El Servicio Geológico Colombiano (SGC), entidad adscrita al Ministerio de Minas y Energía, emitió un reporte técnico sobre la actividad registrada en la cadena volcánica Los Coconucos y el volcán Puracé.
Las evaluaciones instrumentales confirmaron que los parámetros de monitoreo se mantienen por encima de las líneas base de comportamiento, lo que representa una alteración significativa en la dinámica interna del sistema volcánico y justifica la permanencia del estado de alerta Naranja en la región.
Durante el periodo de observación, las estaciones de monitoreo detectaron señales sísmicas continuas asociadas al movimiento de fluidos tipo tremor bajo el cráter principal a profundidades inferiores a un kilómetro.
De igual forma, se registró actividad volcano-tectónica relacionada con el fracturamiento de roca entre 10 y 14 kilómetros al nororiente del edificio volcánico, alcanzando una magnitud máxima de 3.1 el 10 de septiembre a las 10:22 a. m.
Emisiones de ceniza, gases y deformación del terreno
El informe del organismo técnico detalló la ocurrencia de cuatro eventos de emisión de ceniza que alcanzaron una altura máxima de 400 metros sobre la cima del volcán.
Debido a la dirección predominante de las corrientes de viento hacia el noroccidente, vigías comunitarios y habitantes de las veredas Cristales y Loma Linda, en el municipio de Puracé, reportaron la caída de material volcánico, a pesar de la densa nubosidad que dificultó la visibilidad directa.
Adicionalmente, los análisis de campo confirman un proceso constante de deformación lenta en la superficie terrestre entre los volcanes Puracé, Piocollo y Curiquinga.
Respecto a la medición de desgasificación y emanaciones atmosféricas en la zona, el reporte oficial del SGC señaló que “se mantienen las emisiones de dióxido de azufre y persiste el registro ascendente de la concentración de dióxido de carbono medida en suelo”, aunque el rastreo satelital no identificó anomalías térmicas en el fondo del cráter.
Recomendaciones a las comunidades y protocolos de seguridad
Frente al comportamiento variable del sistema geológico, la entidad aclaró que posibles reducciones temporales en la sismicidad no implican un retorno a condiciones de estabilidad operacional.
El organismo precisó que la transición hacia una alerta amarilla requiere una evaluación prolongada de las tendencias técnicas para garantizar que los niveles de riesgo hayan disminuido de manera segura para la población.
En consecuencia, las autoridades nacionales reiteraron la restricción de acceso a las zonas de mayor vulnerabilidad física. Con relación a los peligros latentes por la expulsión de materiales, el SGC recomendó “no acercarse a la zona de los cráteres en los volcanes Puracé, Piocollo y Curiquinga, y de las cabeceras de los ríos que nacen en ellos”, alertando sobre eventuales emisiones repentinas de gases, rocas y la formación de flujos de lodo en las cuencas hídricas.