, entre ellas la seguridad nacional, la amenaza latente de Irán y “la investigación independiente del suceso del 7 de octubre que no se dio hasta el momento, ya a años de esta masacre”.
Participación histórica y el bloqueo matemático
El director de CAM detalló que estas elecciones fueron muy participativas en cuanto a una movilización ciudadana sin precedentes recientes. Los israelíes acudieron masivamente a las urnas alcanzando “un récord desde el año 1988 con más de 77 %, se habla de casi 7 8% de aquellos que tienen el derecho de votar que realmente mostraron su interés en estas elecciones”.
Pese a esto, los resultados parciales y las estimaciones de los principales medios dibujan un panorama fragmentado.

“Benjamín Netanyahu perdió, pero tampoco ganó Gadi Eizenkot” al señalar que la matemática en la política tradicional parece no encajar en la nueva realidad que enfrentan los israelíes.
“Dentro de esta realidad ahora se tienen que empezar a hacer todos los cálculos, toda esa matemática tan fina y la verdad que no cierra ningún sentido y hasta parece que la matemática tiene sus propias reglas en la política israelí”, dijo.
Las votaciones por los árabes
Las acusaciones contra los partidos árabes incrementan la incertidumbre sobre el resultado de las elecciones, con el líder opositor Eisenkot acusando a Netanyahu de haberse “embarcado en una campaña coordinada y organizada para deslegitimar los resultados”.
“Las elecciones en el Estado de Israel fueron robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la aniquilación del Estado judío”, afirmó el partido de Netanyahu, el Likud, en X, en una publicación que el primer ministro también compartió.

Salamon explicó que ante estas acusaciones de fraude por parte del mandatario israelí “hasta el momento no hay una evidencia realmente que pueda probar queesto ha sucedido... Es parte del ruido que se generó post elecciones... son temas muy puntuales y que se va a tener que investigar obviamente”.
El presidente israelí, Isaac Herzog, pidió que se investiguen los “elementos sospechosos” pero advirtió que no se debería estigmatizar a toda la comunidad árabe israelí, que votó masivamente para echar del poder al gobierno más conservador de la historia del país.
Una situación que amenaza con sumir a Israel en una crisis política en un momento en el que la región está sacudida por un conflicto regional y Netanyahu sopesa una campaña militar contra Irán.
Escenarios, retos y la decisión de Herzog
Con plazo hasta el 11 de noviembre, el presidente de Israel, Isaac Herzog, tendrá la tarea de designar a la persona encargada de formar el próximo gobierno, en medio de un escenario complejo para el futuro político del primer ministro del país.
Deseoso de evitar nuevas elecciones, pidió el miércoles a los partidos que hagan “todo lo posible” para formar una coalición.
Para Salamon, una de las vías más probables es que el encargo recaiga en Gadi Eizenkot, quien enfrentará el reto de tejer alianzas donde “los partidos de izquierda, vemos partidos de centro y partidos de derecha, al final se van a tener que unir y dejar las diferencias que tienen para el bien del Estado de Israel”.
Además si se logra consolidar un gobierno son muchos los retos por asumir, además de la investigación del 7 de octubre de 2023 están los problemas económicos, el alto costo de la vivienda y el desgaste político generado por el juicio abierto al primer ministro tras 19 años en el poder.
Situaciones que si enfrenta Eizenkot también estará en la mira internacional ante lo que sería su relación con el presidente de EE. UU., Donald Trump.
Salamon detalló que en la arena internacional y las relaciones diplomáticas no son su rubro, en comparación con Netanyahu “que sabe hablar como habla un americano, conoce todas las internas de la política de Washington y trabajó con varios presidentes de los Estados Unidos entonces eso parece que juega en contra de Gadi Eizenkot.
“Pero tiene, por otro lado, un bloque muy interesante con gente que sabe mucho de la política internacional y capaz que, este nuevo aire, puede generar también un cambio en las relaciones con Estados Unidos y en las relaciones generales con el mundo”, dijo
