SEMANA accedió a un informe elaborado por la fuerza pública, que describe la minucia del Tren de Aragua, una temida organización criminal que nació en Venezuela y que se extendió por todo el continente con hechos de sangre. Su aterrizaje en Colombia marcó una ola de violencia y su sombra criminal toma fuerza en algunos rincones del país. La noticia más alarmante del documento es que el grupo reactivaría su confrontación en la capital del país.

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Este grupo nació a mediados de 2009 en el estado de Aragua y sus protagonistas fueron los antiguos trabajadores del sindicato de construcción del tren de esa región venezolana. Aparentemente, se enfilaron en esta estructura en respuesta a la ausencia de empleo ante los incumplimientos del régimen chavista y la falta de recursos para esa obra.

“Esto habría impulsado la organización de un grupo de personas, quienes inician dinamizando delitos como la extorsión, tráfico de estupefacientes y homicidio”, se referenció en el documento.

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¿Cómo llegó a Colombia?

Las autoridades describieron que a partir de la tercera ola migratoria de 2018, Los Camilos, una banda de Bogotá, habría iniciado una estrategia de instrumentalización y vinculación de venezolanos para “monopolizar” el control de la venta de estupefacientes y rentas ilícitas en las localidades de Bosa y Kennedy, “lo que habría permitido que estas personas conocieran la dinámica criminal y principales economías en estas zonas”.

Desde 2022, se generaron disputas internas y la Policía logró la desarticulación de Los Camilos. En ese momento, el Tren de Aragua dio a conocer un “portafolio de actividades delictivas, como seguridad a puntos de expendio, homicidios selectivos por ajuste de cuentas y actividades de vigilancia informal a bajo costo, consolidándose como la estructura que monopolizaba estos delitos en Bosa y Kennedy”, se resumió en el texto de inteligencia.

En ese momento, el cabecilla visible para la capital del país sería alias Giovanni, quien mantenía comunicación directa con alias Niño Guerrero, el principal líder del Tren de Aragua abatido esta semana en Venezuela por Estados Unidos; a su vez, Giovanni direccionaba sus actividades delincuenciales a través de alias Osmer. Giovanni, al parecer, se encuentra escondido en el estado de Aragua y su socio, Osmer, está detenido en una cárcel de La Dorada, en Caldas.

Ante los golpes operacionales a este grupo, el régimen de Nicolás Maduro, en su momento, dijo que se trataba de mentiras. El número dos de la dictadura, Diosdado Cabello, se despachó contra el entonces director de la Policía, el general Carlos Fernando Triana, y aseguró que se trataría de una narrativa errónea. Los hechos demostraron lo contrario.

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Su presencia en Colombia

Con base en el informe, este grupo delincuencial estaría conformado por 60 personas, sumando a los integrantes que residen en Bogotá y Villa del Rosario, en Norte de Santander, donde figuran como los criminales principales. Entre los roles se encuentran cabecillas financieros, logísticos, locales, expendedores y sicarios.

“Las acciones delincuenciales se focalizan en Bogotá, sobre las localidades de Bosa, Santa Fe y Kennedy; con una intención de extenderse a las localidades de Chapinero y Los Mártires. Se identifica la localidad de Ciudad Bolívar como posible zona de residencia de cabecillas e integrantes de esta estructura. En el corregimiento La Parada, en Villa del Rosario, sostendrían las dinámicas delincuenciales sobre toda la jurisdicción”, se comentó en el informe.

Como característica principal, los investigadores describieron que esta estructura emplea como estrategia comunicacional la elaboración y difusión de panfletos y videos a través de redes sociales, donde exhiben armas de fuego y los nombres de sus potenciales víctimas, generando amenazas para lograr el pago de extorsiones.

El Tren de Aragua actúa en las localidades de Bosa y Kennedy, en el suroccidente de Bogotá. Foto: Guillermo Torres / Semana

La imagen del terror

Frente a esto último, las autoridades manifestaron que la principal problemática sobre la dinámica panfletaria está relacionada con el uso de esta denominación como “marca criminal” por parte de actores delincuenciales de origen venezolano, o de la región de la costa Caribe colombiana, que la utilizan para “presionar” el pago de extorsiones o infundir temor en la comunidad.

Por ejemplo, durante el 2025, el fenómeno de utilización de la marca criminal Tren de Aragua se identificó en Manizales y Yopal. En la capital de Caldas, los integrantes de La Oficina se habrían hecho pasar por integrantes del Tren de Aragua, con el fin de generar zozobra a sus víctimas; en la capital de Casanare, hicieron lo mismo Los de Aragua.

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Las disputas

La Fuerza Pública prevé que el Tren de Aragua tiene intereses de tomar el control de la venta de drogas en Bogotá, lo que reactivaría las disputas con los grupos Caucanos, en Kennedy, y Hades, en Bosa.

“En Kennedy, la confrontación latente buscaría el control de la venta de estupefacientes en los barrios El Amparo, Chucua de la Vaca, Llano Grande y María Paz. Alrededor de estos barrios se ubica la central de abastos Corabastos, principal plaza de mercado de la ciudad, a donde llegarían los estupefacientes camuflados al interior de camiones provenientes del suroccidente del país”, contaron las autoridades.

Mientras que en Bosa, buscarían posicionar la venta de estupefacientes en el barrio San Bernardino y Villa Ema: “En el barrio Villa Ema se ubican puntos de almacenaje de reciclaje y un alto flujo de población flotante; esto les facilitaría ocultar estupefacientes y los puntos de expendio, lo que incrementaría la llegada de consumidores”.

Capturas del Tren de Aragua. Imagen de referencia. Foto: policÍa nacional

¿Quiénes están detrás?

Alias Zancudo continuaría dinamizando la venta local de estupefacientes en los barrios María Paz, El Amparo, Bellavista y Patio Bonito (Kennedy), y los barrios San Bernardino y Villa Ema (Bosa).

Por su parte, alias el Enano lo haría en Norte de Santander con extorsiones al sector comercio, agencias de viaje y la población migrante que busca desplazarse hacia la zona de frontera con Ecuador.

En la capital, no solo se sostiene el grupo con las drogas, se presenta la extorsión a vendedores informales, comerciantes, personas dedicadas al transporte informal y trabajadoras sexuales. Los cobros se concentran en el sector de la trasversal 38 y los barrios María Paz, El Amparo y Bellavista (localidad de Kennedy).

“A los comerciantes de bares, casas de lenocinio, discotecas, tiendas y chatarrerías les exigirían un monto de dinero relacionado a su capacidad de pago, que oscila entre los 50 y 500 mil pesos semanales. Las trabajadoras sexuales y meseros de bares pagarían una cuota semanal entre los 40 a 50 mil pesos. Habrían establecido cobros a bicitaxistas entre 20 a 40 mil pesos diarios (cerca de 250 personas), con el fin de ejercer la actividad informal en zonas de incidencia”, se dijo en el documento.