Meses antes de que comandos estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro en Caracas, la CIA consultó a Ali Moshiri, exejecutivo de Chevron con décadas de experiencia en Venezuela, sobre quién debía reemplazar al dictador. Su respuesta fue categórica: respaldar a la oposición liderada por María Corina Machado conduciría a un caos similar al de Irak.

La opción viable era la entonces vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Esa recomendación, según reveló este fin de semana The Wall Street Journal, terminó influyendo en la evaluación secreta que la CIA presentó a la Casa Blanca y que definió el curso político de Washington en Venezuela tras la caída del régimen.

Moshiri argumentó que Machado no contaba con el apoyo de los servicios de seguridad venezolanos ni con el control de la infraestructura petrolera del país. Rodríguez, en cambio, era a su juicio una “negociadora dura y decidida” con quien las petroleras occidentales podían hacer negocios y que era capaz de mantener el flujo de crudo.

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Trump terminó respaldando esa postura horas después de la captura de Maduro. “Sería muy difícil para Machado asumir el poder”, dijo el presidente. “No cuenta con el apoyo ni el respeto necesarios en el país.”

Moshiri se negó a hablar sobre cualquier contacto con la CIA. “Sabes que no puedo revelar nada de eso”, dijo al Journal. La portavoz de la agencia, Liz Lyons, calificó la historia de “fantasiosa” y basada en “afirmaciones falsas, no verificadas y anónimas”. Chevron, por su parte, afirmó que no mantiene ninguna relación comercial con Moshiri y que no autorizó a nadie a contactar con la CIA antes del derrocamiento de Maduro.

Chevron fue la gran beneficiada con el traspaso del poder a Delcy Rodríguez por cuenta de Donald Trumo. Foto: Getty Images

La influencia de Moshiri sobre Washington no surgió de la nada. Durante su etapa como responsable de las operaciones latinoamericanas de Chevron, cultivó una relación cercana con Hugo Chávez, quien lo llamaba “querido amigo”, y convenció a la compañía de permanecer en Venezuela cuando Exxon Mobil y otras petroleras occidentales abandonaron el país tras las nacionalizaciones de 2006.

Según el Journal, desde la época de Chávez y con aprobación de los altos ejecutivos de Chevron, Moshiri proporcionaba información sobre los líderes venezolanos a la CIA.

Tras la muerte de Chávez en 2013, Moshiri estrechó su relación con Delcy Rodríguez, quien ascendió dentro del chavismo hasta convertirse en vicepresidenta de Maduro y encargada de facto de la economía y el sector petrolero. Fue esa trayectoria la que lo llevó a tener el respaldo ante la agencia como la opción natural para garantizar estabilidad en una Venezuela sin Maduro.

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La apuesta resultó rentable para Chevron, ya que, desde la captura de Maduro, las acciones de la compañía han subido casi un 30 %. La empresa es la única gran petrolera estadounidense con presencia constante en el país y ha anunciado que planea aumentar su producción venezolana hasta un 50 % en los próximos 18 a 24 meses, desde los 250.000 barriles diarios actuales.

En febrero, Rodríguez acompañó al secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, en una visita a una planta conjunta de Chevron en Venezuela. Moshiri, mientras tanto, recauda 3.000 millones de dólares a través de su Fondo Amos para proyectos petroleros venezolanos y asesora a PDVSA en la reestructuración de su dirección.

Donald Trump eligió a Delcy Rodríguez por encima de María Corina Machado. Foto: Getty Images / AP / Montaje: Semana

La decisión de Washington de respaldar a Rodríguez genera, sin embargo, una creciente tensión con quienes exigen una transición democrática real. Elliott Abrams, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores y exrepresentante especial para Venezuela durante el primer mandato de Trump, publicó esta semana una columna en la que advierte que diez semanas después de la caída de Maduro no se percibe ningún avance político concreto.

“Trump no parece muy interesado” en la transición, escribió Abrams, quien señala que más de 500 presos políticos permanecen encarcelados y que ningún líder exiliado ha podido regresar al país. Cuando Machado se reunió con Trump el 6 de marzo, el mensaje fue, según Abrams, simplemente “paciencia”.

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El analista cita además una encuesta que muestra que Rodríguez perdería unas elecciones libres ante Machado con un 67 % frente a un 25 %, y advierte que las relaciones diplomáticas restablecidas el 5 de marzo otorgarán mayor legitimidad al régimen sin exigirle contrapartidas políticas reales. “Es hora de decirle a Rodríguez que el juego ha terminado, de iniciar las negociaciones y de insistir en que la transición política comience de inmediato”, escribió.

La tensión entre los objetivos económicos y los políticos de Washington en Venezuela se perfila así como uno de los principales dilemas de la administración Trump en la región en los próximos meses.