Narcóticos Anónimos es una confraternidad internacional sin ánimo de lucro que nació en Estados Unidos en 1953 y que actualmente tiene presencia en 150 países. Cada semana se realizan cerca de 77.000 reuniones presenciales y virtuales alrededor del mundo, espacios en los que personas con problemas de adicción encuentran apoyo a través de la experiencia compartida de otros miembros en recuperación.

Del 6 al 8 de junio, Bucaramanga será el escenario de la edición número 35 de la Convención Colombia de Narcóticos Anónimos, uno de los encuentros más importantes de esta organización en el país. La cita adquiere un significado especial porque coincide con los 30 años de la llegada del mensaje de recuperación a la capital santandereana, donde se abrió el primer grupo de la ciudad bajo el nombre de Nueva Vida.

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Este año se celebrará en Bucaramanga la edición número 35 de la Convención de Narcóticos Anónimos. Foto: Narcóticos Anónimos

La convención se desarrollará en medio de un contexto en el que la salud mental y las adicciones ocupan cada vez más espacio en la conversación pública. Sin embargo, desde Narcóticos Anónimos insisten en que su misión sigue siendo la misma desde hace más de siete décadas: ofrecer una alternativa de recuperación a quienes enfrentan la enfermedad de la adicción.

“La confraternidad de Narcóticos Anónimos es un programa espiritual, no religioso, que tiene las puertas abiertas para cualquier adicto. El único requisito es el deseo de dejar de consumir y realmente aprender a vivir. Es un programa libre, gratuito y confidencial donde puede entrar cualquier persona”, explicó el Coordinador de Relaciones Públicas de Narcóticos Anónimos en conversación con SEMANA.

La organización sostiene que la adicción es una enfermedad crónica, progresiva y mortal que puede detenerse mediante un proceso de recuperación basado en doce pasos. La propuesta, afirman, va más allá del abandono del consumo y aborda también dimensiones emocionales y espirituales.

Para quienes participan en el programa, la recuperación se construye día a día. La filosofía del “solo por hoy” se convierte en una herramienta para enfrentar los desafíos cotidianos y mantener la abstinencia, apoyados por una red de acompañamiento integrada por otros miembros de la confraternidad.

Treinta años de historia en Santander

La realización de la Convención Colombia en Bucaramanga tiene un componente simbólico para la organización. Además de ser la edición número 35 del encuentro nacional, la ciudad celebra tres décadas desde la apertura de su primer grupo.

Actualmente existen siete grupos de Narcóticos Anónimos en el área Santander y más de 130 en todo el territorio colombiano. A nivel internacional, la literatura del programa ha sido traducida a 90 idiomas, una expansión que refleja el crecimiento de la confraternidad en diferentes culturas y contextos sociales.

Durante los meses previos a la convención, Narcóticos Anónimos desarrolló una agenda de acercamiento con instituciones públicas y privadas de Santander. Según explicó el Coordinador de Relaciones Públicas a SEMANA la organización participa de manera permanente como un recurso disponible dentro de la ruta de salud mental.

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Las actividades incluyeron encuentros con alcaldías, la Gobernación de Santander, instituciones educativas, clínicas de salud mental y diferentes entidades interesadas en conocer el funcionamiento del programa.

“El trabajo que se hace en Narcóticos Anónimos y el servicio que se presta a la comunidad consiste en que no solamente el adicto tenga acceso a esta información, sino también la sociedad en general, porque la sociedad es un instrumento multiplicador de un mensaje de vida”, señaló.

Esa visión explica por qué las jornadas de información pública ocupan un lugar central dentro de la estrategia de la organización. Psicólogos, psiquiatras, padres de familia, estudiantes, instituciones educativas y entidades de salud hacen parte de los públicos a los que se dirige el mensaje.

Para los organizadores, la recuperación no es un asunto aislado de quien consume sustancias. También involucra a los entornos familiares, sociales e institucionales que pueden convertirse en canales para que más personas conozcan la existencia del programa.

Una convención para compartir experiencia y esperanza

La programación de la Convención 35 comenzará este 5 de junio con la llegada de participantes provenientes de diferentes regiones de Colombia y de otros países. Según los organizadores, ya se ha confirmado la presencia de asistentes de Puerto Rico, Costa Rica, Argentina, Ecuador y Estados Unidos.

Las actividades incluirán jornadas de bienvenida, espacios culturales y talleres dirigidos a los servidores de la confraternidad. Estos encuentros abordarán temas relacionados con el desarrollo de la organización, las relaciones públicas y la manera de transmitir el mensaje de recuperación a diferentes poblaciones.

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La agenda contempla también visitas institucionales y actividades de servicio orientadas a sectores específicos, como la población privada de la libertad.

Sin embargo, el núcleo de la convención estará en los espacios de compartir experiencia, fortaleza y esperanza, considerados por la organización como el corazón del proceso de recuperación.

“A las dos de la tarde se abre oficialmente la convención en su centro principal, que son los compartires de fe, experiencia y esperanza. Ese compartir es como la vitamina diaria, la terapia que el adicto recibe para mantenerse en la recuperación constante”, afirmó el Coordinador de Relaciones Públicas.

Se espera la asistencia de alrededor de 1.000 personas. El recinto principal cuenta con capacidad para 800 asistentes y dispone de espacios adicionales en caso de que la participación supere las expectativas iniciales.

Más allá de las cifras, uno de los aspectos que la organización busca destacar es la diversidad de perfiles que hacen parte de la confraternidad. Según explican, la imagen tradicional del adicto como una persona marginada de la sociedad no corresponde a la realidad que observan diariamente.

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En los encuentros participan estudiantes, empresarios, deportistas y personas provenientes de distintos contextos sociales. La organización sostiene que la enfermedad no distingue edad, profesión o condición económica. “No existe un perfil común entre ellos. Todos llegan por caminos diferentes, pero todos tienen dos cosas en común: son adictos y quieren recuperarse. Esas dos características son las que hacen que esta confraternidad tenga una unidad maravillosa dentro de la diversidad”, indicó.

Uno de los cambios que más llaman la atención dentro de la organización es la transformación en la edad de quienes buscan ayuda. Si décadas atrás predominaban personas entre los 28 y los 70 años, hoy, según sus registros, el grupo más numeroso se encuentra entre los 14 y los 28 años.

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Un movimiento global que sigue creciendo

La convención en Colombia se desarrolla en un momento de expansión para Narcóticos Anónimos. La organización destaca experiencias internacionales que reflejan el alcance alcanzado por el programa en diferentes regiones del mundo.

Uno de los ejemplos mencionados por sus voceros es el crecimiento registrado en Irán, donde actualmente pueden congregarse miles de personas en encuentros masivos de recuperación. También recuerdan que hace dos años y medio la Convención Mundial realizada en Washington reunió a cerca de 30.000 participantes.

Según la organización, uno de los factores que ha permitido ese crecimiento es su carácter autónomo y autosuficiente. Narcóticos Anónimos asegura que no recibe recursos económicos externos y que mantiene independencia frente a partidos políticos, gobiernos e instituciones estatales.

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La mirada internacional también apunta hacia el futuro de Colombia dentro de la confraternidad. El país fue elegido recientemente para albergar la Convención Latinoamericana de Narcóticos Anónimos, un evento que tendrá como sede a Bogotá y que marcará la primera vez que el país organiza este encuentro regional.

Mientras tanto, la atención está puesta en Bucaramanga. Durante tres días, cientos de personas se reunirán para celebrar la recuperación, compartir experiencias y fortalecer una red que, según sus integrantes, ha permitido transformar vidas durante más de siete décadas.