Abelardo Gabriel De La Espriella Otero, de 48 años de edad, presidente de Colombia, antes de ser uno de los abogados más relevantes del país, vivió su infancia en el Caribe colombiano, exactamente en Montería, Córdoba, donde el sol es inclemente, pero su gente es inolvidable. La gastronomía de la zona es única y ni hablar de los productos que salen del campo o el ganado que hay en las fincas. En su familia siempre estuvo presente el derecho, pero también la política, por la que se inclinó el mandatario de los colombianos en medio de una profunda crisis que vive el territorio nacional.

Posesión presidencial de Abelardo De La Espriella

Nació el 31 de julio de 1978 en la Clínica El Country de Bogotá, pero pronto fue llevado a Montería, donde creció en medio de las sabanas cordobesas, esas de las que tanto habla en sus discursos y en entrevistas a medios de comunicación. Quienes lo conocieron desde niño cuentan que su personalidad es única, llama la atención de todas las personas y, gracias a sus ideales y apoyos, dio el paso a la política.

Abelardo Gabriel De La Espriella Juris es el papá del presidente de Colombia y fue magistrado y dirigente liberal. María Eugenia Otero, su mamá, fue fundamental para la formación humanística, que combina la disciplina, el debate y la vocación de servicio tanto en el sector privado como en el público.

Abelardo De La Espriella, presidente de Colombia, cuando era niño participaba de actividades culturales en Montería y en otras zonas del Caribe colombiano. Foto: Suministrada a SEMANA.

La historia que hoy se conoce estuvo a punto de ser distinta, pues la tragedia casi visita a la familia De La Espriella meses antes de que naciera el mandatario. Así lo relató su papá en una entrevista exclusiva entregada a SEMANA.

“Fuimos a recibir una finca en La Mojana sucreña a finales de diciembre de 1977. Nos embarcamos en una lancha. María Eugenia estaba embarazada y la lancha se hundió. Ella iba sentada en un mecedor pequeño y quedó aprisionada. Me la quitaron de los brazos unos lancheros que nos auxiliaron. Pensé que los perdía a los dos. Después de aquello comprendimos que había sido un milagro”, contó.

En medio de esa situación familiar, hasta contemplaron cambiarle el nombre, pero quedó en firme el de Abelardo, que lleva al menos tres generaciones. “Yo quería llamarlo Sinuhé, pero después decidimos que se llamara Abelardo, como su papá y como su abuelo”, precisó.

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Cuando hay reuniones familiares, recuerdan esta historia en la que el presidente de Colombia “casi no nace”, pero ocurrió un verdadero milagro. Desde la ciudad de Montería, el papá cuenta que su hijo tenía una energía interminable; nunca se quedaba quieto y le gustaba curiosear cosas. Sus padres no perdieron esa oportunidad y buscaron actividades que explotaran el potencial del profesional del derecho.

“Cuando era niño, lo llevábamos en la mañana a un colegio y en la tarde a otro para cansarlo. Tenía muchísima energía. Lo mismo que ahora”, detalló el hombre, mostrando el orgullo de un padre cuyo hijo ahora gobierna el país.

Abelardo De La Espriella Juris, padre del presidente, contó que su hijo estuvo a punto de morir antes de nacer. Foto: Guillermo Torres.

En su casa, el pequeño Abelardo Gabriel escuchaba discusiones de temas políticos, noticias del orden nacional, entre otros aspectos que lo fueron instruyendo en el mundo de la política, pero también en el de las leyes de Colombia. Los que lo vieron crecer cuentan que nunca se quedaba quieto por mucho tiempo; siempre buscaba juegos, actividades académicas y hasta artísticas.

Otra de las facetas que muchos recuerdan es su temperamento. Era fuerte y determinado, y mostraba lo que iba a ser cuando fuera mayor: decidido y pujante. En dichas conversaciones de personas adultas surgían las ideas de su padre, que promovía el movimiento de Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla, hombres cruciales en la política colombiana.

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“Cuando Abelardo tenía 7 años, grabé un casete con los discursos de Luis Carlos Galán para escucharlos mientras viajábamos. Él terminó aprendiéndoselos de memoria y se los recitaba a mis amigos. Repetía frases enteras y decía: ‘Galán ha demostrado que sí es posible derrotar las maquinarias. Ni un paso atrás’”, recuerda el exmagistrado.

Las personas que lo escuchaban quedaban atónitas porque la edad y la oratoria que mostraba eran altas, ya que, mientras sus amigos jugaban y tocaban temas propios de la edad, Abelardo Gabriel siempre hablaba de política, justicia y las transformaciones que deberían ocurrir en el país.

En medio de esta conversación, el papá del presidente contó que siempre supo de la capacidad de liderazgo que tenía su hijo, incluso antes que decidiera ser profesional de las leyes. Desde temprana edad, Abelardo De La Espriella Otero participó en obras de teatro, programas radiales y pequeños proyectos periodísticos, que le permitían desarrollar la facilidad para hablar en público.

En su juventud, el mandatario presentaba un programa de debates juveniles en Telecaribe y en otros escenarios audiovisuales. Foto: Suministrada a SEMANA

“Desde los 15 años ya era un líder en el colegio. Tenía un programa en Telecaribe, otro en La Voz de Montería y hasta publicaba un periódico estudiantil llamado Inquietudes Juveniles. Siempre le gustó rodearse de personas mayores porque disfrutaba aprender de ellas”, agregó su papá.

Lo cierto es que, en medio de un buen ambiente, el mismo presidente de Colombia relató una historia que desató las risas de quienes lo escucharon. En ese momento solo tenía 2 años de edad.

“Fuimos a un velorio y todos advertían que el perro podía morder al niño. De repente escucharon al perro llorando. Cuando voltearon, era yo quien estaba mordiendo al perro”, dio a conocer el mandatario en una de sus entrevistas.

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El papá de Abelardo Gabriel siempre vio el potencial de su hijo como una oportunidad para alcanzar grandes logros, tanto en el ámbito personal como en el profesional.

“Desde ese día supe que estaba destinado para grandes cosas. Le enseñé que la patria está por encima de todo, que los bienes públicos son sagrados y que un gobernante puede equivocarse, pero jamás puede apropiarse de lo que les pertenece a los colombianos”, dice una y otra vez el exmagistrado.

Nadie imaginó que cada una de las historias que vivieron en el Caribe serían anécdotas del presidente elegido por los colombianos para el próximo cuatrienio, que hoy son ejemplo de disciplina, tenacidad y liderazgo para un país que no atraviesa su mejor momento en materia de salud, orden público y, sobre todo, en las finanzas públicas.

Abelardo Gabriel de la Espriella Juris, papá del presidente colombiano. Foto: Juan Carlos Sierra/SEMANA.

Aunque no hubo grandes lujos y tampoco acontecimientos relevantes, sí hay variadas historias que vivió con su familia en esa zona de Colombia. Fue un niño, según los testimonios, que siempre sobresalió entre los demás y estudió en el colegio La Salle de Montería, donde obtuvo el título de bachiller, y luego como abogado de la Universidad Sergio Arboleda en Bogotá.

Sin dar su plena identidad, hay reconocidos monterianos que se sienten orgullosos de tener un presidente de su tierra y sin clanes políticos detrás.

“Ese muchachito uno lo veía estudiar en el colegio La Salle con sus compañeros y era bastante inquieto. Uno sabía del potencial que tenía, pero nunca me imaginé verlo como presidente de Colombia. Ha logrado una gran hazaña en la política colombiana. Tiene todo el apoyo de su tierra y del Caribe”, dijo una mujer que lo vio crecer y que ahora es funcionaria pública.

Al presidente de Colombia no se le olvida que escuchó discursos de Luis Carlos Galán y de otros tantos políticos del país, que participó en programas radiales cuando todavía era estudiante y que desarrolló, gracias a sus padres, una personalidad que lo llevó a convertirse en líder entre sus compañeros.