Desde el pasado viernes 5 de junio, el presidente Gustavo Petro convirtió su cuenta de X en un campo de batalla. Lo que comenzó con un evento oficial en Montería derivó en una avalancha de mensajes que, en menos de 48 horas, acumularon escándalos suficientes para llenar semanas de debate público.

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En Montería, ante cerca de dos mil asistentes, Petro compareció con un discurso cargado de referencias electorales y ataques a la oposición, en el que afirmó que algunos terratenientes se habían “acostumbrado a tratar a las mujeres como si fueran las vacas”.

También advirtió que sería “triste” que Colombia volviera a elegir a quienes, según sus palabras, representan el paramilitarismo, y dio a entender que, si ganaba la oposición, él mismo saldría a las calles a enfrentarlo. Todo esto horas después de que el Consejo de Estado le ordenara abstenerse de participar en la campaña.

Pero lo que vino después en X fue aún más tormentoso. La controversia más explosiva del fin de semana estalló cuando Petro compartió en su cuenta oficial un montaje con dos fotografías del defensor de la Selección Colombia Yerry Mina, acompañadas de la frase “Dignidad o nostalgias de hidalgos esclavistas”.

El post se viralizó de inmediato y las críticas no tardaron. El analista argentino Agustín Antonetti lo calificó como “el tweet más racista de todos los tiempos”, mientras el senador electo Andrés Forero expresó “solidaridad con Yerry Mina ante esta baja y ruin manifestación del racismo presidencial”.

El perfil del futbolista en Instagram terminó inundado de comentarios de odio racista, mientras otra parte de los usuarios enviaba mensajes de apoyo y pedía que cesaran los ataques. Todo esto a días del debut de la Selección Colombia en el Mundial 2026.

En otro de sus mensajes, Petro evocó el ascenso del nazismo y sus consecuencias, escribiendo: “Los liberales invitaron al nazismo al poder y después murieron en los campos de concentración junto a los comunistas, socialistas, sindicalistas, judíos, gitanos y gays. Cincuenta millones de personas muertas le costó a Europa derrotar a Hitler”. El nombre del dictador alemán, invocado en el contexto de la campaña presidencial colombiana, añadió otra capa de indignación a una jornada ya saturada de polémicas.

El presidente tampoco escatimó en sus ataques al periodista Felipe Zuleta. En un extenso mensaje de alto tono político, Petro cuestionó la trayectoria ideológica del comunicador y, en referencia a su orientación sexual, afirmó que “temblará cuando persigan homosexuales en las calles y se llenen las cárceles de inocentes”.

La polémica fue más allá cuando el presidente insinuó que los bogotanos son “drogadependientes de las EPS”, al hacer alusión al nacimiento de un bebé en el buque Hospital Benkos Biohó. “Si un bebé nace en el litoral pacífico como acaba de suceder en el buque hospital Benkos Biohó es una revolución por la vida que quizás algunos bogotanos drogadependientes de las EPS no lo reconozcan. La falta del derecho a la salud en el Pacífico hacía que los niños y niñas no pudieran nacer junto al mar".

Contra José Manuel Restrepo, fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella, Petro trinó: “José Manuel Restrepo es un extremista de la derecha de la Iglesia católica, parecido a Ordóñez, y por su pensamiento económico es un neoliberal e instrumento de la desigualdad social en favor de los más poderosos”.

Al diario El Colombiano, que había publicado un perfil de Cepeda calificándolo de “filósofo comunista que quiere seguir los pasos de Petro”, el presidente le respondió: “Señores del diario ‘El Colombiano’, no sean tan ignorantes, además de ser socios de un criminal de lesa humanidad”.

Y a la decisión del streamer Westcol de no aceptar la invitación de Aída Quilcué para visitar una comunidad indígena del Cauca, el mandatario respondió que “no aceptar la invitación de una indígena a su territorio es desconocer la raíz del pueblo colombiano. El árbol sin raíz se cae y sus hojas se las lleva el viento”.

En paralelo, Petro insistió en su teoría del fraude electoral. Reiteró sus acusaciones sobre la manipulación del censo electoral y las anomalías que habrían ocurrido en la votación de al menos 5.300 mesas, y pidió una revisión forense del software de conteo. La Registraduría había rechazado esas denuncias desde el inicio, y análisis de la metadata del documento que usó el presidente como prueba revelaron que el archivo había sido modificado por un externo ajeno a la entidad.

Pero la desbandada de mensajes no paró ahí, Petro escribió “Heil Hitler” en un trino que citaba una columna de El Espectador en la que se hacía alusión a “orden, autoridad y libertad económica”.

También anunció en días pasados en sus redes sociales que se pondría “al frente” de la campaña de Iván Cepeda, convirtiéndose en el primer presidente en anunciar abiertamente su participación en política electoral, infringiendo la Constitución.

En menos de dos días, el presidente saliente de Colombia protagonizó un episodio con pocos precedentes en redes sociales: acusaciones de racismo contra un futbolista de la Selección en plena víspera del Mundial, referencias a Hitler en campaña, ataques a periodistas con alusiones a su vida privada, insultos a medios, intervención electoral abierta y una teoría del fraude desmentida por las autoridades. Todo ello mientras el reloj de su mandato sigue corriendo hacia el 7 de agosto.