Óskar Ortiz, bogotano de 41 años, es un periodista con 21 años de experiencia que ha pasado por SEMANA, Univisión, La Estrella de Panamá y, ahora, Pulzo, que vive en el Eje Cafetero desde hace ocho años y en Dosquebradas desde hace cinco años, todo ese último tiempo en teletrabajo.

Con el apoyo de su mamá, Bertha Ligia Echeverría Rojas, como figura propietaria para el crédito hipotecario con Davivienda, compró en 2021 el apartamento del tercer piso en Quintas de Jardín Colonial que se desplomó.

Ortiz tuvo disciplina financiera y, gracias a ahorros que tuvo de su trabajo y con la gestión durante estos cinco años, pagó casi que en tiempo récord la deuda de la vivienda. En febrero selló la deuda con el banco, por lo que el apartamento se quedó sin seguro. Si bien quería asegurarla, todavía gestionaba otras deudas y quedó sin base.

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Asimismo, contó que el seguro del conjunto solo acoge fachadas y entiende que es muy difícil que desde ahí se logre alguna clase de recursos. En estos tres días, ha tratado de al menos volver a tener cosas básicas como ropa interior y con qué vestirse, pues perdieron todo lo material con su esposa, que no tiene hijos.

Amigos crearon un Vaki a nombre de la pareja afectada, que ha recibido la solidaridad de su familia, primero en Pereira y ahora en Manizales, para tener hospedaje y comida. Le duele pensar en sus vecinos que no tienen esa misma opción.

Edificio Quintas de Jardín Colonial en Dos Quebradas. Foto: Suministradas a SEMANA

SEMANA habló con él y relató detalles de cómo fue la mañana del terremoto que sacudió el Eje Cafetero, que cambió para siempre su vida y la de decenas de familias de Dosquebradas. En cuestión de segundos, el apartamento que había terminado de pagar este año quedó reducido a escombros.

El periodista recuerda que dormía junto a su esposa cuando la alerta sísmica los despertó. No hubo tiempo para pensar demasiado. Ambos habían hablado alguna vez sobre qué harían en una emergencia similar y reaccionaron de inmediato. “Ella salió corriendo y yo salí detrás. Cuando iba bajando, sentí que los escombros me golpeaban el hombro. Fueron apenas unos segundos”, relató.

Al salir del edificio, observó cómo las escaleras comenzaban a destruirse. Desde el exterior, junto a otros vecinos, vio cómo la estructura se partía y colapsaba progresivamente. “Vimos literalmente desplomarse lo que era nuestra casa. Fue una sensación absolutamente aterradora. Sentimos la muerte muy cerca”, recordó en SEMANA.

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Aunque los residentes de los pisos inferiores lograron ponerse a salvo, los momentos posteriores estuvieron marcados por la angustia. Varias personas quedaron atrapadas temporalmente dentro del edificio y sus gritos de auxilio resonaron entre los escombros hasta que pudieron ser rescatadas.

“Escuchábamos los llamados desesperados de las vecinas. Fueron minutos muy duros. Por fortuna pudieron salir y no hubo una tragedia mayor en nuestro edificio”, dijo Óskar Ortiz.

“Vimos literalmente desplomarse lo que era nuestra casa". Foto: Suministradas a SEMANA

Sin embargo, la pérdida material fue total. Ortiz asegura que dentro del apartamento quedaron documentos, ropa, computadores, herramientas de trabajo y todos los objetos acumulados durante décadas.

“No solo perdimos una vivienda. Perdimos 41 años de vida. Todo quedó adentro. Cada recuerdo, cada cosa que habíamos construido con esfuerzo desapareció en segundos”, afirmó.

A la incertidumbre por comenzar de nuevo se suma otra preocupación. Según denuncia, algunas personas han intentado ingresar a las zonas afectadas para robar pertenencias entre los escombros.

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“Lo material ya prácticamente lo damos por perdido, pero preocupa que se lleven documentos personales. Dejé mi pasaporte y otros papeles importantes. Uno teme que puedan ser utilizados para algo indebido”, señaló.

Mientras las autoridades avanzan en la atención de la emergencia, Ortiz asegura que el dolor más grande no es únicamente el suyo, sino el de toda una comunidad que quedó sin hogar.

Óskar y su pareja vivían en el tercer piso del edificio. Foto: Suministradas a SEMANA

Recuerda especialmente a comerciantes, vigilantes y vecinos con quienes compartió durante años. “Pienso en la señora de la tienda, en las familias que se quedaron sin nada y que ni siquiera tienen dónde pasar la noche. Muchos están durmiendo en albergues o en el piso de casas prestadas”, explicó.

Por eso, más allá de la ayuda que él y su esposa han recibido a través de familiares, amigos y colegas, hace un llamado para que la emergencia no desaparezca de la agenda pública cuando pasen los primeros días de atención mediática.

“Les pedimos a los colombianos que no nos olviden. Entiendo cómo funciona la noticia porque soy periodista. Hoy estamos en los titulares, pero dentro de unos días habrá otros temas. Nosotros seguiremos aquí tratando de reconstruir nuestras vidas”, expresó.

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Ortiz también pidió que la atención no se concentre únicamente en las grandes ciudades afectadas y que los municipios golpeados por el sismo reciban apoyo sostenido. “No olviden a las personas damnificadas ni a los municipios. Hay muchas familias enfrentando una situación muy difícil. Hoy más que nunca necesitamos solidaridad, memoria y acompañamiento para salir adelante”, concluyó en diálogo con SEMANA.

En este enlace encontrará la Vaki para ayudar a Óskar y su familia. Cualquier información al respecto, puede contactar a Óskar en su cuenta de Instagram @Oskarconk.