El presidente Abelardo De La Espriella anunció este domingo que sostuvo una conversación con el reconocido empresario Jaime Gilinski y su esposa Raquel Kardonski, quienes anunciaron una donación de 150.000 millones de pesos para ayudar a los damnificados del terremoto en Cali.
“Acabo de hablar telefónicamente con Jaime Gilinski y su esposa Raquel. Me informaron de la decisión que han tomado de donar 150.000 millones de pesos para la reconstrucción de hospitales y escuelas en Cali. Todo mi agradecimiento y reconocimiento a la familia Gilinski por este extraordinario gesto de solidaridad con Colombia. En los momentos más difíciles se conoce a los mejores ciudadanos. ¡Firme por la Patria!“, sostuvo De La Espriella en un mensaje en X.
Cali fue una de las ciudades más golpeadas por el terremoto de 7.4 de magnitud, ocurrido el pasado lunes 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, y que tuvo como epicentro la población de San José del Palmar, en el Chocó.
Según el balance más reciente de las autoridades, divulgado este domingo 16 de marzo, el terremoto deja 289 personas fallecidas, 4.187 heridas y 143 desaparecidas. Según las cifras oficiales, 120.238 familias y al menos 185.016 personas han resultado afectadas en 450 municipios de 15 departamentos que resultaron afectados por el terremoto.
Asimismo, hasta el momento, según el reporte, se contabilizan 127.557 viviendas averiadas y 26.945 completamente destruidas, además de 66 edificios colapsados.
Los daños también alcanzan infraestructura indispensable para las comunidades. El reporte señala 285 centros de salud y 2.838 centros educativos afectados, además de 3.782 centros comunitarios con algún tipo de daño.
A esto se suman 407 vías, 92 acueductos, 44 puentes vehiculares y 12 puentes peatonales afectados. Cinco aeropuertos también aparecen dentro del balance de infraestructura golpeada por el terremoto.
El terremoto afectó seriamente sectores del sur de Cali. Por ejemplo, en barrios como Capri varios edificios quedaron destruidos y otros al borde del colapso.
Un equipo periodístico de SEMANA ha recorrido a diario las calles de la ciudad.
Armando Carrillo todavía busca palabras para narrar lo que ocurrió en el edificio Cantabria, en el barrio Nueva Tequendama. Aquella mañana estaba en su apartamento con su esposa. Tenían un balcón y, cuando sonó la alarma de sismo, apenas contaron con unos segundos para decidir qué hacer: bajar por las escaleras o buscar un punto de protección dentro de la vivienda.
“Eso es terrible. Es un rugido impresionante, una cosa que usted siente que nunca iba a acabar”, recuerda Armando.
En otro lugar de la ciudad, el 30 % del Hospital Universitario del Valle, uno de los centros asistenciales más importantes de la ciudad, por ejemplo, se vio afectado por el terremoto.
En otro barrio, el Capri, Diego Morales vivió otra versión de la misma tragedia. Es arquitecto y conoce como pocos lo que significa observar una estructura desde sus grietas. Esta vez, sin embargo, no estaba mirando los daños de una obra ajena. Estaba viendo su propia casa convertirse en un lugar inhabitable.
Diego se hallaba en el edificio Amalfi cuando comenzó el terremoto. Su primera reacción fue proteger a su mamá. Después observó cómo los muros empezaron a agrietarse y diferentes elementos de la vivienda comenzaron a caer.
“Todo empezó de una manera muy lenta, fue escalando. Yo soy arquitecto, entonces, lo primero que hice fue resguardar a mi mamá en una zona segura de la construcción”, cuenta.
Tras el terremoto, el país se ha volcado en una campaña masiva de solidaridad con las víctimas. El presidente De La Espriella ha anunciado un plan para reconstruir las zonas más afectadas por el peor terremoto del siglo XXI en Colombia.